• Jimmi Peralta
  • Fotos: Gentileza / Archivo

Hoy se recuerda el Día del Poeta Paraguayo en homenaje a Natalicio Talavera, considerado el primer poeta paraguayo de la era independiente. La académica Fides Gauto y el poeta Moncho Azuaga aportan datos sobre el escritor fallecido en el contexto de la guerra contra la Triple Alianza y comparten su mirada respecto a un oficio que sigue enfrentando no pocos desafíos en el contexto cultural paraguayo.

El 11 de octubre 1867, el poeta y periodista villarriqueño Natalicio Talavera falleció como consecuencia de una epidemia de cólera que afectó los campamentos paraguayos durante la guerra contra la Triple Alianza. Tenía apenas 28 años y sería reconocido como el primer poeta del Paraguay independiente. En su homenaje, el Ministerio de Educación estableció en 1971 que en la fecha de su muerte sea celebrado el Día del Poeta Paraguayo.

“Él (Talavera) se formó durante el gobierno de Carlos Antonio López, en un momento de apertura educativa y cultural posterior al gobierno del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia. Era un joven con talento y proyectos, cuya trayectoria quedó interrumpida por la guerra y por su muerte”, comenta Fides Gauto, docente, investigadora, poeta y crítica literaria paraguaya.

Fides Gauto, docente, investigadora, poeta y crítica literaria

Con Juan Crisóstomo Centurión y otros jóvenes, dirigió La Aurora (1860), considerada la primera revista cultural de la prensa gráfica del Paraguay. En sus 40 páginas contenía artículos sobre arte, literatura y conocimiento en general.

“Nuestro prócer cultural cultivó el periodismo, la historia, el teatro, el cuento y la poesía en sus dos lenguas, el guaraní y el castellano, con interesante y llamativa grafía. Exponente del romanticismo épico, sus versos exaltan el amor a la patria. Su humor es notable, de agudo estilo sus sátiras”, señala el abogado, dramaturgo y poeta contemporáneo Moncho Azuaga.

SITUACIÓN EXTREMA

“Me interesa especialmente la relación entre su escritura y las circunstancias que le tocó vivir. Ejerció el periodismo desde el frente y participó en la creación de Cabichuí, junto con Juan Crisóstomo Centurión. Su palabra buscaba informar y sostener el ánimo de los combatientes en una situación extrema”, explica Gauto.

Natalicio fue soldado paraguayo en la contienda de la Triple Alianza y al mismo tiempo fue corresponsal de guerra en el campamento de Paso Pucú, Ñeembucú. Formó parte del periódico paraguayo de trinchera Cabichuí y desde ese lugar escribía poemas y crónicas inspirados por el fervor patriótico.

“La lectura colectiva, en voz alta, en las trincheras, campamentos y fogones, las sátiras y proclamas, grabados, ilustraciones jocosas y fantásticas animaban a los soldados en sus vivas, acantonamientos y cuarteles. Talavera, soldado y poeta, es el símbolo del intelectual comprometido con su pueblo, profundo conocedor del ñande reko, expresó su especial talento en prosa y versos y en nuestra lengua principal, el guaraní, para fortalecer la moral del pueblo en armas”, explica Azuaga.

Moncho Azuaga, dramaturgo y poeta contemporáneo

Talavera también representa, desde su valoración posterior, el inicio de un hilo conductor que narra el compromiso patriótico del artista. En la siguiente guerra de la historia paraguaya, contra Bolivia (1932-1935), otros artistas repetirán su labor en las trincheras, entre los que puede citarse a Félix Fernández, Emiliano R. Fernández, Manuel Ortiz Guerrero, Darío Gómez Serrato, Carlos Miguel Giménez, Federico Abente y otros.

“Hoy la figura de Talavera nos permite volver sobre esos comienzos y preguntarnos cuánto conocemos de nuestros escritores. A veces sus nombres nos resultan familiares porque designan una calle o un pueblo, pero desconocemos sus obras. Recuperarlos significa dar contenido a esa memoria”, sentencia la investigadora.

PRODUCCIÓN LITERARIA

Talavera publicó ensayos, artículos, cuentos y novelas. Su obra poética incluye el “Himno patrio”, un poema épico, y “Reflexiones de un combatiente en la víspera del combate”, reflejando el espíritu patriótico y guaraní de su tiempo.

“Yo destacaría sus crónicas de guerra y, entre los poemas tradicionalmente atribuidos a él, ‘Reflexiones de un centinela en la víspera del combate’. En este último, el personaje se encuentra ante la posibilidad de morir: aparecen el temor, la esperanza y el conflicto entre sus deseos personales y el deber de combatir. Tiene una elaboración casi dramática, que acerca al lector a la experiencia del centinela. Su escritura se vincula con el romanticismo, pero conviene leerla desde las condiciones históricas del Paraguay, sin aplicar mecánicamente la cronología europea. Su aporte merece estudiarse tanto desde la poesía como desde el periodismo. Es significativo que escribiera sobre la guerra mientras la estaba viviendo”, refiere Gauto.

IDENTIDAD

La identidad de un pueblo muchas veces es reconocida por la palabra que la funda. En la parcela de la creación poética, si tocara pensar en una identidad cabría interrogarse sobre ¿cómo es el poeta paraguayo?, ¿que tienen en común los poetas y las poetisas paraguayas?, ¿cuál es la identidad de la poesía paraguaya?

