• Carlos Fleitas
  • Embajador
  • Fotos: Gentileza

Los trabajos llevados a cabo por la primera Comisión Mixta Demarcadora de Límites entre la República del Paraguay y el Imperio del Brasil se desarrollaron en un escenario muy complejo para nuestro país. Apenas concluida la guerra contra la Triple Alianza, nuestra nación afrontaba las consecuencias materiales, económicas e institucionales del conflicto mientras permanecía bajo la presencia de fuerzas de ocupación brasileñas y atravesaba una profunda inestabilidad política.

En ese contexto, se puso en marcha la ejecución del Tratado de Límites del 9 de enero de 1872, que el Paraguay debió afrontar con limitados recursos técnicos y humanos.

Mientras el Brasil organizó una comisión integrada por ingenieros militares y personal técnico, la representación paraguaya estuvo encabezada por el capitán Domingo Antonio Ortiz, acompañado inicialmente por un reducido número de colaboradores, varios de los cuales abandonaron posteriormente la misión, quedando prácticamente solo Ortiz y el secretario José Dolores Espinoza al frente de los trabajos.

Efraím Cardozo señala que el Gobierno brasileño impulsó una rápida ejecución de la demarcación, interés que ya se reflejaba en las disposiciones del propio tratado de 1872, que fijaban plazos breves para la designación de los comisarios y autorizaban incluso que los trabajos continuaran si una de las partes demoraba su participación. Esto es un caso inédito, pues nunca una demarcación podría autorizarse con la participación de una sola parte.

Esa premura se tradujo posteriormente en un ritmo acelerado de los trabajos sobre el terreno, circunstancia que, a su juicio, contribuyó a varias de las controversias técnicas surgidas durante la demarcación.

Entre una de las controversias surgidas se encontró con la determinación de la naciente principal del río Apa. El desacuerdo fue sobre cuál de los dos cursos de agua debía considerarse la continuación principal de dicho río y, por consiguiente, por cuál debía seguir la línea fronteriza.

CONSECUENCIAS TERRITORIALES

Aunque inicialmente se presentó como una discusión técnica sobre nombres, caudales, perfiles y nacientes, la decisión tenía consecuencias territoriales importantes. Si se reconocía como verdadero Apa el curso situado al norte, la frontera continuaría por ese cauce; si se aceptaba que el arroyo Estrella, situado al sur, era la naciente principal del Apa, la línea divisoria debía seguir su álveo.

La cuestión enfrentó durante 1873 al comisario paraguayo, capitán de fragata Domingo Antonio Ortiz, y al comisario brasileño, coronel de ingenieros Rufino Eneas Gustavo Galvão.

El desacuerdo quedó formalmente planteado en la quinta conferencia de la Comisión Demarcadora, celebrada el 14 de enero de 1873 en el campamento brasileño ubicado en la tapera de Gabriel López. Para entonces, la demarcación había llegado al lugar situado aguas arriba del paso de Bella Vista, donde el curso del Apa se encontraba con el arroyo Estrella.

El comisario brasileño propuso continuar la demarcación por el brazo austral, conocido comúnmente como Estrella. Su posición se basaba en las mediciones efectuadas por la Comisión Mixta: según los perfiles y velocidades registrados, el Estrella transportaba un volumen de agua mayor que el curso situado al norte.

Desde esta perspectiva, el Estrella no debía ser considerado un simple afluente, sino el brazo más importante y, por tanto, la naciente principal del río Apa mencionada en el tratado.

El delegado paraguayo rechazó esta interpretación, argumentando que el uso público y tradicional distinguía claramente dos cursos diferentes: uno denominado río Apa y otro conocido como arroyo Estrella. En consecuencia, consideraba que la demarcación debía continuar por el Apa, mientras que el Estrella era solamente un afluente cuyo nombre y carácter geográfico no podían ser modificados por la Comisión.

También cuestionó las mediciones presentadas por la delegación brasileña. Señaló que el Estrella había sido estudiado cuando se encontraba más crecido debido a las lluvias, mientras que el Apa fue examinado posteriormente.

Añadió que, cerca de la confluencia, el área correspondiente al Apa era mayor, por lo que el volumen momentáneamente observado en el Estrella no bastaba para convertirlo en la corriente principal.

La delegación brasileña respondió que la denominación popular de los cursos de agua no podía prevalecer sobre los resultados de los estudios técnicos. Según su interpretación, los nombres Apa y Estrella habían sido utilizados por pobladores que “desconocían los medios para distinguir” cuál era el brazo principal de un río. Sostuvo además que las mediciones de ambos cursos habían sido realizadas prácticamente en el mismo momento y que la diferencia no podía atribuirse exclusivamente a las lluvias.

