Conocido como el “río vagabundo”, con su curso irregular, sus desbordes y constantes desplazamientos, este cauce hídrico fue un dolor de cabeza para los demarcadores de los dos países hasta su constitución en un límite fronterizo estable.
- Por Carlos José Fleitas
- Embajador
- Fotos Gentileza
Desde la escuela aprendimos que el río Pilcomayo establece parte de la frontera entre Paraguay y Argentina. Sin embargo, detrás de esa línea aparentemente sencilla existe una historia mucho más compleja, ya que en algunos sectores el cauce llegó a desaparecer por quedar sin agua, por lo cual nuestro lindero con la Argentina también tiene un sector de frontera seca. Tras el Tratado de 1876 y el laudo Hayes de 1878 persistía una cuestión fundamental: determinar sobre el terreno cuál era realmente el “brazo principal” del Pilcomayo que debía servir de frontera. ¿Cómo se logró, entonces, transformar un río cambiante en una frontera demarcada?
EL PROBLEMA DEL “BRAZO PRINCIPAL”
Después de la guerra contra la Triple Alianza, Paraguay y Argentina resolvieron parte de sus cuestiones territoriales mediante el Tratado de Límites firmado en Buenos Aires el 3 de febrero de 1876 por Facundo Machaín y Bernardo de Irigoyen. El acuerdo reconoció como paraguayo el territorio comprendido entre Bahía Negra y el río Verde y sometió a arbitraje la sección situada entre el río Verde y el brazo principal del Pilcomayo, incluida la Villa Occidental. De este modo, la expresión “brazo principal del río Pilcomayo” pasó a tener una importancia jurídica fundamental para la definición de la frontera.
El arbitraje recayó en el presidente de los Estados Unidos Rutherford B. Hayes, quien el 12 de noviembre de 1878 reconoció al Paraguay el territorio disputado. El laudo resolvió la cuestión de soberanía sometida a arbitraje, pero no eliminó una dificultad práctica: era necesario identificar sobre el terreno cuál era realmente el brazo principal mencionado en el Tratado de 1876. La delimitación jurídica estaba establecida, pero su traducción geográfica, cual es la demarcación, continuaba siendo problemática.
Los mapas utilizados en el siglo XIX representaban de manera imperfecta el curso inferior del Pilcomayo y sugerían una configuración de brazos que las exploraciones posteriores obligaron a revisar. Así, una fórmula diplomática aparentemente sencilla quedó condicionada por la cartografía disponible: antes de demarcar, era necesario conocer mejor el río.
DE LA DISCUSIÓN DIPLOMÁTICA AL ESTUDIO TÉCNICO DEL RÍO
La persistencia del problema llevó a Paraguay y Argentina a firmar el 11 de setiembre de 1905 un protocolo para formar una comisión encargada de estudiar el brazo o canal principal del Pilcomayo. Los comisionados debían efectuar observaciones, llevar un diario de navegación y presentar informes acompañados de un plano. Un nuevo protocolo, del 1 de febrero de 1907, modificó la constitución de la comisión. La cuestión fronteriza comenzaba así a trasladarse del lenguaje exclusivamente diplomático al trabajo de campo y a la medición científica.
Los peritos Elías Ayala, por Paraguay, y Domingo Krausse, por Argentina, compararon los brazos Norte y Sur mediante longitud, sinuosidad, perfiles, capacidad y comportamiento de las aguas. Los resultados del estudio destacan diferencias importantes entre ambos cursos. Entre otros datos, consigna aproximadamente 159,3 km para el brazo Sur y 138,1 km para el Norte si se considera la extensión general, mientras que el desarrollo de las sinuosidades llevaba aproximadamente a 208 km para el Sur y 257 km para el Norte. Las mediciones de caudal registradas favorecían ampliamente al brazo Sur. El problema, por tanto, no podía resolverse observando un solo indicador: exigía comprender integralmente el funcionamiento del sistema fluvial (Comisión de Estudio del Río Pilcomayo, s. f.; IGM, 1946, pp. 9-12).
El informe técnico constituyó un avance decisivo, pero no cerró definitivamente la controversia. En las décadas siguientes persistieron interpretaciones contrapuestas, lo que demuestra que la producción de conocimiento técnico y la adopción de una solución política no siempre avanzan al mismo ritmo. La frontera seguía necesitando un acuerdo que pudiera ser materializado de manera estable y práctica en el terreno.
