El 19 de agosto de 1976 fallecía Carlos dos Santos, director de orquesta, trompista, pianista, pedagogo y una de las figuras fundamentales en la construcción del movimiento sinfónico paraguayo. Su trayectoria representa un vínculo decisivo entre las primeras experiencias orquestales organizadas por músicos paraguayos y la posterior consolidación institucional del sinfonismo nacional, cuyo primer resultado fue la creación de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA).

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El maestro nació en Lambaré el 31 de marzo de 1915, hijo del español José Soley y de la brasileña María Deolinda dos Santos. Durante su infan­cia y adolescencia fue cono­cido como Carlos Soley dos Santos, utilizando el apellido paterno. Sin embargo, alre­dedor de los dieciocho años adoptó el apellido materno Dos Santos, con el que desa­rrolló su carrera artística, ejerció la docencia y pasó a la historia de la música para­guaya.

En 1926, ingresó como apren­diz a la Banda de Músicos de la Policía de la Capital, donde inició su formación como intérprete de trompa o corno francés, instrumento en el que alcanzaría un des­tacado nivel.

Su formación académica fue particularmente sólida para su época. En el Ateneo Para­guayo estudió piano con Fran­cisco Marín Nogueras, teoría y solfeo con Gerardo Fernán­dez Moreno, armonía con Juan Carlos Moreno Gonzá­lez, e instrumentación con el maestro checo Otakar Platil. Estos estudios le proporcio­naron una preparación inte­gral en teoría musical, com­posición, instrumentación y dirección orquestal, conoci­mientos que posteriormente transmitiría a varias genera­ciones de músicos.

Dos Santos participó de la fundación de la Asociación de Músicos del Paraguay (AMP), creada con el propósito de organizar y dignificar la actividad profesional de los músicos paraguayos

EL SINFONISMO Y LA ASOCIACIÓN DE MÚSICOS

El 10 de agosto de 1938 par­ticipó en la fundación de la Asociación de Músicos del Paraguay (AMP), institu­ción creada con el propósito de organizar y dignificar la actividad profesional de los músicos paraguayos.

Su principal contribución a la AMP se produjo durante las décadas de 1940 y 1950, cuando asumió la dirección de su orquesta. Bajo su con­ducción y la de Carlos Lara Bareiro, la Orquesta de la Asociación de Músicos del Paraguay se convirtió en el primer organismo orques­tal estable del país. La agru­pación desarrolló progre­sivamente su nivel técnico e interpretativo, incorporó obras del repertorio sinfó­nico universal y difundió composiciones de autores paraguayos.

El liderazgo de Dos Santos permitió reunir y formar un núcleo estable de instrumen­tistas profesionales, demos­trando que era posible sos­tener en el Paraguay una actividad sinfónica organi­zada y sostenida. Esta expe­riencia constituyó, poste­riormente, la base humana e institucional sobre la que se estructuraría la primera gran orquesta sinfónica del país.

Un acontecimiento signi­ficativo de esta etapa tuvo lugar el 15 de agosto de 1956, cuando Dos Santos dirigió a la Orquesta de la Asociación de Músicos del Paraguay en el estreno de “La tejedora de ñandutí”, primera zarzuela paraguaya, con música de Juan Carlos Moreno Gonzá­lez y libreto de Manuel Frutos Pane, presentada en el Tea­tro Municipal. El aconteci­miento representó un hito para el teatro musical para­guayo y puso de manifiesto el grado de madurez alcan­zado por la agrupación bajo su dirección.

EL NACIMIENTO DE LA OSCA

La experiencia acumulada durante años en la Asociación de Músicos del Paraguay des­embocó en un acontecimiento fundamental para la histo­ria de la música paraguaya. En 1957, la Municipalidad de Asunción puso en marcha oficialmente la Orquesta Sin­fónica de la Ciudad de Asun­ción (OSCA), cuya estructura se apoyó en la orquesta que la AMP había formado y consoli­dado durante toda una década bajo la dirección de Dos San­tos y Lara Bareiro.

En la OSCA, Dos Santos fue designado director adjunto junto al maestro Remberto Giménez. Participó acti­vamente en la organiza­ción artística de la naciente orquesta y en sus primeras temporadas actuó tanto en calidad de director como de intérprete de trompa.

Su participación en este pro­ceso le confiere un lugar par­ticularmente significativo en la historia del sinfonismo paraguayo: fue uno de los principales hilos conducto­res entre la larga experiencia orquestal de la AMP y la ins­titucionalización de la acti­vidad sinfónica municipal, representada por la OSCA.

En paralelo a su trabajo con las agrupaciones sinfóni­cas, Dos Santos desarrolló una intensa actividad como director y ejecutante. Dirigió la Banda de la Armada Nacio­nal, donde impulsó el perfec­cionamiento técnico de sus integrantes y contribuyó a la formación de numerosos ins­trumentistas de viento que posteriormente participa­rían en otras agrupaciones musicales del país.

Además, dirigió la orquesta de cámara del Ateneo y fundó la Orquesta de Cámara Agus­tín Pío Barrios, ampliando los espacios destinados a la prác­tica de la música de cámara y ofreciendo nuevas oportuni­dades de formación y expe­riencia artística para jóvenes intérpretes.

Su versatilidad se manifestó asimismo en su actividad como pianista de diversas orquestas típicas de Asun­ción, ámbito en el que pudo desenvolverse dentro de la música popular y comple­mentar su extensa experien­cia en el campo de la música académica.

La docencia constituyó otra de las dimensiones esencia­les de su trayectoria. Durante muchos años formó parte del plantel del Conserva­torio Municipal de Música de Asunción. Su sólida for­mación, rigor académico y amplia cultura musical lo convirtieron en uno de los docentes más respetados de su generación. Desde las aulas contribuyó a formar intérpretes, compositores y directores que posterior­mente tendrían una partici­pación relevante en la vida musical paraguaya.

LEGADO

La importancia histórica del maestro reside en haber par­ticipado simultáneamente en varios de los procesos que hicieron posible la profesio­nalización de la música sinfó­nica en el Paraguay: la organi­zación gremial de los músicos, la formación de conjuntos de cámara y orquestales esta­bles, la educación musical, la dirección de bandas y orques­tas y la incorporación progre­siva del repertorio sinfónico y de la orquestación de música paraguaya a nivel de música académica.

Dos Santos es una de las figu­ras esenciales del proceso de consolidación del sinfonismo paraguayo durante el siglo XX. Su vida estuvo estrecha­mente ligada a la formación de intérpretes, al desarrollo de la institucionalidad musi­cal y a la construcción de una tradición sinfónica profesio­nal en el Paraguay.

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