En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos recibe al historiador Fabián Chamorro para hablar del emblemático cañón Cristiano, un trofeo de guerra que hasta ahora el Brasil se niega a devolver. Sin embargo, tras la polémica por las expresiones de Lula da Silva sobre la guerra contra la Triple Alianza, el mandatario brasileño habría autorizado la restitución, pero hasta el momento no hubo comunicación oficial alguna.
- Fotos: Matías Amarilla
–¿Cómo empieza la historia del cañón Cristiano?
–Paraguay tenía problemas con la Armada brasileña y López pensó en un arma que podría, si no destruir los acorazados, por lo menos lastimarlos considerablemente. Qué pretendía, que un cañón con mucha potencia con unas balas esféricas destruya la estructura de estos acorazados. Un acorazado es un barco de madera cubierto por una chapa gruesa de metal. Entonces, si no puedes penetrar, por lo menos golpear la estructura, que eso se destruya. Entonces, qué hacían los brasileños cuando sus corazas eran muy lastimadas. Tenían que enviar a Río de Janeiro y eso tarda en volver un año. Esa es la idea del cañón Cristiano, que se llama así porque gran parte del bronce se obtuvo de las campanas de la iglesia. Estamos hablando de casi doce toneladas.
–¿Por qué estamos hablando de Humaitá en términos de escenario de guerra?, ¿qué tenía que no tenían estratégicamente otras regiones?
–Humaitá está en un recodo del río Paraguay, es el más pronunciado. Para pasar por un recodo el barco desacelera y se acerca a la costa. Paraguay llenó de cañones esa zona, un barco de guerra de aquella época para pasar todo el recodo le podía llevar una hora y media. Era una hora y media que le estaban dando por todos los costados a cañonazos. Esa era la importancia de entonces. Los brasileños traían barcos con más tecnología, con más coraza y eso hizo que hayan terminado de pasar Humaitá. Ya en 1868 se pensó para evitar que ocurra justamente eso.
–Se supone por la ubicación de Humaitá que estamos hablando de los albores de la guerra, ¿no?
–Humaitá se preparó en 1855. La primera vez que Brasil vino de manera hostil a Paraguay fue en 1855. A partir de ahí se comenzó a pensar en artillar y eso se hizo. Se artilló y con los demás cañones se llegó a instalar una cadena en el medio del río para entorpecer el paso de las embarcaciones brasileñas.
–O sea, era un sistema, no un cañón solo.
–No, estamos hablando de cientos de cañones en toda la línea, porque una línea no es que está concentrado en un lugar. Era una línea que iba de Curupayty a Humaitá, unos siete kilómetros.
LA PARALIZACIÓN DE LA GUERRA
–El acontecimiento que paró la guerra por un tiempo fue por un hecho que se produjo ahí cerquita nomás, ¿no?
–Sí, en 1866 fue la batalla que paraliza justamente la guerra en Curupayty. Era un lugar más estrecho y también la zona más fácil de defender porque había una pequeña elevación a favor de los paraguayos. Entonces, era más fácil hacer las trincheras y que la elevación te sirva de parapeto para evitar justamente que la infantería o la caballería puedan llegar de fino. Se llenó de trampas, se hizo una trinchera bastante amplia. Curupayty nunca fue tomada por la fuerza, Curupayty se abandonó. Lo mismo Humaitá, se abandonó, no fue tomada nunca.
–Curupayty habrá sido uno de los mayores preparativos bélicos del enemigo, ¿verdad?
–Ese era el gran premio del enemigo. Ahí muere el hijo de Sarmiento, también el hijo del vicepresidente Marcos Paz. La élite económica y política perdió a sus hijos en Curupayty.
–¿En esa batalla participan todas las fuerzas de la Triple Alianza o solamente Brasil y Argentina?
–Los uruguayos tenían que estar cerca de un lugar que se llamaba Paso Puku para que, si caía Curupayty, ellos ataquen el frente de donde estaba el campamento de López. Los brasileños estaban en reserva, una línea nomás ellos participan. El noventa por ciento de la tropa que pelea en Curupayty era argentina. ¿Por qué? Porque Mitre pensó que ahí se ganaba la guerra. De hecho, si caía probablemente eso iba a ocurrir. Por eso estaban vestidos de gala, por eso participan estos jóvenes de la alta sociedad argentina. Porque ellos pensaban que iban a ganar la guerra y la guerra ser terminó paralizando.