MEMORIALES PUEYRREDÓN-GONDRA
A pesar de los estudios realizados a comienzos del siglo XX, la cuestión del Pilcomayo permaneció abierta. En 1921, durante el gobierno paraguayo de Manuel Gondra, la controversia reapareció en el ámbito diplomático. El canciller argentino Honorio Pueyrredón remitió al ministro paraguayo en Buenos Aires, Eusebio Ayala, una extensa exposición en la que retomaba la interpretación argentina del límite. Pueyrredón sostenía que el verdadero brazo principal del Pilcomayo era el brazo Norte y cuestionaba los resultados de los trabajos anteriores, apoyándose, entre otros argumentos, en antiguas expediciones, mapas y antecedentes geográficos. La posición argentina implicaba, en consecuencia, revisar la interpretación que vinculaba el límite internacional con el brazo Sur.
La respuesta paraguaya fue elaborada bajo la conducción de Manuel Gondra y examinó extensamente los antecedentes históricos, cartográficos y jurídicos de la cuestión y cuestionó la interpretación argentina. Gondra sostuvo que las supuestas bifurcaciones atribuidas al Pilcomayo en antiguos mapas no podían utilizarse para desconocer lo establecido por el Tratado de 1876, el laudo Hayes y los trabajos posteriores de las comisiones mixtas. La controversia de 1921 demuestra así que, aun después de años de exploraciones y estudios técnicos, la identificación del “brazo principal” seguía siendo objeto de interpretaciones contrapuestas.
NUEVA ETAPA PARA LA SOLUCIÓN DEL LÍMITE
El 5 de julio de 1939, Paraguay y Argentina firmaron un Tratado Complementario de Límites que abrió una nueva etapa. El instrumento avanzó en la definición de amplios sectores, pero dejó pendiente la zona central comprendida entre Horqueta y Salto Palmar, precisamente aquella donde la inestabilidad del Pilcomayo dificultaba adoptar el cauce como una referencia permanente. El artículo 2.º creó una Comisión Mixta de Límites para estudiar esa región y proponer la línea fronteriza.
El Protocolo Especial Anexo de 1939 incorporó además una dimensión hidráulica. Junto con los trabajos de la Comisión Mixta de Límites se previó la actuación de técnicos encargados de estudiar un plan de obras que permitiera distribuir proporcionalmente el caudal del Pilcomayo entre sus brazos. Esta instancia fue conocida como la Comisión Técnica Mixta de Estudios y Obras Hidráulicas del Pilcomayo. La cuestión ya no consistía solamente en decidir por dónde pasaría la frontera, sino también en estudiar cómo mantenerla frente a la movilidad de las aguas (Comisión Mixta de Límites Paraguayo-Argentina, 1944; IGM, 1946, pp. 19-23).
CARTOGRAFÍA, CAMPAÑA Y ESTUDIOS HIDRÁULICOS
La Comisión Mixta de Límites se constituyó formalmente en Buenos Aires el 9 de enero de 1940 y emprendió una serie de trabajos destinados a conocer con mayor precisión un territorio particularmente complejo. Las tareas de marcación comenzaron en agosto de 1940 y, posteriormente, se realizaron fotografías aéreas, relevamientos del terreno y estudios del comportamiento de las aguas. Este trabajo permitió elaborar un mosaico aerofotogramétrico a escala 1:20.000, concluido en 1942, cuya preparación fue definida en la documentación de la época como un “trabajo arduo y delicado”.
Las exploraciones revelaron una de las mayores dificultades para establecer la frontera: entre Horqueta y Salto Palmar, el Pilcomayo no se presentaba como un cauce único y estable, sino como un paisaje formado por esteros, bañados, lagunas y cursos variables. Las mediciones del caudal y los recorridos realizados por los delegados permitieron comprender mejor sus crecientes, desbordes y cambios de curso. La acumulación de grandes cantidades de arena y arcilla contribuía, además, a modificar continuamente el terreno y explicaba parte de la inestabilidad histórica del río.
