• Jimmi Peralta
  • Fotos: Gentileza

A quince años de la primera categorización de investigadores del país, Paraguay cuenta con más de 700 científicos reconocidos en distintas áreas del conocimiento. Aunque el desarrollo de la investigación todavía enfrenta desafíos de financiamiento, infraestructura y formación, una nueva generación de profesionales comienza a consolidar capacidades propias y a generar conocimientos vinculados con las necesidades del país.

Hoy 8 de noviembre se celebra del Día del Investigador Paraguayo, establecido en 2011 en conmemoración de la aprobación de la primera promoción de investigadores categorizados en el PRONII (Programa Nacional de Incentivo a los Investigadores) por parte del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) un año antes.

Quince años después, existen 730 investigadores paraguayos categorizados, la mayoría de ellos activos en diversas áreas de la ciencia, lo que sin dudas representa un avance significativo. Aunque los pasos no fueron a un ritmo constante, ya se dio un salto alentador y transformador en la historia de la academia local.

Paraguay está en muchos aspectos técnicos atrás respecto a los países de la región, algo que grandes inversiones pueden acortar muchas veces, pero fundamentalmente el paso del tiempo será central para la especialización en saberes y prácticas que requieren años para que el recurso humano nacional logre niveles internacionales y de características propias.

El modelo de universidad, que en la práctica se restringió a ser un centro de formación profesional con repetición de conocimientos externos y en muchos casos anacrónicos, confronta hoy con una nueva generación de investigadores, que aportan con sus publicaciones en revistas indexadas las raíces firmes para el desarrollo de la ciencia en país.

EL SISTEMA DE INVESTIGADORES

El Sistema Nacional de Investigadores (SISNI), sucesor del PRONII, establecido mediante la Ley n.º 7064/2023, tiene como objetivo fortalecer, consolidar y expandir la comunidad científica del Paraguay mediante el reconocimiento y la categorización de investigadores a través de evaluaciones periódicas. El sistema valora la trayectoria, producción científica, desempeño en investigación y contribución a la formación de nuevos investigadores.

Este desarrollo de la investigación actualmente se da a través de organismos del Estado que otorgan el financiamiento. PROCIENCIA I sentó las bases históricas, aprobado en 2014 por el Consejo de Administración del Fondo para la Excelencia de la Educación y la Investigación (FEEI) y se ejecutó a través del Conacyt.

Actualmente está vigente PROCIENCIA II, la segunda fase del Programa Paraguayo para el Desarrollo de la Ciencia y Tecnología, que tiene como objetivo general fortalecer las capacidades nacionales para la investigación científica y el desarrollo tecnológico (I+D) con el fin de impulsar la productividad, la competitividad económica y la mejora de la calidad de vida en el país.

Los jóvenes investigadores paraguayos con proyectos activos Jorge Daniel Jara, Ivana Preciosa Fernández y Natalia Paniagua hablaron con La Nación/Nación Media sobre su experiencia vinculada a la ciencia, su mirada del escenario académico y sus trabajos actuales.

“LA INVESTIGACIÓN NECESITA CONDICIONES SOSTENIDAS PARA CRECER”

“Creo que es fundamental acercar la ciencia a los jóvenes de manera práctica y cotidiana. Las ferias científicas, las visitas a laboratorios, los talleres y las charlas con investigadores pueden mostrarles que la ciencia no es algo lejano: también se hace aquí y puede responder a problemas de nuestra sociedad”, comenta la investigadora Ivana Preciosa Fernández Jara, biotecnóloga y máster en Ciencias Biomédicas, quien participa del proyecto denominado Biotecnología va al Cole, que se propone llevar ciencia a escuelas del interior del país.

En el marco de su doctorado en Biotecnología aplicada a la salud en la Universitat Politècnica de València, Fernández realiza un estudio que durará cuatro años con actividades y colaboración entre España y Paraguay.

“Mi proyecto se centra en buscar nuevas posibilidades de tratamiento para el cáncer de pulmón. El objetivo es aportar conocimiento que, a largo plazo, pueda contribuir al desarrollo de tratamientos, no ofrecer una solución inmediata”, explica.