Según explica Azuaga, existen clasificaciones de pertenencia por eras, por estilos, por grupos o propuestas estéticas. Por ello, señala que la poesía paraguaya se dice de muchas formas: experimental, de ruptura, con innovaciones lingüísticas, de incorporación del habla popular, de mixturas transgresoras, fusión de lenguas de fronteras, propuestas posmodernas y de hipertextualización poética, étnica, generacional, migrantes, digital y más.

“Tenemos textos plurales, disímiles, de insólitas formas, temáticas y texturas. Lo importante es leerlos, abordarlos con placer, sentido crítico y promover su lectura, pues la poesía es portadora de memorias, nuevos horizontes, palabras y ritmos vitales, luz anunciadora de esperanza para transformar un mundo violento cada vez más inhumano”, señala Moncho.

DON Y OFICIO

Según sostiene, para la cultura paraguaya ser poeta no es considerado un oficio o profesión. A pesar de la diversidad en su creación, se entiende que esa acción no necesita una contrapartida pecuniaria. Más bien es un don y se lo pide como favor. Esta caracterización que describe la vida material del poeta paraguayo es algo que retroalimenta su veta creativa.

“El ñe’êpapára, el ñe’êkuaa, el poeta oral, el orador, el ñembo’e’ýva, el que sabe rezar, es apreciado por la comunidad y celebrado su don. Tiene el privilegio de la palabra que lo convierte en guía o líder, en persona necesaria para ciertos acontecimientos, pero eso no es considerado un oficio, un trabajo o profesión. Puede brindársele algún presente o comidas a quien lo posea, pero no un salario. Las artes son como un privilegio para nuestras comunidades, pero no se remunera. Se los invita y hasta se les impone que ofrende su arte, pero no se reconoce como trabajo”, refiere el poeta.

“De allí que la sociedad no lo estima, pues su arte no reditúa ganancia, es un bohemio, su talento no recibe estipendio alguno. Esta concepción sobre el arte y el artista se mantiene hasta ahora en el inconsciente colectivo y en el ‘aprovechamiento’ consciente, exigiendo el amigo o cualquier persona que el escritor le regale su libro. El libro no se vende, se obsequia. El talento poético no es mercadería, es ofrenda”, agrega.

Talavera ejerció el periodismo desde el frente y participó en la creación de Cabichuí junto con Juan Crisóstomo Centurión

LECTURA Y ROL DEL ESTADO

“Considero fundamental dar a la literatura paraguaya una presencia sostenida en las escuelas, los colegios y las universidades. Necesitamos conocer las obras, leerlas, estudiarlas y hacerlas circular. La formación de lectores requiere continuidad. La poesía puede contribuir a ese proceso porque invita a interpretar, relacionar y explorar distintas posibilidades del lenguaje. Comprender un poema exige práctica y acompañamiento; esa dificultad merece atención pedagógica”, señala Gauto.

En ese marco, en el país está vigente la Ley n.° 7140/2023 “De fomento de la lectura y del libro”, la cual fue reglamentada por el Decreto n.º 1596/2024, que plantea tanto la divulgación, accesibilidad y fomento de publicaciones.

“El rol del Estado a la hora de promocionar debe ser protagónico y fundamental, tanto en el nivel local como en el exterior. Su apoyo es vital y necesario para facilitar el acceso a los mismos de parte de la población de escasos y medianos recursos de nuestro país”, refiere Azuaga, quien destaca además que el Premio Nacional de Literatura contemple premios en lengua castellana, lengua guaraní y a la creación literaria joven.

La creación artística en el contexto de carencia material difícilmente puede desarrollarse de manera sostenible y, en el caso de extenderse en el tiempo, tendería a un espacio marginal del eje de producción del autor.

“No solo es un reconocimiento de igualdad, respeto y consideración a las lenguas oficiales y una atención especial a la juventud, sino que promueve la labor literaria. En consecuencia, la producción poética y estimula el interés del público al distinguirse y valorarse a nivel nacional la actividad poética”, concluyó.

REFLEXIONES DE UN CENTINELA EN LA VÍSPERA DEL COMBATE

¡La muerte, idea del horror! ¿Y la esperanza

que en este ardiente corazón se agita?

¿Y mi noble ambición caerá marchita

al rudo golpe de enemiga lanza?

¿Y por qué he de morir? ¿La muerte acaso

a todos hiere con sus negras alas?

Entre la nube de encendidas balas

¿No podrá mi valor abrirse paso?

¡Al combate, al combate! ¡No más calma!

Emoción del peligro, yo te ansío;

que al fuego del valor, templada el alma

recobre altivo su indomable brío.

¿Quién no hará entonces de valor alarde?

Quien, sordo al eco del marcial estruendo,

en más la vida que el honor teniendo;

huirá al peligro, el corazón cobarde?

¡Nadie!, que todos buscarán la gloria

y al centro de las huestes enemigas

iremos a clavar en sus lorigas

los pendones que anuncien la victoria.

¡Y qué dulce será para el soldado,

aun coronado de fatiga y gozo,

a su patria anunciar con alborozo

nueva felix del triunfo conquistado!

¿Qué hermosa, entonces, de su noble pecho

rechazará el amor y sus caricias?

Cuando la gloria brinda con su lecho

¿Podrá el amor negarnos sus delicias?

Entonces, a los bélicos redobles

sucederán cariños hechiceros:

la gloria y el amor son compañeros

y por amor y gloria somos nobles.

Calló el guerrero: el alma enardecida

Fingió sueños de gloria y de fortuna…

Y en su lecho de nubes, adormida,

Blanca en el cielo apareció la luna.

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