- Nayeli Carvallo Silvera
- Corresponsal de La Nación en Europa
- Fotos: Gentileza
Cruzar el Atlántico con una valija cargada de proyectos es una realidad cada vez más frecuente para la juventud paraguaya. Cada año, más personas dejan el país para estudiar, trabajar o iniciar una nueva etapa en el exterior, enfrentando desafíos culturales, emocionales y personales. En ese proceso, la distancia, la adaptación y la reconstrucción de la identidad lejos de casa se convierten en una experiencia compartida entre quienes viven fuera del país.
Cruzar el Atlántico con una valija cargada de proyectos es una realidad cada vez más frecuente para la juventud paraguaya. Cada año, más personas dejan el país para estudiar, trabajar o iniciar una nueva etapa en el exterior, enfrentando desafíos culturales, emocionales y personales. En ese proceso, la distancia, la adaptación y la reconstrucción de la identidad lejos de casa se convierten en una experiencia compartida entre quienes viven fuera del país.
Según una encuesta realizada a paraguayos residentes en Irlanda, las principales razones para emigrar se concentran en la formación académica y el crecimiento personal. Sin embargo, la nostalgia aparece rápidamente. En la mayoría de los casos, la falta de los domingos en familia y de las rutinas cotidianas en Paraguay se convierte en el aspecto más difícil de la experiencia migratoria.
CUANDO TRES PARAGUAYAS ERAN TODA UNA COMUNIDAD
Soila María López de Tynan llegó a Irlanda en 1993. En ese momento, la presencia paraguaya en el país era prácticamente inexistente. No había redes sociales, asociaciones ni canales de comunicación. “Éramos tres paraguayas”, recuerda.
Nacida en Puerto Pinasco y criada en el Bañado Tacumbú de Asunción, fue su primera experiencia fuera del país. Llegó tras casarse con su esposo irlandés e iniciar una nueva vida familiar. Uno de los primeros impactos fue el invierno y la nieve, muy distinto a la realidad de su país, lo que marcó profundamente su adaptación.
Con los años, la presencia paraguaya comenzó a crecer hasta superar hoy los 500 compatriotas. En ese proceso se consolidó la Asociación de Paraguayos Residentes en Irlanda (APRI), formalizada en 2022 como un espacio de encuentro y acompañamiento.
Hoy, Soila preside la asociación, que funciona como punto de apoyo para quienes llegan, especialmente estudiantes de inglés. A través de encuentros culturales y redes de contacto, la APRI se convirtió en un espacio clave para la comunidad paraguaya en Irlanda.
MIGRAR COMO BÚSQUEDA Y ARTE
Para Julieta Benjamín, la migración no fue solo un cambio de país, sino también una forma de explorarse a sí misma. Licenciada en Comunicación Audiovisual, actriz y escritora, llegó a Irlanda impulsada por la curiosidad y la necesidad de crecimiento personal.
En su recorrido aparece una búsqueda constante de algo más, tanto a nivel profesional como interno, junto al deseo de explorar nuevas versiones de sí misma.
Vivir en otro país la llevó a enfrentarse a una nueva realidad, pero también a mirarse desde otro lugar. La distancia transforma la manera en que se percibe el propio origen y abre una sensibilidad distinta frente a la memoria y las raíces.
Esa misma mirada atraviesa su trabajo artístico. En su poemario “La amnesia busca asilo en otra parte”, la memoria y el olvido aparecen como un juego constante, como si cada recuerdo fuera una forma de reconstruir lo vivido desde la distancia.
Para ella, empezar de cero no es solo una decisión geográfica, sino una experiencia profundamente humana, la de desarmarse y volver a armarse cuantas veces sea necesario en un entorno completamente nuevo.
IRLANDA COMO PUENTE HACIA EL FUTURO
En el caso de Alejandro Rivas, ingeniero industrial, la experiencia en Irlanda se enmarca dentro de un proceso más amplio de formación. Su decisión de salir de Paraguay respondió a la necesidad de exponerse a un entorno internacional que le permitiera ampliar sus oportunidades académicas y profesionales. En su camino, Irlanda funcionó como una etapa intermedia, un puente hacia nuevos objetivos en el exterior.