Su interés por la investigación nació cuando se incorporó a las actividades de iniciación científica en el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud - UNA. “La investigación necesita condiciones sostenidas para crecer. Entre los desafíos están contar con financiamiento continuo, equipamiento e insumos, tiempo destinado a investigar y más oportunidades de formación y desarrollo profesional para quienes eligen la carrera científica. En áreas experimentales como la biotecnología, estos recursos son especialmente importantes”, agregó.

“ME INTERESABA ESTUDIAR LOS COMPUESTOS QUÍMICOS DEL CANNABIS”

“El cannabis es una línea de investigación con la que vengo trabajando desde la maestría y continúo ahora en el marco del doctorado. Con los cambios normativos a nivel mundial, existe un boom de investigaciones en diversas áreas. Veo que hay un aumento de publicaciones, proyectos, grupos de investigación y sociedades respecto al tema, buscando abarcar varios tópicos, desde la parte productiva y de calidad hasta su potencial médico y terapéutico en diversas fases”, explica Jorge Daniel Jara, joven investigador paraguayo formado en biotecnología y química.

Actualmente forma parte del proyecto liderado por la Dra. Andrea Arrúa, que se denomina ‘Creación de un sistema nacional integrado para la detección y monitoreo de micotoxinas en alimentos y forrajes’, mejor conocido como Myconect, cuyo objetivo principal se centra en desarrollar capacidades científicas, de bioseguridad y de innovación para detectar y monitorear micotoxinas y hongos toxicogénicos en productos agrícolas y ganaderos.

Esta iniciativa facilitará a estudiantes de diferentes niveles la posibilidad de formarse en distintos ámbitos, tanto en cursos de posgrado, especializaciones, actividades de laboratorio, ya sea a nivel nacional e internacional.

Jara, al analizar el ámbito de relación entre lo productivo y la producción de conocimientos, observa que Paraguay, siendo un país de gran dependencia en la agricultura y la ganadería, realiza inversiones en investigación que pueden no ser suficientes en ese rubro. Lo mismo estaría ocurriendo con las investigaciones sobre el cannabis.

“En ambos casos, debido a la escasez de fondos nacionales para investigación, el investigador puede buscar fondos privados, donde priman los intereses de los inversores más que la generación del conocimiento libre de conflictos de interés”, comentó.

“ES FUNDAMENTAL FORTALECER LA FORMACIÓN DE RECURSOS HUMANOS PARA LA INVESTIGACIÓN”

La ingeniera ambiental Natalia Paniagua investiga sobre la optimización de la producción semiindustrial del hongo Trichoderma spp. “Mi acercamiento a la investigación comenzó hace algunos años, cuando todavía era estudiante universitaria. En ese momento, tuve la oportunidad de ingresar a un equipo de investigación de calidad de agua con la doctora Mónica Albrech”, comenta Paniagua, que actualmente viene desarrollando un proyecto sobre cepas nativas de trichoderma para desarrollar un bioinsumo.

“El objetivo principal de nuestro proyecto es la optimización de la producción semiindustrial del hongo trichoderma spp. para la aplicación en fincas de pequeños y medianos productores del departamento de Itapúa”, comentó. Este proyecto surgió de la necesidad de ofrecer alternativas más sostenibles al uso de productos químicos en la agricultura, especialmente para aquellos pequeños y medianos productores hortícolas.

“Nosotros, como equipo de trabajo, consideramos que es fundamental fortalecer la formación de recursos humanos para la investigación. Es por ello que siempre hacemos hincapié en lo que es la contribución a la formación de nuevos investigadores para que podamos ser capaces de transferir todos estos conocimientos que estamos generando en la academia y que estos se vuelvan resultados para el sector productivo”, explicó la profesional.

La investigadora considera que una de las oportunidades más importantes en la actualidad es la posibilidad de acceder a los programas de financiamiento impulsados por el Conacyt, que permiten el desarrollo de proyectos de investigación.

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