El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) se encuentra ejecutando actualmente obras de revitalización de un emblemático sitio de memoria para las víctimas de desaparición forzada, ejecuciones y otras violaciones de derechos humanos cometidas durante la dictadura de Stroessner. Con gran potencial paisajístico y una ubicación estratégica, se busca que el espacio sea más accesible, inclusivo y sostenible para volver a constituirse en un verdadero lugar de encuentro.
- Por Jimmi Peralta
- Fotos: Archivo / Gentileza
La Ordenanza Municipal n.º 06/1993 de la Municipalidad de Asunción designó al espacio ubicado sobre Paraguayo Independiente, entre Montevideo y Ayolas, como plaza de los Desaparecidos, dándole significación política a un sector de la ciudad que no tenía normalmente acceso al público por las medidas de seguridad desplegadas en torno al Palacio de Gobierno.
Actualmente, en el marco del Proyecto de Resiliencia Urbana, se viene trabajando en la puesta en valor del espacio, que cuenta con una ubicación destacada, un mirador privilegiado a la bahía y obras de gran contenido simbólico para la historia paraguaya.
La directora de Obras del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), la arquitecta Verónica Martínez, conversó con El Gran Domingo de La Nación sobre los trabajos, los objetivos, el presupuesto de los trabajos y el valor intangible que encierra este espacio público muy vinculado a la memoria de nuestra historia reciente.
–¿En el marco de qué proyecto se desarrollan estos trabajos?
–La intervención en la plaza de los Desaparecidos forma parte del proyecto de Resiliencia Urbana en su subproyecto Centro Histórico de Asunción, fase 1. Es un programa que lleva adelante el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones con financiamiento del Banco Mundial. La plaza no es un caso aislado: se suma a un conjunto de intervenciones en el centro, como la plaza Uruguaya, la calle Paraguayo Independiente, las plazas del Cabildo y la estación del ferrocarril. En este caso, la obra la ejecuta el Consorcio Palma.
–¿Qué objetivos se traza el ministerio con estas obras de puesta en valor?
–La idea es devolverle a la gente una plaza más accesible, más inclusiva y más sostenible, que vuelva a ser un verdadero lugar de encuentro. Pero siempre cuidando lo que la plaza es y lo que representa. Como dijo la ministra, recuperar el centro histórico no significa borrar el pasado. Queremos realzar su valor patrimonial y cívico, y que siga siendo, ante todo, un espacio de memoria.
MEDIDAS DE PROTECCIÓN
–¿Qué partes tienen valor histórico y requieren restauración o cuidado?
–Todos los monumentos y placas conmemorativas que hoy están en la plaza se quedan en su ubicación original y cuentan con medidas de protección durante toda la obra. Hablamos, por ejemplo, de la obra de Carlos Colombino, “Entierro de un (otro) monumento”. Colombino la hizo con los fragmentos de la estatua de Alfredo Stroessner que estaba en el cerro Lambaré y que fue derribada en 1991. También está el monumento a Agustín Goiburú, Carlos Mancuello y los hermanos Rodolfo y Benjamín Ramírez Villalba. Ese monumento se inauguró en 2018 en cumplimiento de una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Además, estamos haciendo una restauración integral del mobiliario urbano.
–¿Qué otros aspectos van a cambiar o modernizarse?
–Vamos a renovar por completo los pavimentos y a actualizar todo el sistema de iluminación y las instalaciones eléctricas. También sumamos una nueva propuesta paisajística, bebederos y basureros. La plaza va a tener áreas de estancia, un anfiteatro y espacios para exposiciones para que la gente pueda quedarse, encontrarse y también aprender. Y hay algo que nos emociona especialmente: se va a incorporar un nuevo monumento de la Memoria. Es un monolito de mampostería armada con los nombres grabados de más de 450 víctimas de desaparición forzada.
–¿De qué manera se diseñaron y aprobaron las intervenciones?
