- Emiliano Cáceres
- Fotos: Gentileza
El pasado 11 de setiembre se cumplieron 25 años de los atentados terroristas más mortíferos en la historia de los Estados Unidos. Cuatro aviones comerciales fueron secuestrados por miembros de Al Qaeda y utilizados como proyectiles. Aquel día, más de 2.700 personas perdieron la vida, entre ellas dos paraguayos. A continuación, repasamos parte de lo que ocurrió en aquella trágica jornada de setiembre y sus consecuencias.
Los dos primeros vuelos fueron estrellados contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York, el tercero fue estrellado contra el edificio del Pentágono y el cuarto se estrelló en Pensilvania.
Los terroristas tenían cuatro objetivos específicos aquel 11 de setiembre. Los dos primeros eran dos de los edificios más emblemáticos de Manhattan, el corazón financiero de Estados Unidos. El tercer objetivo era El Pentágono, sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, ubicado en el Condado de Arlington, Virginia, cerca de Washington DC.
En cuanto al cuarto y último objetivo, algunas investigaciones señalan que era el Capitolio de los Estados Unidos, sede del Congreso del país norteamericano, donde funcionan la Cámara de Senadores y la Cámara de Representantes. Pero otros señalan que en realidad era la Casa Blanca. Sin embargo, el cuarto vuelo secuestrado nunca llegó a su objetivo.
ANTECEDENTES Y MOTIVACIONES
El 11-S no fue el primer atentado terrorista sufrido por las Torres Gemelas del WTC. El 26 de febrero de 1993 se produjo un primer atentado que demostró que aquel complejo ya era un objetivo para el terrorismo muchos años antes e incluso muchos consideran que sirvió como un “ensayo general”.
Un coche bomba estalló en el estacionamiento subterráneo de la Torre Norte. Esto provocó un enorme cráter de varios pisos de profundidad en el subsuelo. Se utilizaron alrededor de 600 kg de nitrato de urea reforzado con gas hidrógeno. El saldo fue de 6 fallecidos (entre ellos una mujer embarazada) y más de 1.000 heridos.
El objetivo era derrumbar la Torre Norte sobre la Torre Sur. Sin embargo, la estructura estaba diseñada para soportar impactos en su base.
El cerebro detrás de este primer ataque fue Ramzi Youseft, un terrorista vinculado con Al Qaeda y sobrino de Khalid Sheikh Mohammed, quien años después, bajo las órdenes de Bin Laden, sería el principal arquitecto del 11-S.
Tras el fracaso de este plan, la organización terrorista no abandonó su objetivo. Como no pudieron derribar los edificios desde abajo, decidieron atacarlos por arriba, utilizando aviones comerciales como misiles.
Respecto a las motivaciones de Al Qaeda para llevar a cabo estos ataques, fueron detalladas en la “Carta a Estados Unidos” de 2002. Se detallan tres motivos básicos: El apoyo de EE. UU. a Israel. Para Al Qaeda, el respaldo político, económico y militar de Washington hacia Israel significaba opresión al pueblo palestino y una afrenta directa al mundo islámico. El segundo fue la presencia militar en tierras sagradas. Luego de la guerra del Golfo en 1991, EE. UU. sentó tropas y bases militares en Arabia Saudita, país que alberga las dos ciudades más sagradas del islam: La Meca y Medina. Para la organización terrorista, la presencia de soldados occidentales “infieles” en suelo sagrado era una profanación, una ocupación militar intolerable y un insulto a su soberanía. El tercer punto fueron las sanciones contra Irak. Durante la década de los 90, la ONU y el Gobierno de EE. UU. mantuvieron un embargo estricto y sanciones económicas contra el Gobierno iraquí. Al Qaeda explotó propagandísticamente el tremendo impacto humanitario de estas sanciones, acusando a la Casa Blanca de provocar la muerte por desnutrición y falta de medicamentos de cientos de miles de niños y civiles musulmanes.
LOS VUELOS SECUESTRADOS Y LOS ATAQUES
La Comisión del 11 de setiembre, con datos recolectados de cajas negras y grabadores de datos de vuelo, elaboró un informe teniendo en cuenta la hora local del este de EE. UU. (EDT). Fueron cuatro vuelos domésticos de las aerolíneas American Airlines y de United Airlines.
El vuelo 11 de American despegó del aeropuerto Logan de Boston con destino a Los Ángeles a las 7:59 AM (EDT). La aeronave era un Boeing 767-223ER. A bordo iban 2 pilotos, 9 auxiliares de vuelo y 81 pasajeros, incluyendo a los 5 secuestradores, totalizando 92 personas en el avión. Los terroristas iniciaron el ataque a las 8:14. Luego, a las 8:21, el transpondedor de la aeronave, un aparato que envía datos de vuelo a Control de Tráfico Aéreo (ATC), fue apagado de forma manual. A las 8:46:40 EDT, el 767 impactó entre los pisos 93 y 99 de la Torre Norte del WTC.