INTERPRETACIÓN

El comisario brasileño fundaba su interpretación en la expresión “naciente principal del río Apa”, contenida en el artículo primero del Tratado de Límites. A su criterio, esa fórmula obligaba a la Comisión a buscar la corriente que aportara la mayor cantidad de agua, independientemente del nombre con el que fuera conocida por las poblaciones de la región.

El comisario paraguayo insistió en que el tratado mencionaba específicamente al río Apa y no al arroyo Estrella. Para Ortiz, no se trataba simplemente de elegir entre dos brazos de un mismo río: el Apa y el Estrella eran cursos distintos, con cabeceras diferentes, y el segundo desembocaba en el primero como afluente. Aceptar otra interpretación significaba apartarse de la letra del Tratado y exceder las atribuciones conferidas a la Comisión Demarcadora.

Ortiz también rechazó que la Guardia Oliva del Brasil constituyera una prueba del reconocimiento paraguayo del Estrella como frontera. Explicó que los puestos militares habían sido establecidos para proteger las poblaciones y vigilar el territorio, no necesariamente para señalar una línea limítrofe.

Del mismo modo, sostuvo que el mapa de Du Graty no podía considerarse oficial solamente porque su autor hubiera recibido colaboración del Gobierno paraguayo.

La diferencia entre ambas posiciones también afectaba la interpretación del concepto de naciente principal. Para el comisario brasileño, debía considerarse principal la vertiente que aportaba mayor caudal. Para el capitán Ortiz, en cambio, la naciente principal debía buscarse entre vertientes pertenecientes a un mismo sistema y procedentes de una fuente común. Si el Estrella tenía un nacimiento independiente, no podía transformarse en el Apa por el solo hecho de presentar mayor volumen.

Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, ambos comisarios resolvieron remitir la cuestión a sus respectivos gobiernos. Mientras aguardaban una decisión, aceptaron continuar los trabajos por la sierra de Amambay y dejar pendiente la colocación del mojón correspondiente a la naciente principal del Apa.

La consideración del arroyo Estrella como el curso principal del río Apa significó para el Paraguay la pérdida de aproximadamente cien leguas de ricos yerbales

EXPLORACIONES

Las exploraciones realizadas durante 1873 no consiguieron eliminar el desacuerdo. En la séptima conferencia, celebrada el 14 de agosto de ese año, se presentaron las plantas de las cabeceras del Apa y los perfiles transversales de los cursos situados al norte y al sur. Ortiz sostuvo que los trabajos confirmaban que el Apa era un río distinto del Estrella, porque ambos poseían cabeceras separadas y sus respectivos valles estaban divididos por una colina.

La delegación brasileña consideró, por el contrario, que los dos cursos constituían cabeceras del mismo sistema fluvial, dado que su reunión formaba el río conocido aguas abajo como Apa. En consecuencia, correspondía comparar ambos y reconocer como naciente principal al de mayor importancia hidrológica. La existencia de una colina que separara sus valles no alteraba, según esta posición, su pertenencia al mismo sistema.

Ortiz recordó que, cuando se negoció el Tratado de 1872, tanto paraguayos como brasileños conocían como Apa al curso septentrional. Señaló, asimismo, que el tratado había sido celebrado teniendo a la vista un mapa oficial del Imperio del Brasil en el cual aquella vertiente figuraba como naciente principal. Para el comisario paraguayo, el posterior reconocimiento completo del Estrella no autorizaba a modificar el accidente geográfico que los negociadores habrían tenido en consideración.

La respuesta brasileña fue que la misión de la Comisión no consistía en reconstruir las intenciones subjetivas de los negociadores, sino en ejecutar estrictamente el tratado mediante los conocimientos científicos disponibles. Sus representantes reiteraron que las plantas y los perfiles mostraban que el Estrella poseía mayor volumen y mayor recorrido.

Ortiz contestó que, incluso admitiendo ese mayor caudal, el Estrella continuaba siendo un tributario que aumentaba las aguas del Apa, pero no se convertía por ello en el verdadero río.

EL PROTOCOLO DEL 7 DE ENERO DE 1874

La controversia fue resuelta en el plano diplomático mediante el protocolo firmado en Asunción el 7 de enero de 1874 por el ministro paraguayo de Relaciones Exteriores, José del Rosario Miranda, y el representante del Imperio del Brasil, Antonio José Duarte de Araujo Gondim.

El documento examinó las últimas exploraciones efectuadas en las cabeceras del curso denominado arroyo Estrella y adoptó una solución favorable a la interpretación brasileña.

En el protocolo, ambos ministros declararon que de las exploraciones resultaba “a toda evidencia” que el arroyo Estrella no solo era una de las nacientes del río Apa, sino también su naciente principal. En consecuencia, acordaron que la línea divisoria entre Paraguay y Brasil debía seguir por el Estrella, y el canciller paraguayo se comprometió a impartir inmediatamente las órdenes correspondientes al comisario Domingo Antonio Ortiz.

