- Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos: Mariana Díaz
A unos 90 kilómetros de Asunción, este emblemático salto del departamento de Cordillera ofrece frescura, paisaje y la oportunidad de desconectar de inmediato del ritmo urbano. Se puede acampar o pasar el día, tiene sanitarios en buen estado y parrillas. Elegido por vecinos y gente de los departamentos cercanos, su merecida fama atrae cada vez más visitantes.
Un taguató advierte con su grito agudo que ese pequeño arasaty rodeado de los mbokaja es su morada. Luego salta entre las ramas y se ubica a distancia prudente de los hombres, seres difíciles, lo sabemos. Custodia algo más que el nido se cree entender cuando se accede al salto, a su ofrenda de spray efervescente que multiplica el frescor del día.
Es difícil asociar este paisaje de bosque, montaña, arroyo y cascada con algo distinto al bienestar, la relajación, pero este tramo del arroyo Yhaguy Guasu fue también escenario de la Guerra Guasu cuando las tropas aliadas avanzaron sobre Piribebuy, que era en ese 1869 capital de la República.
El Yhaguy Guasu y el Yhaguymini convergen aguas abajo en un solo arroyo y en Caraguatay, sumando pequeños afluentes se transforman en el río Yhaguy, recordado por albergar los barcos de la Armada paraguaya hundidos en Vapor Cue, cerca de la desembocadura del curso de agua en el río Paraguay.
Se cuenta que los saltos de Piraretã, país de los peces, fueron nombrados así porque al no poder subir la pronunciada cascada del salto, estos se reúnen en las pocas profundidades que va cavando el arroyo aguas abajo, ofreciendo el alimento de la buena pesca.
Con playas apacibles, una gran cascada y manantiales de agua mineral, el lugar invita a explorar senderos, a apreciar el rumor que construyen juntos los saltos, el verde y la piedra.
Para llegar se toma un desvío de la ruta Piribebuy-Paraguarí en el que se recorren unos 15 kilómetros de tierra que están en buen estado. Se viaja entre campos de takuare’ê y la vista amable de la colonia Piraretã, con sus chacras y animales pastando plácidos.
En general los caminos están en buen estado, pero, como hay pocas señales, se recomienda una marcha intermedia para verificar los carteles que indican cómo llegar.
EMPRENDIENDO CON ESFUERZO
Mauricio Zárate administra el predio en el que se cobra 30.000 guaraníes por persona para pasar el día, 50.000 para acampar y se agregan otros 20.000 para instalar una parrilla. El lugar tiene estacionamiento libre.
“Estamos en proyecto de preparar la cantina y también tenemos ya 10 baños y duchas y ahora estamos con el proyecto de hacer llegar la electricidad, pero es algo complicado”, comenta. Cuenta que el arroyo Yhaguy Guasu hace el límite entre Valenzuela y Piribebuy, y que después de haber intentado por mucho tiempo acercar la conexión desde esta última ciudad, los “muchos inconvenientes” planteados lo animaron a intentarlo desde Valenzuela. “Ojalá podamos hacerlo pronto”, se esperanza.
Lógicamente, con ello la experiencia del campamento en el lugar mejoraría considerablemente a pesar de que, según reporta, “constantemente tenemos gente visitando, tratando de conocer el salto. Vamos a ir creciendo de a poco. Hay que mejorar un poco los accesos porque es zona de piedras, pero se puede acceder con vehículos familiares”, explica.
Apunta que insistirán con las mejoras cuando pase la temporada de lluvias, que tiene en octubre y noviembre su epicentro.
El predio tiene agua mineral surgente “en cuatro pozos que tienen casi 30 años, es una mina de agua realmente. A 20 metros del arroyo hay agua de muy buena calidad”, cuenta Mauricio. “Mi padre compró esto en los 90 y desde esa época estamos aquí. Estamos reabriendo, esperando que esto resulte nuevamente”, dice.
NO A LOS RUIDOS MOLESTOS
El encargado Leo Cuevas recuerda que “está prohibido ingresar botellas y poner la música muy fuerte porque aquí la gente viene a relajarse”, dice. Apunta que tienen guardavidas porque la gente “por más que ven que los carteles dicen no se meta aquí que es profundo, igual se van”.
La situación de seguridad en tiempos de calor es fundamental. Sobre todo respetar la señalética porque el agua toma velocidades importantes y existen pozos bastante profundos en el recorrido del arroyo. A la hora de tomar un baño, es importante hacerlo en los lugares habilitados y tranquilos.
