• Jimmi Peralta
  • Fotos: Gentileza

El músico carapegüeño José Calazán lleva décadas compilando, componiendo y grabando compuestos, un subgénero de la familia de la polca que tiene como temática la tragedia y como ética la verdad histórica.

“No puedo dedicarme del todo al compuesto, pero tampoco puedo dejarlo del todo”, comenta José Calazan (69), uno de los referentes del subgénero de la música paraguaya conocido como compuesto. El músico y comunicador viene dedicando gran parte de su vida a este género como compilador, compositor, intérprete y divulgador.

Don José nació en la compañía Franco Isla Pukumi de Carapeguá. “Cerca del lago Ypoá estábamos, porque desde donde vivíamos se podía ver ya el agua”, recuerda. Hoy lleva más de 50 años con la música, a la que llegó, según comenta, a través de la tensión genética de sus tíos José Rosario Vega y Ciriaco Vega, y la fundamental influencia de su vecino, Mauricio Medina.

“Yo empecé con la música a los 16 años y recuerdo que escuchaba a Mauricio cantar obras de Emilianore y entre estas músicas que cantaba estaban los primeros cinco compuestos”, explica.

CANTO DE LO REAL

“Lo que se canta en el compuesto son sucesos, hechos que realmente pasaron. Por ejemplo, el hundimiento de la lancha Myriam Adela en 1978. Eso pasó en el puerto Kemmerich, cerca de Concepción. En la canción se cuenta lo que pasó y se nombra a los 113 muertos de la tragedia”, explica Calazán.

Es así que, según sus palabras, se trata de un género antiguo de la música que tiene la función social de hacer llegar a través del arte la narración de hechos históricos que marcaron a la sociedad. “Servía para que la gente sepa lo que pasó, porque antes no había tele, ni radio, ni celulares como ahora”.

“Dicen que este estilo musical era también en su momento una forma de llevar informaciones sobre hechos ocurridos a diferentes puntos del país, ya que no había medios de comunicación, eran los poetas los que permitían conocer sobre estos hechos. Hoy en día todo lo conocemos al instante, aunque el compuesto se sigue grabando, con historias nuevas, porque a la gente le sigue gustando, quiere escuchar y también vienen y piden que se les grabe”, explica.

Don José, que tiene más de una docena de discos grabados, reitera una y otra vez cuál es la ética de compuesto: no se puede inventar. El arte se ciñe a hablar de lo que pasó, evita los surcos de la imaginación creativa y se plantea una misión que lleva miles de años: contar ante los presentes las historias de su pueblo.

“Ndeikatúi emombe’u rei, ndeikatúi ekrea rei”, sentencia.

RECURSOS MUSICALES

“Uno puede hacer el relato, contar la historia del compuesto en diferentes ritmos, sea con rasguido doble, guarania, polca, carreta guy, varios de estos estilos ya casi no se usan. Es así que la gente muchas veces se me acercó para pedirme que le ponga música a sus casos, sus historias, a veces me traen letras”, agregó.

El compuesto, que presenta diferentes tipos de timbres instrumentales en su acompañamiento, se centra fundamentalmente en la narración de hechos luctuosos. Así, narra por ejemplo la ejecución de Pancha Garmendia, el caso de Mateo Gamarra, algunos fusilamientos, la tragedia del supermercado Ycuá Bolaños, casos de mitã kañy, violaciones, el caso de Eric Astorga entre o el autor material del parricidio de Villa Morra, Cipriano León, entre otros.

Don José trabaja en la radio Panamericana 93.5 de su localidad, Carapeguá, desde hace 25 años. A través de ese micrófono y de otros espacios, desarrolla su labor de divulgador de este subgénero y también le significa una puerta de acceso a nuevas historias.

“A través de la difusión, sea con Radio Nacional del Paraguay, las actividades de la Fundación Oñondivepa de Carapeguá o la organización Escritores del Noveno Departamento, me permitió hacer la recolección de historias, escritos, otros compuestos. Mucha gente pedía escuchar, a otros les cuesta, porque cuentan historias muy fuertes y verdaderas. Así llamaba la gente a confirmar las historias que contaban las canciones, otros a preguntar si eran ciertas”, explicó.

DIFUSIÓN

La labor de divulgación y de creación empezó desde abajo. “Hetáma aiko compuesto rapykuéri”, dice. Arrancó desde el desconocimiento casi general del público hasta registrar en estos años en estudios un amplio puñado de creaciones, plasmado en discos.

“El compuesto es algo con mucha penetración en el noveno departamento. Se quiere escuchar mucho. Hace un tiempo era una música desconocida. Recuerdo que fuimos como tres veces al festival de Ypacaraí y como ocho veces al festival de Guarambaré y los jóvenes se sorprendían, no conocían”, comenta.

Para don José, esta pasión es algo a lo que “no puedo dedicarme del todo, pero tampoco puedo dejarlo del todo”. Con los años interactúa permanentemente con los nuevos seguidores de las narraciones, pero también ve que los discos ya no se venden, que el sacrificio ha sido mucho y que los apoyos institucionales como de APA y AIE perdieron periodicidad.

Las dificultades exceden los caprichos del mercado y son transversales a la propuesta artística misma. Cantar la tragedia real marca en el intérprete de una forma muy especial lo fundamental, verdadero y lo importante de su relato.

LAS OBRAS MÁS CONOCIDAS

“Mateo Gamarra”, de motivo popular, es la obra más conocida dentro del catálogo de los compuestos. Don José tiene compilados más de 100 obras. Aquella que narra la tragedia de la lancha Myriam Adela él le puso “su tonada”, lo que le trajo escrito el poeta Rufino Benítez.

“También está la historia de Pancha Garmendia, que fue asesinada por encargo de madame Lynch, con una lanza, por cuestiones de su amor al mariscal López. Esta canción está hecha en el ritmo rasguido doble, es muy conocida y muy pedida por la gente”, cuenta.

Otros eventos narrados en este subgénero son la riña de gallo en Villarrica (1945), que tras una “trampeada” terminó en la muerte de nueve personas; el saqueo y muerte de una mujer y sus seis hijos en Coronel Oviedo (1925), creado por Dario Gómez Serrato y Emiliano R. Fernández, y muchos más.

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