• David Velázquez Seiferheld
  • Fotos: Gentileza

Tres fechas fundamentales en la biografía de Serafina Dávalos trazan una suerte de calendario cívico en torno a su memoria: su nacimiento el 9 de setiembre de 1877 en Ajos (actual Coronel Oviedo), la defensa de su tesis doctoral el 17 de setiembre de 1907 y su fallecimiento el 27 de setiembre de 1957.

Serafina creció en el seno de la reconocida familia ajeña conformada por el comerciante Gaspar Dávalos y Teresa Alfonzo, junto a su hermano Alejandro –posteriormente un destacado médico– y su medio hermano Nicasio, quien con los años trabajaría como procurador en el estudio jurídico de su hermana.

Si bien al acercarnos a las fuentes nos topamos con un vacío documental respecto a su instrucción primaria, su trayectoria académica posterior es nítida y reveladora. Atravesada profundamente por el espíritu del normalismo, se formó en el curso de preceptoras dictado por Adela y Celsa Speratti entre 1894 y 1895.

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Como egresada de aquel grupo, firmó la solicitud para la creación de la Escuela Normal de Maestras, en marzo de 1896, institución de la que se graduó con la primera promoción en 1898.

Su paso a la enseñanza secundaria la llevó al Colegio Nacional de Segunda Enseñanza (hoy Colegio Nacional de la Capital), donde se graduó en 1901 y marcó un hito ineludible al año siguiente: fue la primera mujer en ejercer la cátedra de Ética y Moral en la historia de la institución, en 1902, y ese mismo año inició sus estudios en la Facultad de Derecho.

Para Dávalos, la educación era mucho más que una profesión; era un motivo existencial. “Queriendo hacer de mi parte todo lo que mis débiles fuerzas me permitan para mejorar la suerte de la sociedad y de mis hermanas, trabajo desde hace algún tiempo para fundar un Colegio Mercantil de niñas”, afirmaba en 1903, convencida de que “las ideas generosas y útiles fecundan con brío en los cerebros jóvenes, ilustrados según los principios de la moderna civilización”.

Esta visión pedagógica se materializó en 1904 al inaugurar dicha institución, la cual dirigió hasta su fusión en 1921 con la Escuela de Comercio Jorge López Moreira.

El año 1907 marcó el cenit de su carrera académica al graduarse como doctora en Derecho con su insoslayable tesis “Humanismo”, erigiéndose como la primera mujer paraguaya y latinoamericana en alcanzar dicho grado en esta rama del saber.

Su solvencia intelectual la llevó a integrar en 1908 el Consejo Nacional de Educación durante la presidencia de Albino Jara, compartiendo espacio con figuras como Eligio Ayala y Andrés Barbero (luego reemplazado por Andrés Gubetich). Desde este órgano se sentaron las bases analíticas y políticas para la que sería la Ley de Educación Primaria de 1909.

PROYECCIÓN INTERNACIONAL

Su proyección internacional no se hizo esperar. En 1910 asistió al I Congreso Femenino Internacional en Buenos Aires y, aunque problemas de salud limitaron su concurrencia a algunas sesiones, el respeto de sus pares le valió la vicepresidencia de la Comisión de Derecho y la responsabilidad del discurso de clausura. En 1916 representó al Paraguay como delegada oficial en el Primer Congreso Americano del Niño en Montevideo, germen del actual Instituto Interamericano del Niño, la Niña y el Adolescente.

A la par, asesoró al movimiento de mujeres en sus iniciativas por la igualdad civil y política, y hacia la década de 1950, tras un paulatino retiro del espacio público, aportó su rigor jurídico como asesora de la Liga Paraguaya de los Derechos de la Mujer.

Tras su fallecimiento, su figura experimentó un largo letargo historiográfico, apenas interrumpido por una conferencia de Ignacio Berino en la Universidad Nacional de Asunción. Fue recién en 1986, con el feliz hallazgo de “Humanismo” en una biblioteca privada, que el movimiento feminista paraguayo inició el proceso de recuperación de su legado.

Desde entonces, la obra ha sido reeditada en tres oportunidades: en 1990 y 2007 por el Centro de Documentación y Estudios, y recientemente, en 2025, por Rosemary Dávalos.

BIBLIOGRAFÍA

El panorama para el estudio de sus ideas se ha ido ampliando de manera sostenida. Obras de nuestra autoría, como “A la mujer paraguaya: un recorrido por las ideas de Serafina Dávalos” (2017) y “De la conferencia el Feminismo” (1903) a la tesis “Humanismo” (1907) han procurado compilar sus artículos y discursos para ofrecer una mirada integral de su evolución intelectual.

A esto se suma la valiosa documentación conservada en el Archivo Nacional, que contiene sus reflexiones sobre la educación femenina como medio de autonomía, remitidas en su condición de directora del Colegio Mercantil.

Desde los aportes de Line Bareiro, Lilian Soto, Clyde Soto y Mary Monte de López Moreira, hasta las tesis e investigaciones actuales como las de Rocco Carbone y Alma Monges, su figura es hoy comprendida como una pieza indiscutible del grupo La Colmena y del novecentismo paraguayo.

A la par de la historiografía, el espacio público y cultural ha reconquistado su memoria. Hoy, la avenida Costanera Norte en Asunción, junto a calles en su Coronel Oviedo natal, Caacupé, Encarnación y Ciudad del Este llevan su nombre. Se la evoca en la denominación de instituciones penales, en el Palacio de Justicia y en uno de los centros de estudiantes del centenario Colegio Nacional de la Capital.

El espacio feminista La Serafina, diversas composiciones musicales y obras de teatro –como “Serafina, ¿dónde estás?”, de Gustavo Ilutovich, y “El retrato de Serafina”, de Sofía Fernández Casabianca– celebran hoy su carácter rupturista.

Finalmente, en febrero de este año, la Organización de Estados Americanos (OEA) le otorgó un sitial de honor en la Galería de las Heroínas y los Héroes de las Américas en Washington.

Este acto no solo ratifica su dimensión histórica, sino que valida formalmente a “Humanismo” como un documento ético, histórico y pionero en defensa de los derechos de las mujeres en todo el sistema interamericano.

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