Por otra parte, se hace un esfuerzo especial en mantener la limpieza del lugar, cuestión apreciable a poco de andar por los senderos.
Cuevas cuenta que también tienen a disposición un servicio de delivery . “En general la gente trae todo, pero si necesitan comprar algo, le enviamos a alguno de los muchachos en moto, son de confianza y se consiguen las provistas básicas aquí cerca”, comenta.
Para reservas y más informes se puede llamar al encargado al (0981) 383-411.
Mariano Maldonado trabaja en la edificación de más parrillas para el lugar. “Está viniendo la gente, así que la idea es que tengan dónde hacer su asadito y compartir, eso es lo lindo de este lugar”, dice.
Dice que en general en la zona se vive tranquilo y que los vecinos viven en general del takuare’ê (caña de azúcar). “Guapeando se puede ganar entre 100.000 y 140.000 guaraníes por día”. Eso sí, hay que cortar tres toneladas del vegetal porque se paga a 45 mil guaraníes la tonelada de caña pelada. Además de gran destreza con el machete, hay que tener predisposición al trabajo duro porque al final de la jornada se debe poder cargar los seis fardos de 1.500 kilos que lleva un camión. “¡Los empresarios lo que agarran todo!”, apunta entre risas.
La vida, sus esfuerzos también construyen paisaje.
MÁS PROMOCIÓN
Mauricio Zárate, administrador del predio que contiene a los saltos de Piraretã, cree que “hay que darle un poco más de destaque a la propia ciudad de Piribebuy para atraer más gente hacia estos lados”, señala.
Por ejemplo, todos los años “recordando la batalla de Piribebuy, que fue un 12 de agosto, se hace una escenificación que ya tiene una tradición importante. Se podría promocionar un poco más y ofrecerle a la gente los sitios turísticos cercanos para aprovechar, se me ocurre”, plantea.
“Es una cosa única en el país y sería un buen motor para toda la ciudad”, dice apuntando que este año se realizó el primer karu guasu de vorivori, una experiencia que fue del agrado de los visitantes.
“UN LUGAR PARA VOLVER SIEMPRE”
Porfirio Olmedo tiene 69 años y está desde 1970 en Argentina. Caacupeño de origen, para esa época su padre trabajaba en una aceitera de coco y, cuando la planta iba a cambiar locación, entendió que era más difícil hacer una mudanza interna en Paraguay que ir a Buenos Aires a probar suerte como le recomendaban sus hermanos.
Así fue que llegaron a Claypole siendo él un adolescente. Porfirio con el tiempo se dedicó a la pintura de edificios montando una pequeña empresa: “Contrataba gente para subirse a la silleta, para trepar a las alturas, porque es difícil esa tarea”, cuenta mientras acomoda las leñas con las que cocinará el asado para la familia.
Está con sus dos hijos, su nuera y su nieta. Los varones recreándose en el agua fresca del arroyo Yhaguy, disfrutando del hidromasaje natural de las caídas. Las chicas paseando a la vera, recogiendo piedras de colores y formas diversas.
Porfirio tiene recuerdos de niño de los saltos de Piraretã. “El bosque era más grande y había menos casas en los alrededores, pero en general el paisaje sigue siendo el mismo”, apunta. “Antes no había parrillas ni comodidades”, recuerda. “Está bueno que se hagan mejoras. El año pasado vinimos con toda la familia”, cuenta este padre de 4 mujeres y 3 varones.
“Estos apenas entienden el guaraní, eso que con mi señora hablamos en casa”, cuenta señalando a sus hijos, que ensayan un “mba’éichapa” a la hora de saludar. Casado hace 44 años con una argentina, Porfirio relata que en el tiempo le fue enseñando el idioma y que ella aprendió gustosa. Este año, uno de sus hijos le pidió que lo acompañara para recorrer el paisaje paraguayo y concluir con una visita a las cataratas del Iguazú.
Radicado en Pinamar, cuenta que la colectividad paraguaya es importante en las ciudades de la costa atlántica argentina. “Está lleno de paraguayos, bolivianos y peruanos”, relata.
Su hijo Jeremías, de 22, cuenta que pasaron por Ybycuí y La Colmena recorriendo los saltos de la zona. “Es espectacular, a mí me encanta este paisaje”, cuenta hablando de la belleza del salto Cristal.
Olmedo recuerda que paran en la casa de su hermana en Caacupé: “Ella vive también en Argentina e hizo esta casa para venir a descansar y ahora nos prestó para poder hacer esta recorrida”, cuenta.
“Uno extraña, este lugar es para volver siempre, yo me quiero venir a morir aquí”, concluye.