–Significativamente también es de las batallas mejor documentadas pictóricamente, ¿verdad?
–Gracias a Cándido López, el manco de Curupayty. Él se pinta en Curupayty cuando le están levantando sus camaradas para llevar a la nueva retaguardia.
LA FUNDICIÓN DE YBYCUÍ
–¿Por qué Paraguay tenía un sitio donde fabricaban armas?, ¿con qué tecnología estaba dotado el país y qué expertos tenían para el efecto?
–La mayoría de los técnicos que instalaron la fundición de Ybycuí eran ingleses. Con los ingleses también viene la tecnología para mejorar los cañones, justamente cañones ingleses antiguos y al traer esa tecnología se permite que Paraguay haga cañones parecidos a los que hacían los ingleses, pero hasta ahí nomás. No eran cañones de última generación como sí ya lo eran los cañones que trajeron los brasileños. Nosotros podíamos producir solamente cañones para tirar las balas esféricas. Podíamos producir también las balas esféricas, pero ya estamos hablando de una época donde la tecnología permitía que ya haya cañones para balas cónicas, que son como los modelos que conocemos hoy. Esa tecnología nosotros no teníamos porque nuestra fundición es de 1854, comienza su producción a gran escala y ya se había quedado desfasado en cuanto a la elaboración de cañones, no en cuanto a otras cosas.
–¿Y cómo era la logística?
–Esos cañones se ponían en pequeñas embarcaciones, eran llevados hasta Paraguarí porque ahí estaba la estación del tren y de Paraguarí recién llegaba hasta Asunción y de Asunción tenías que enviar al arsenal, que estaba en donde hoy es la loma San Jerónimo. Es lo que pasó con el cañón Cristiano, que se hace en Ybycuí, viene a Asunción. Era tan pesado que a pulso tuvieron que mover ciertas partes del trayecto entre la estación del ferrocarril hasta el arsenal, que debe ser un kilómetro, y generó una gran emoción popular la llegada del Cristiano a Asunción.
–Hablemos un poquito de la provisión de materia prima para ese emprendimiento.
–Material bruto para hierro había en muchos lugares, especialmente en San Miguel, Misiones. Ahí sacaban el material en bruto, eso se llevaba por el Tebicuarymí hasta Ybycuí. La piedra bruta pasa por un proceso en el horno. Se metía por la chimenea la piedra bruta. Eso pasaba por una serie de procesos y cuando llegaba abajo fundido ya llegaba el hierro nomás y se ponía el molde para el hierro.
–¿Y el hallazgo de estos minerales de cuándo data?
–Don Carlos hace un estudio geológico del territorio en 1850. Paraguay era otro Paraguay y era la visión que tenía don Carlos. Era realmente un hombre adelantado para su época, que hizo que Paraguay progrese mucho más que sus vecinos estando aislado porque Paraguay es un país mediterráneo.
ESFUERZO DE TODA LA SOCIEDAD
–¿El cañón Cristiano es especial por la historia de su secuestro o ya era especial antes?
–Ya era especial porque estaba vinculado con el esfuerzo del paraguayo para hacer el cañón, porque los paraguayos también entregaron lo que les sobraba de bronce, no fue suficiente con las campanas de la iglesia. El paraguayo de a pie se tuvo que ir “yo tengo una cuchara”, etc. Entonces, se sentía identificado con el arma, que además se publicitó como algo que podía destruir barcos. Entonces había un sentimiento por el cañón por eso y la llegada del cañón en Asunción fue una fiesta, el 25 de marzo 1867.
–Lo mínimo que tenemos que darle a este retorno es una gran fiesta nacional, ¿no?
–Ojalá ocurra. Hay que decir también que todavía no es cien por ciento claro.
–¿Tenemos un debate en el que Paraguay tiene que asumir una actitud que vaya más allá de la diplomacia?