Estos estudios fueron fundamentales para transformar el conocimiento del territorio en una solución fronteriza. Con la información reunida se elaboró la Carta Topográfica Definitiva del sector comprendido entre Salto Palmar y Punto Horqueta. El 8 de agosto de 1944, la Comisión incorporó a esa carta el trazado acordado entre ambas delegaciones y, pocos días después, el Acta del 16 de agosto de 1944 reunió las conclusiones de los trabajos. La experiencia demostraba así que delimitar el Pilcomayo no consistía simplemente en dibujar una línea sobre un mapa: era necesario comprender primero un río que cambiaba constantemente de forma y recorrido (Comisión Mixta de Límites Paraguayo-Argentina, 1944; Saguier, 1944).
EL LÍMITE DEFINITIVO Y LA ORGANIZACIÓN DE LA DEMARCACIÓN
El 1 de junio de 1945, se firmó en Buenos Aires el Tratado Complementario de Límites Definitivos entre Paraguay y Argentina en el río Pilcomayo, suscrito por Francisco L. Pecci y César Ameghino. El instrumento tomó como antecedentes el Tratado de 1939 y los trabajos de la Comisión Mixta. Su artículo primero fijó definitivamente el límite en el tramo Horqueta-Salto Palmar mediante referencias geográficas y coordenadas apoyadas en la cartografía producida durante las investigaciones.
El Tratado de 1945 consolidó además la relación entre frontera e ingeniería hidráulica. Dispuso la ejecución de las obras previstas en el anteproyecto elaborado durante los estudios y creó una Comisión Técnica Mixta de Obras Hidráulicas del Río Pilcomayo, integrada por un técnico de cada país, encargada de la ejecución y fiscalización de las obras. Asimismo, contempló un régimen de administración y vigilancia de las aguas desde el punto tripartito Esmeralda hasta la desembocadura en el río Paraguay. La solución territorial se transformaba así en un mecanismo permanente de cooperación binacional.
El Protocolo Especial Anexo del mismo 1 de junio creó y reglamentó la Comisión Mixta Demarcadora de Límites, responsable de la “demarcación y caracterización en el terreno” de los límites establecidos en 1939 y 1945. Sus trabajos debían documentarse mediante actas, diarios de campaña, planos y monografías de los pilares e hitos; las posiciones podían relacionarse por poligonales, triangulaciones, determinaciones astronómicas o transporte de coordenadas. Si surgían desacuerdos sobre un sector, correspondía efectuar nuevos levantamientos y elevar la cuestión a los gobiernos sin paralizar el resto de los trabajos.
DEL TRATADO A LA FRONTERA CONSTRUIDA
La historia del Pilcomayo demuestra que convertir un río en frontera fue mucho más complejo que trazar una línea sobre el mapa. Desde el Tratado de 1876 y el laudo Hayes de 1878, pasando por los estudios del “brazo principal” de comienzos del siglo XX, hasta las comisiones, relevamientos y acuerdos de 1939 y 1945, fueron necesarias décadas de trabajo para transformar una definición jurídica en una frontera reconocible sobre el terreno. Diplomáticos, ingenieros y demarcadores debieron primero conocer y comprender el comportamiento de un río que se resistía a permanecer en un mismo lugar.
Así, aquella línea que desde el colegio reconocemos casi naturalmente como la frontera entre Paraguay y Argentina es, en realidad, el resultado de un largo proceso de negociación, estudio y demarcación. El “río vagabundo” no dejó de ser cambiante; fueron ambos Estados los que tuvieron que encontrar la manera de construir una frontera estable a pesar de él.
En la actualidad el río Pilcomayo se halla dividido en tres sectores. El primero que abarca desde la desembocadura del río Paraguay hasta Salto Palmar con una extensión de 210 km. El segundo desde Salto Palmar hasta el Punto Horqueta, con una extensión de 150 km. El tercero desde ese punto al hito trifinio Esmeralda, con una extensión de 260 km.
En total, la frontera con la Argentina tiene 1.690 km, de los cuales 1.345 km es frontera fluvial y 345 km es frontera seca. Como dato anecdótico, la frontera seca se halla ubicada en el sector dos del río Pilcomayo, donde en el año 1945 pasaba el brazo principal de ese río y se realizó la demarcación correspondiente, pero en la actualidad ya no es su cauce hídrico, por lo cual es frontera seca.