Este domingo, Toni Roberto dedica unas emotivas líneas a Kelo, el apodo de Eligio Kriskovich, quien falleciera hace unas semanas, un laico comprometido con la ayuda social y quien fundara, junto a Patricia dos Santos, la consultora de RR. HH. Jobs hace más de un cuarto de siglo.

La sala en un absoluto silencio y la eximia música brasileña doña Sylvia Thereza sentada frente al piano del teatro Tom Jobim diciendo: “Pido permiso para tocar la guarania Saudade, escrita por el embajador Palmeiro allá por 1963”. Empieza y ejecuta una versión absolutamente distinta y delicada de esta pieza musical.

Eso mismo es lo que trato de hacer hoy, unas líneas cortas y delicadas para recordar a una de aquellas personas que conocí en la infancia, Kelo Kriskovich, un hermano mayor en las aulas del Colegio Cristo Rey, perteneciente al último grupo no mixto recibidos en 1982.

LA VESPA Y LA PANADERÍA DE KELO

A veces, los viejos recuerdos llegan como si fueran antiguas fotos recientemente restauradas: la esquina, la panadería, el señor Kriskovich y su hijo Kelo. Los sábados de mañana siendo un niño, subía a la Vespa blanca que conducía mi padre, me paraba en el plan y detrás Juan Francisco Scavone con una rosa y las rosquitas que buscábamos de Colón y Jejuí que le llevaba a mi madre. La charla entre los clientes frecuentes, el propietario y después emprendíamos viaje rumbo a la calle Alberdi, eso es lo primero que me vino a la mente.

Kelo pasó casi todo su periodo escolar en el colegio de los jesuitas y debido a un intercambio, al volver, terminó en el Don Bosco, de los hermanos salesianos.

El barrio, la parroquia y aquellos austeros sacerdotes, formaron su mirada ignaciana del mundo, esa legión de alumnos aplicados en sus profesiones, entregados a la vida laica y al trabajo social por los más necesitados.

En febrero había presentado su libro, uno de los tantos legados del entrañable Kelo. Asunción, 2026

LAICO COMPROMETIDO Y EXITOSO EMPRESARIO

Muchos pensábamos que sería sacerdote por su estilo de vida comprometida, como si lo fue luego mi coetáneo y compañero, el hoy monseñor Francisco Pistilli, cuyo origen es el Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt, justamente donde estaba entregado a la vida espiritual Eligio Kriskovich, conjugando valor, disciplina y liderazgo, llevado al campo del trabajo y de la consultoría empresarial, fundó junto a Patricia Dos Santos, Jobs, hace más de un cuarto de siglo.

Kelo formó una hermosa familia junto a Carolina Simón y sus tres hijas, pero también sus compañeros de la época de colegio lo recuerdan con mucho cariño, entre ellos, el Dr. Eduardo Poletti, José Rubiani y Luis Fernando Cano Ricciardi, quienes me proveyeron unas hermosas fotos en blanco y negro de los años 70, muchas tomadas por el padre José María Blanch o el fotógrafo social oficial de la institución el señor Norberto Miltos de la recordada Foto París.

Poco antes de partir presentó su libro “Trascender: vida, familia, empresa”. Es lo que logró también en mí, al dedicarle estas líneas de Cuadernos de Barrio, a aquel vecino del viejo barrio de la parroquia de Cristo Rey, que hoy sigue presente más allá de lo físico, “trascendiendo”, parafraseando al título del libro de su autoría y que sigue enseñando con su ejemplo de vida.

Kelo y sus compañeros con los profesores Estelita Rojas de Quiñónez y Francisco Aseretto. Parroquia de Cristo Rey. Asunción, 2022

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