–Que es lo que hizo el vicepresidente y hay que aplaudir, porque fue el único que se animó a hablar en términos claros. Imaginate que la diplomacia no sirvió durante cien años para la recuperación de este cañón. Entonces, entonces nos tenemos que poner en un lenguaje político de carácter.
–¿Qué pasa luego de la llegada del cañón a Asunción?
–Va al arsenal y de ahí va en barco a Humaitá. Era el cañón más grande que nosotros hicimos y el más pesado. Lastimosamente no llegó a ser muy efectivo, porque cuando hacés cañones como esos, un cañón tan grande, tenés que hacer prototipos. Paraguay ya no tenía los materiales para hacer prototipos, entonces se jugó de una. Cuando vayan a conocer el cañón alguna vez en Río de Janeiro o esperemos que llegue a Asunción en breve, van a ver algunas grietas en el cañón justamente porque no se pudieron hacer todos los ensayos necesarios para que el cañón salga perfecto.
–¿Y cuándo fue su bautismo de fuego?
–Su bautismo de fuego fue en junio del año 1867 cuando vuelve a moverse la armada brasileña. En los libros se habla de que hizo un ruidazo impresionante. Otro detalle de cuando llegó a Asunción es que las campanas de la iglesia sonaron. Fue un momento de fiesta único y las iglesias saludando al Cristiano cuando llegó a Asunción.
LA TOMA DEL CAÑÓN CRISTIANO
–¿Qué pasa con el cañón Cristiano cuando la guerra se muda de Humaitá? Llevan también los cañones que estaban emplazados o era difícil mover eso?
–Los más pesados ya se quedan y entre ellos por supuesto el Cristiano, que es tomado ahí cuando Humaitá es abandonada. Los aliados toman y después se reparten en el armamento y Brasil se queda con ese cañón. Argentina se queda con otros cañones pesados también que cayeron ya en la zona de Villeta, que son el Criollo y el Acá Verá, que hoy en día están frente al Parlamento y que Perón devolvió en 1954.
–Para los brasileños supongo que representaba un elemento simbólico mucho más que la posibilidad o la potencialidad de volver a usarlo, ¿no?
–Era un elemento absolutamente simbólico, lo llevaron y también hubo una fiesta allá cuando lo reciben.
–¿Y a dónde lo llevan?
–A Río de Janeiro primero, que era la capital del imperio. Primero lo llevan creo que a Petrópolis, donde estaba la residencia de Pedro II y va pasando por diferentes lugares hasta que allá por la década 1910-1920 se queda en el Museo de Historia de Río de Janeiro.
UNA EXTRAÑA PROHIBICIÓN
–¿Lo llegaste a visitar alguna vez?
–Sí, me chocó. Yo había ido primero al Museo de Bellas Artes, no me dejaron entrar para ver el cuadro enorme de la batalla Avay, pero sí pudimos entrar al Museo de Historia.
–No es la primera vez que yo escucho que incluso a autoridades muy importantes no le permitieron entrar. ¿Por qué no te dejaron entrar a ver un elemento histórico?
–Yo creo que por el hecho de ser paraguayo. Creo que hubo problemas con otros paraguayos que fueron al lugar, que se filmaron o hicieron algún tipo de apología de la recuperación de reliquias históricas y yo creo que estaban todavía medio sensibles por ese tema. El cañón Cristiano sí pudimos ver. Hay otros cañones paraguayos en ese mismo lugar, no solamente el Cristiano, que es el más grande y emblemático.
–¿Qué potencial genera la recuperación del cañón Cristiano una vez que se consume para la historia?
–Sería el primer gesto de Brasil en 155 años para cerrar las heridas de la guerra. Ya lo hizo Uruguay en 1885, ya lo hizo Perón 1954 por Argentina, y Brasil no lo hizo nunca. Porque lo que nos devolvió Brasil no son trofeos de guerra. Nos devolvió el archivo que robaron. El archivo no es trofeo de guerra, fue parte del saqueo. Si hablamos de saqueo, nunca vamos a poder enumerar todo lo que se llevó a Brasil.