La afanosa búsqueda de Toni de una obra que grafique su artículo denominado “El arte, el fútbol y la paz” terminó con el encuentro de esta pieza artística del gran pintor de Asunción Ignacio Núñez Soler denominada “Canchita sobre la calle Carpinelli en 1974”.

Dicen que cuando en la contienda del Chaco los músi­cos paraguayos ejecuta­ban una pieza a la tarde­cita, paraba el fuego y del otro lado los bolivianos escuchaban atentamente. Momentos de tregua y paz en la inmensidad del Chaco Boreal. Por eso el título de hoy “El arte, el fútbol y la paz”, a partir de las con­frontaciones extrafutbo­lísticas del Mundial 2026 por todos conocidas.

LA CANCHITA DE LA CALLE CARPINELLI

Así busqué una imagen que nos hablara de arte y fútbol para encontrar un momento de paz, como lo hacían los combatientes en la guerra del Chaco.

En medio de tanto ruido mediático, perseguí afa­nosamente una canchita vacía de algún artista para­guayo del siglo XX encon­trándome con una obra de Ignacio Núñez Soler, el pintor de Asunción, cuyo título reza al dorso: “Can­chita de la calle Carpinelli en 1974”. Una horizontali­dad tan llana como la vista chaqueña desde Asunción.

La cancha vacía deja de ser solo un lugar donde se juega un partido y se con­vierte en expresión pura: dos arcos que equilibran los extremos, la arboleda ali­neada de fondo y detrás el poético arroyo Mburicaó o Tembetary. En el centro, el inmenso verde, un espa­cio vacío para pensar, ins­pirarse y escribir.

LA CANCHITA DE LOS PRONO

Hasta bien entrados los años 80 del siglo pasado, en muchos barrios asunce­nos, naturalmente, se usaba algún terreno baldío que sobraba en los alrededores para jugar y además realizar vida social entre los vecinos. En una memorable charla con David Prono Toñánez, me contaba con lujo de deta­lles cómo eran esos parti­dos, cómo se componían los equipos en un baldío de barrio, dando una mirada casi antropológica del tema.

En otras zonas donde había calles planas decidían cerrarlas para los improvi­sados compromisos futbo­leros barriales.

EL PARTIDÍ DE DOÑA COCA Y ARGENTINA CAVINA DE AGUIRRE

En muchos casos, los par­tidos barrio contra barrio eran simplemente calle con­tra calle, así como cuenta Sil­vio Codas Friedmann en su libro “Pelota con picho”; el empedrado, algún baldío, la escalinata, o la cancha del Club Nacional se pres­taban para armar los céle­bres y recordados partidí. Nada tenía límites. Cuenta también que formaban hasta partidos de féminas, cuyas participantes eran, entre otras, doña Coca de Lara Castro y doña Argen­tina Cavina de Aguirre en el barrio La Catedral, zona del Perpetuo í.

ARDISSONE, TODOS DESCALZOS

Una fresca tarde de café, José Luis Ardissone miraba con nostalgia desde la ventana del bar San Roque, el lugar donde se armaban partidos al lado de la vieja iglesia.

Se juntaban los chicos del barrio con los del bajo, “ellos venían y como no tenían ‘championes’ nosotros nos quitábamos y jugábamos con ellos, todos por igual, des­calzos”, decía emocionado.

Al final le doy de nuevo una mirada a esta gran pintura de don Ignacio y vuelvo a imaginar aquellas épicas tardes en plena contienda, los legendarios músicos del Chaco. Ahí también se podía encontrar paz en medio de la guerra. Este domingo sirvió de inspiración esta obra, de un verde campo de fútbol de un barrio de Asunción, en el silencio y la paz que puede dar el arte en medio de una batalla campal futbolística.

Dejanos tu comentario