La resolución fue incorporada al Acta de la 10.ª Conferencia de la Comisión Demarcadora, celebrada el 16 de marzo de 1874 en el Campamento n.º 42, en la senda abierta por la cumbre de la sierra de Mbaracayú hacia el salto de las Siete Caídas. Después de transcribir el protocolo, los integrantes de la Comisión examinaron y firmaron las plantas de la cordillera de Amambay.

En ellas se fijó como extremo norte de la línea la vertiente del Estrella reconocida como naciente principal del Apa. También se describió la continuación de la frontera por la cumbre de la cordillera hasta la naciente principal del Ygatimí.

Finalmente, los comisarios declararon encontrarse de acuerdo sobre los trabajos de extensión de la frontera por la cordillera de Amambay. En el cierre del acta se dejó expresamente asentado que en la confluencia y cabecera del Estrella se habían levantado los mojones correspondientes, reconociéndose este curso como principal u origen del Apa. El documento fue firmado por Domingo Antonio Ortiz y los demás miembros presentes de la Comisión Mixta.

Según el historiador Efraím Cardozo, el capitán Ortiz, convencido de que el reconocimiento del arroyo Estrella como naciente principal del Apa contrariaba el Tratado de Límites de 1872, presentó su renuncia en desacuerdo con la decisión adoptada por ambos gobiernos.

No obstante, en el contexto de la ocupación brasileña y de la situación política del gobierno de Salvador Jovellanos, Ortiz fue obligado a retirar su renuncia y a firmar los documentos finales de la demarcación.

Desde esta perspectiva, la firma del comisario paraguayo en las actas posteriores no reflejaría un cambio de criterio técnico, sino las complejas circunstancias políticas que rodearon la conclusión de los trabajos demarcatorios.

La materialización definitiva de esta decisión quedó registrada en la 13.ª Conferencia, celebrada el 9 de setiembre de 1874, en la cual la Comisión Mixta transcribió el acta de colocación del mojón de límites en la confluencia del Estrella. En dicho documento se dejó constancia de que el mojón había sido inaugurado el 29 de agosto de 1874 en la confluencia de los dos brazos del río Apa, frente al paso de Bella Vista, y que, conforme al Protocolo del 7 de enero del mismo año, la línea divisoria continuaba por el álveo del brazo sur del Apa, vulgarmente denominado arroyo Estrella, hasta su naciente principal en la cordillera de Amambay, donde debía erigirse un segundo mojón.

En el paso de Bella Vista el curso del Apa se encontraba con el arroyo Estrella

CONCLUSIÓN

En la historiografía paraguaya, diversos autores han valorado críticamente la solución adoptada en 1874. En primer término, Efraím Cardozo consideró la interpretación sostenida por Domingo Ortiz como jurídicamente consistente con el texto del Tratado de Límites de 1872. Según este autor, el principal argumento paraguayo residía en que el tratado hacía referencia al río Apa y no al arroyo Estrella, de modo que el reconocimiento de este último como naciente principal implicaba modificar el accidente geográfico tomado como referencia por los negociadores.

Cardozo observa que Ortiz fundamentó su posición mediante argumentos de carácter técnico e hidrográfico, sosteniendo que el Estrella era un afluente del Apa y no su continuación principal.

Por su parte, el historiador Antonio Salum Flecha, citando al historiador Laconich, sostuvo que el conflicto tuvo su origen en un “equívoco técnico” y consideró que el curso septentrional era el verdadero Apa, mientras que el Estrella constituía solamente un afluente. Según esta interpretación, la solución de 1874 hizo que la frontera siguiera el curso defendido por Brasil y significando para el Paraguay la pérdida de aproximadamente cien leguas de ricos yerbales.

Más de ciento cincuenta años después, la controversia del arroyo Estrella continúa siendo un caso de especial interés para la historia diplomática y de la demarcación de fronteras del Paraguay. El episodio evidencia la complejidad de trasladar al terreno las disposiciones de un tratado internacional y demuestra que, junto con los aspectos geográficos e hidrográficos, las circunstancias políticas también pueden influir en la ejecución de los acuerdos limítrofes.

El análisis conjunto de las actas de la Comisión Mixta y de la historiografía permite comprender cómo una diferencia de interpretación sobre la expresión “naciente principal del río Apa” derivó en una decisión diplomática con consecuencias permanentes para la delimitación de la frontera paraguaya.

Asimismo, pone de relieve las dificultades que debió afrontar el Paraguay para sostener su posición en un período marcado por la reconstrucción nacional, la ocupación militar extranjera y la evidente asimetría de recursos entre ambas comisiones demarcadoras, circunstancias que condicionaron uno de los primeros procesos de delimitación y demarcación de las fronteras internacionales del país tras la guerra contra la Triple Alianza.

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