• Fotos: Néstor Soto

En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos recibe a la wellness coach Jazmín Escobar, quien comparte su testimonio de lucha y victoria contra las drogas y la obesidad. Una situación traumática de la adolescencia, suposiciones y la falta de diálogo sobre lo ocurrido llevaron a la joven a una espiral de autodestrucción, que tiempo después pudo superar cuando afrontó la situación de manera franca para poder sanar su interior.

–Jaz, cuando se está en el pozo, ¿se es conciente que se está en el pozo?

–No quiero hablar en general, yo te voy a hablar siempre desde mi experiencia. Yo fui muy conciente de dónde estaba, cuándo empecé, por qué empecé y todo lo que venía detrás. La verdad que sí, uno es conciente. O sea, al menos yo fui conciente.

–Algunos le atribuyen toda esta historia a fenómenos que se dan en la vida de uno. ¿Cómo fue tu niñez?

–Mi niñez fue espectacular, mis padres siempre estuvieron presentes. Estuve en un colegio muy lindo, muy bueno, nunca tuve diferencias, soy hija única. La verdad que mi niñez fue espectacular y maravillosa.

–Hay mucha gente que atribuye a factores que se dieron en la edad temprana. En tu caso definitivamente no.

–Y la gente busca culpables siempre. Uno busca culpables. Entonces, claro, habrá casos en que sí influye, pero yo siempre me hice responsable de mis actos.

EXPERIMENTACIÓN

–¿En qué momento te encontraste con las drogas particularmente?

–Y específicamente a los 13 años. Empecé con la marihuana. Yo había pasado una niñez muy buena. Después, en ese lapso pasaron cosas en mi familia, mi mamá se tuvo que ir a vivir a Buenos Aires. Entonces, yo me quedé con mi papá, ¿verdad? Y pasó algo en específico que después me di cuenta de que ese fue el detonante para que yo entre en ese mundo.

–¿Eso te llevó a profundizar el consumo?

–Yo me autoengañaba diciendo que la marihuana era natural, siempre yo era prolegalización. Y nada, una cosa lleva a la otra. En mi caso empecé a probar pastillas y después a los 17 años eso también fue algo que me marcó mucho. Ahí fue la primera vez que yo probé la cocaína y dije “guau, acá es”. Y ahí me descontrolé totalmente a los 17 años con la cocaína.

–¿Cuántos años tenés?

–Tengo 33.

–¿Cuándo empezaste a percibir el problema de la obesidad al mismo tiempo?

–Yo dejé las sustancias cuando tenía 26 y la obesidad vino cuando mi mamá falleció. Cuando mi mamá falleció, como las drogas siempre fueron mi escape, yo ya no quería entrar en eso. Entonces, la comida. Yo le llamo drogas legales a la harina, al azúcar y todo eso. Para mí fue una de las cosas que más me marcó. Yo no quería más volver a las drogas y me tuve que alejar de todo, cerré mis redes sociales, dejé de hablar con personas. O sea, hice un trabajo de limpieza total, cuerpo, mente y espíritu, pero me metí en la comida.

SALIDA INTERIOR

–¿En algún momento pensaste que no valía la pena seguir?

–Y la verdad que no, porque yo sabía que había algo más para mí, era encontrarme. Yo sé que hay una salida para todo. Es más, yo buscaba iglesias, buscaba el deporte, buscaba libros y yo buscaba afuera lo que yo ya tenía adentro, que era encontrarme a mí, era sanar conmigo, sanar con mi familia, sanar mi interior para realmente estar limpia. Y después entendí que no puedo buscar algo externo.

–Aquello de un día por vez supongo que es una regla esencial, ¿verdad?

–Mi PHN por siempre. Yo siempre estaba en búsqueda de la salvación externa, ¿verdad? Entré a una comunidad que se llama Canción Nueva, donde su lema es PHN (por hoy no). Eso me ayudó en todo, por hoy no voy a tomar, por hoy no voy a hablar mal, por hoy no voy a drogarme. Hasta hoy día vivo el PHN todos los días y agradezco porque cada experiencia que viví me sirvió para algo y eso me sirvió bastante hasta hoy día.

ASUMIR LA RESPONSABILIDAD

–¿Cuáles fueron, desde tu punto de vista, las principales batallas que ganaste para triunfar en esta guerra con las drogas?

–Hacerme responsable, eso es lo primero, dejar el victimismo. Yo veo mucho que la gente quiere culparle a lo externo, a lo político, a su familia. Entonces, es hacerte responsable. Mi mayor batalla fue hacerme responsable, darme cuenta de eso. Yo no le puedo culpar a mi papá por ese caso. Quiero contarte un poquito esa parte. Hace unos meses yo estaba trabajando con un mentor que me ayudó muchísimo a trabajar la mentalidad y la espiritualidad. Y me dijo ¿vos le llegaste a preguntar a tu papá si él hizo algo? Y yo después de 21 años le pregunté a mi papá. Me dijo que él se fue a lo de un tío a comentarle lo que pasó y se fueron a buscarle al señor y el señor, como ya sabía que hizo algo, ya no estaba en su casa. El señor se rajó. Esa es la importancia de la comunicación con los padres. No hay que suponer nunca nada.

–Cuántos traumas superaríamos en nuestras vidas haciendo una pregunta oportuna en un momento específico, ¿no?

–Yo le hice una carta de agradecimiento a papá solamente agradeciéndole por todo. Agarré mi cuaderno “gracias papá por cuidarme, por mimarme, por cambiarme el pañal”. O sea, cada cosa que él hizo y que no hizo, me hizo ser la persona que yo soy. A mí me hinchan porque yo no sé cocinar y le dije “gracias, papi, por no obligarme a aprender a cocinar y hacerme entender sobre los negocios, ganarme mi plata”. Él es repartidor de leche y cuando era chica los sábados llegaba, yo emocionada porque yo ya me iba en el reparto con él. Le agradecí por todo y yo creo que él sanó también esa parte conmigo, porque él siempre pensó que yo estaba enojada con él y a partir de esa carta vino una oleada de abundancia y bendiciones hacia nosotros. Nosotros sabemos qué pasó en la guerra del Chaco, pero no sabemos cómo nuestro papá vivió, cómo pasó con nuestros abuelos, no sabemos nada de ellos. Entonces, nuestros padres hacen lo que pueden con lo que tienen.

Etiquetas: #salida#drogas

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