Durante su estadía buscó no solo mejorar el idioma, sino también comprender otras formas de trabajo, de organización y de pensamiento. Desde su perspectiva, cada vez más jóvenes paraguayos están optando por caminos similares, con la idea de adquirir nuevas herramientas y luego decidir cómo reinsertarse o moverse en el mundo con más preparación: “Y es que en el exterior nos damos cuenta de que hay tecnologías nuevas, procesos de automatización y avances que todavía no están tan desarrollados o implementados en nuestro país”.
Sostiene que en Europa se ven innovaciones en automatización, digitalización y sostenibilidad que aún están en expansión en Paraguay. En ese sentido, remarca que también hay mucho por construir en el país.
RESILIENCIA Y COMUNIDAD
La historia de Jessica Enciso refleja otra cara de la migración, la del esfuerzo cotidiano y la capacidad de adaptación. Licenciada en Ciencias del Deporte y acróbata, llegó a Irlanda decidida a estudiar inglés y trabajar al mismo tiempo.
Antes de llegar a Europa, había tenido una experiencia previa en Estados Unidos, que le dio un primer acercamiento a la vida fuera de Paraguay. Aun así, Irlanda representó un cambio más profundo y una rutina completamente nueva.
Los primeros meses exigieron mucho esfuerzo. Resolver trámites, buscar alojamiento, empezar las clases y conseguir trabajo se sumaba a un idioma que al principio no dominaba del todo. Con el tiempo, el inglés dejó de ser un obstáculo y se convirtió en una herramienta que le dio independencia y seguridad.
Hoy, Jessica se desenvuelve con confianza, algo que representa uno de los logros más importantes de esta etapa. Más allá del aprendizaje técnico, destaca la seguridad que ganó en sí misma y la capacidad de seguir avanzando en contextos nuevos.
Para Lucas Grisetti, la experiencia migratoria tiene tanto luces como sombras. Desde su rol en la APRI, participa en la organización de eventos culturales y espacios de formación para la comunidad paraguaya en Irlanda.
Lleva cinco años en el país europeo y describe los primeros tiempos como los más difíciles, especialmente por la adaptación cultural y la vivienda, uno de los principales desafíos para quienes llegan. A pesar de ello, destaca las oportunidades de crecimiento, el contacto con personas de distintas partes del mundo y la apertura de vivir en un entorno internacional.
Desde la vicepresidencia de la APRI, Evelyn Gaona ofrece una mirada más amplia. Tras más de ocho años en Irlanda, describe su recorrido como una mezcla de desafíos y aprendizajes que le permitió construir una vida estable.
La asociación busca promover la cultura paraguaya, fortalecer vínculos y acompañar a quienes llegan. En ese proceso aparece el techaga’u, el sentimiento profundo de extrañar la tierra, la familia y las costumbres.
Sin embargo, también destaca la resiliencia de los paraguayos en el exterior y su capacidad de adaptación. “En cada actividad y en el día a día se nota que los paraguayos somos muy valientes afuera; siempre resaltamos por nuestra calidad humana, la unión y el espíritu mbarete”.
UN MISMO CAMINO, MÚLTIPLES HISTORIAS
Aunque cada historia es distinta, todas se cruzan en un mismo punto. En ese recorrido, la comunidad aparece como el refugio clave para que la distancia no se convierta en soledad.
Estos testimonios demuestran que salir no significa olvidar las raíces, sino caminar el mundo con una mirada nueva, llevando consigo todo lo aprendido. Porque la identidad paraguaya se reconoce en cualquier rincón del mapa, en la solidaridad cotidiana, en esa valentía silenciosa de empezar de nuevo una y otra vez y, sobre todo, en el idioma guaraní.
Llevar nuestra lengua a otros lugares es hacer que la tierra viaje con nosotros; es ese saludo cómplice que acorta los kilómetros y nos devuelve el hogar. Quienes viven estas historias encuentran un mismo impulso, el de salir adelante sin perder nuestra esencia.
Al final, este viaje nos enseña que la distancia no borra lo que somos, sino que lo amplifica.