El segundo vuelo, el United 175, despegó del aeropuerto Logan a las 8:14. El avión era un Boeing 767-222. La tripulación estaba conformada por 2 pilotos y 7 auxiliares de vuelo. Llevaban un total de 56 pasajeros, incluyendo a los 5 terroristas, para un total 65 personas a bordo. Despegaron de la misma pista que el American 11 y también iban con destino a Los Ángeles. Los secuestradores irrumpieron en la cabina de pilotaje entre las 8:42 y las 8:46 (prácticamente al mismo tiempo que el primer impacto). Su transpondedor fue apagado aproximadamente a las 8:47. A las 9:03, la aeronave impactó contra la Torre Sur.
En cuanto al American 77, a las 8:20 despegó del Aeropuerto Internacional de Washington-Dulles con destino a Los Ángeles, operado por un Boeing 757-223. Llevaba a 64 personas a bordo: 2 pilotos, 4 auxiliares de vuelo y 58 pasajeros, incluyendo a los 5 secuestradores. Su última comunicación fue a las 8:51. Luego, hacia las 8:54, fue tomado por los terroristas. Su transpondedor fue apagado a las 8:56. A las 9:37, tras un giro de 330° para perder altura, la aeronave fue estrellada en la fachada oeste del Pentágono.
Finalmente, el United 93, que debía hacer la ruta Netwark-San Francisco y que era operado por un Boeing 757-222. Llevaba 2 pilotos, 5 auxiliares y 37 pasajeros, incluidos los 4 secuestradores, para un total de 44 personas a bordo. La aeronave despegó a las 8:42, con 42 minutos de retraso. Esto fue crucial para que, ya en el aire, los pasajeros se enteraran de los ataques en Nueva York. Alrededor de las 9:28, cuando sobrevolaban el estado de Ohio, los terroristas asaltaron la cabina. Los controladores aéreos alcanzaron a escuchar gritos de “¡Mayday!” y sonidos de lucha física. El transpondedor se apagó a las 9:41. En este vuelo hubo una revuelta de pasajeros y tripulantes de cabina. Intentaron derribar la puerta de la cabina de mando con el carrito de servicio. Ante este panorama, el secuestrador al mando terminó estrellando la aeronave de forma invertida (boca abajo) en un descampado en Shanksville, Pensilvania. Sobre cuál era el objetivo original de los terroristas al secuestrar este vuelo, la comisión investigadora afirma que el más probable era el Capitolio en Washington DC, sede del Congreso estadounidense. Sin embargo, algunas fuentes sugieren que el objetivo era la Casa Blanca, sede del Poder Ejecutivo y residencia oficial del presidente de los Estados Unidos.
EL CAOS Y EL DERRUMBE DE LAS TORRES
En todas las zonas de impacto se desató el caos. Canales de televisión de todo el mundo interrumpieron sus programaciones habituales y comenzaron a transmitir imágenes que pronto recorrieron el mundo. Todo el planeta quedó en shock ante lo que estaba ocurriendo: Estados Unidos sufriendo un ataque terrorista en su propio territorio.
Las sirenas, carros de bomberos, patrullas, ambulancias, vehículos militares, todo sistema de emergencia comenzaron a movilizarse. El país entero entró en alerta máxima. El entonces presidente estadounidense, George W. Bush, se encontraba en un aula de niños en la Escuela Primaria Emma E. Booker, en Sarasota, Florida. Tras el segundo impacto, su jefe de gabinete se le acercó y le dijo al oído una frase que quedó para la posteridad: “Un segundo avión chocó contra la otra torre. Estados Unidos está bajo ataque”.
El cielo norteamericano se cerró por completo y el mandatario fue evacuado con el Air Force One, un Boeing 747-200B modificado, con matrícula militar VC-25A. Despegaron en el aeropuerto de Sarasota-Bradenton a toda potencia. El avión presidencial actuó como bunker aéreo y fue escoltado por dos aviones de combate F16. Como el Pentágono ya había sido atacado, se temía que los próximos objetivos pudieran ser la Casa Blanca, el Capitolio o alguna otra importante sede gubernamental. Es por eso que el Servicio Secreto se negó rotundamente a llevar a Bush a Washington. El Air Force One ascendió a 45.000 pies de altitud para evadir los radares. Posteriormente realizaron dos paradas estratégicas en dos bases militares con búnkeres.