–Antes de empezar hubo un proceso de socialización en el que participaron instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil y vecinos de la zona. Todos analizaron las propuestas, y a partir de sus observaciones y sugerencias se hicieron ajustes al proyecto. El nuevo monumento, por ejemplo, surgió de talleres participativos con la comunidad y con organizaciones de derechos humanos. Trabajamos de la mano con familiares de las víctimas y con la Secretaría Nacional de Cultura justamente para mantener el espíritu de la plaza. Además,la obra cumple especificaciones ambientales, sociales, de salud y seguridad, y va a contar con un fiscal social que acompañe ese seguimiento.
–¿Cuál es el presupuesto que será invertido en esta revitalización?
–La plaza forma parte de un contrato más amplio, la licitación MOPC 92/2025, que también incluye la plaza Mayor y la plaza del Cabildo. El monto total adjudicado para ese conjunto es de 71.484.344.075 guaraníes.
–¿Cuál es el plazo de ejecución del proyecto?
–La licitación se lanzó en octubre de 2025. Después vino la etapa de socialización con la comunidad, y las obras arrancaron a mediados de setiembre de este año. Si todo sigue según lo previsto, la idea es entregar la plaza renovada a la ciudadanía a finales de noviembre.
UN LUGAR ESPECIAL
–Si bien no es una plaza antigua, ¿qué relevancia y potencialidad tiene hoy este sitio como patrimonio de la ciudad?
–Honestamente es un lugar muy especial. Es un sitio de memoria para las víctimas de desaparición forzada, ejecuciones y otras violaciones de derechos humanos cometidas durante la dictadura de Stroessner. Desde su creación ha sido escenario de actos conmemorativos, vigilias y encuentros. En abril, por ejemplo, se recordaron allí los 50 años de la Pascua Dolorosa. Además, tiene una ubicación privilegiada: está al lado del Palacio de López, con vista a la bahía y sobre el eje cívico de Paraguayo Independiente. Su potencial es enorme. Con el anfiteatro y los espacios de exposición puede ser un lugar vivo, pedagógico, cultural, y también un punto clave del recorrido histórico y turístico del centro.
–¿Qué episodios históricos se asocian a ella?
–La plaza nació del deseo de crear un hito para recordar a los hombres y mujeres desaparecidos durante la dictadura que nunca tuvieron una sepultura reconocida. En ella se condensan varios momentos importantes. Uno es la historia de la estatua de Stroessner, derribada en 1991 y transformada por Colombino en un símbolo contra el autoritarismo. Otro es el acto del 24 de mayo de 2018, cuando el Estado paraguayo realizó un acto público de reconocimiento y desagravio e inauguró el monumento a las víctimas del caso Goiburú. Y año tras año la ciudadanía vuelve a ella para recordar y reafirmar el “nunca más”.
UN CONTRAMONUMENTO
“Entierro de un (otro) monumento” es el nombre de la emblemática escultura diseñada por el reconocido artista plástico, arquitecto y escritor Carlos Colombino que se encuentra ubicada en la plaza de los Desaparecidos. La misma fue inaugurada a mediados de la década del noventa.
Este trabajo utiliza como materia prima la figura de bronce del dictador Alfredo Stroessner que se encontraba en la cima del cerro Lambaré. Aquella obra original, inaugurada en abril de 1982 con el nombre de “Monumento a la paz victoriosa”, fue diseñada por el artista español Juan de Ávalos, conocido por haber realizado trabajos para el dictador Francisco Franco, además de otros presidentes de la época.
El espacio habría sido planificado para un posible mausoleo del dictador y allí se erigían también las figuras de Francisco Solano López, Carlos Antonio López, José Gaspar Rodríguez de Francia y Bernardino Caballero.
El 7 de octubre de 1991, la estatua de Stroessner fue derribada y Colombino realizó una obra que entierra la otra, proponiendo la resignificación de aquel pedazo de la historia reciente que, si bien se está hundiendo, no termina de desaparecer.
La obra presenta partes del rostro del dictador siendo aplastado por un gigantesco bloque de hormigón armado.