Mientras trasladaban al presidente, a las 9:58 EDT la Torre Sur colapsó y se derrumbó en Nueva York tras el impacto que provocó un incendio que duró aproximadamente 55 minutos. Poco después, a las 10:28, la Torre Norte corrió el mismo destino, una hora y cuarenta y dos minutos después del impacto. Las emblemáticas Torres Gemelas –que por décadas habían sido un símbolo del poderío económico de Estados Unidos, una postal obligatoria de Nueva York y el corazón financiero de la nación norteamericana– habían quedado reducidas a escombros y con ellas se fueron miles de vidas. De acuerdo a las cifras oficiales, la cantidad total de fallecidos en todos los ataques fue de 2.977.
En los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York se registraron 2.753 muertes, incluyendo a los ocupantes de las aeronaves que impactaron contra los edificios, y a 343 bomberos y 71 policías que dieron sus vidas en actos heroicos tratando de salvar a más personas.
En el Pentágono fallecieron 184 personas, entre los 64 ocupantes del vuelo más 120 trabajadores militares y civiles que trabajaban en la sede del Departamento de Defensa. Mientras que en el vuelo 93 de United, el único que no llegó a su objetivo y acabó estrellado en Pensilvania, murieron 44 personas, los 33 pasajeros, los 7 tripulantes y los 4 secuestradores.
De acuerdo a las cifras oficiales, la cantidad total de fallecidos en todos los ataques fue de 2.977. Si se cuentan a los 19 terroristas, el número asciende a 2.796.
CONSECUENCIAS GEOPOLÍTICAS
Estos acontecimientos tuvieron una fuerte repercusión política, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos. El presidente norteamericano de ese entonces, el republicano George W. Bush, apenas llevaba 8 meses en el cargo. Había asumido el 20 de enero de ese mismo año. Fue electo en unas reñidas elecciones a finales de 2000, donde compitió contra el candidato demócrata Al Gore, quien había sido el vicepresidente del Bill Clinton.
En ese momento, el mandatario tenía un margen de aprobación de 51 %. Pero, tras los atentados, ese margen se disparó al 90 %, el índice más alto jamás registrado por la encuestadora Gallup hasta ese momento. La ciudadanía se unió en torno a la figura presidencial ante la emergencia nacional.
En un intento por capitalizar ese apoyo, el presidente formuló la conocida como doctrina Bush: EE. UU. no haría distinciones entre grupos terroristas y los países que los albergaran. Esto dio lugar a la invasión a Afganistán en 2001 y a la controvertida invasión a Irak en 2003, bajo la premisa de que Saddam Hussein, presidente de Irak desde 1979, supuestamente poseía armas de destrucción masiva.
Sectores de la oposición estadounidense acusaron a Bush de querer “sacar provecho” del trauma colectivo dejado por el 11-S, instrumentando el dolor nacional para avanzar en una agenda de control petrolero e influencia militar en Medio Oriente.
Si bien los escombros ya fueron removidos y la humareda ya se ha disipado, un cuarto de siglo después la humareda geopolítica de los atentados del 11 de setiembre de 2001 aún no termina de irse. Los acontecimientos de ese día siguen generando un gran debate sobre lo que realmente ocurrió, cómo el país más poderoso del mundo pudo sufrir un ataque de esa magnitud en su propio territorio. A eso le sumamos las huellas que dejó en la industria de la aviación. El 11-S sigue generando polémicas 25 años después de lo ocurrido y ya quedará por siempre como un acontecimiento histórico que jamás será olvidado.
DOS PARAGUAYOS PERDIERON LA VIDA
El luto por las muertes del 11-S también alcanzó a nuestro país. Una familia de Asunción y otra familia de Misiones lloraron a dos de nuestros compatriotas.
Carlos Alberto Samaniego López, de 29 años, oriundo de Asunción, profesional del sector financiero e hincha fanático de Olimpia. Buscando consolidar su carrera profesional, se fue a vivir a Estados Unidos, donde llevaba unos pocos años residiendo. Samaniego López trabajaba en la firma de inversiones Cantor Fitzgerald, cuyas oficinas funcionaban del piso 101 al piso 105 de la Torre Norte.
El impacto ocurrió por debajo de dicha zona, dejando a todos los que se encontraban allí atrapados. Ningún empleado de esa firma que se hallaba en esas oficinas logró sobrevivir. El cuerpo de Carlos Alberto fue identificado semanas después mediante pruebas de ADN.
El otro compatriota fue Obdulio Amias Ruiz Díaz Shug, de 44 años, oriundo de San Ignacio, Misiones. Desde hacía más de una década residía en Nueva York con su esposa e hijos. Laboraba en el área de mantenimiento y servicios técnicos del World Trade Center. Se encontraba realizando sus labores rutinarias cuando se desató el infierno. Fue de las tantas personas que quedaron atrapadas bajos los escombros y no pudieron sobrevivir.

