- Jimmi Peralta
- Fotos: Cristóbal Núñez
Un proyecto financiado por el Estado busca demostrar, con respaldo científico, que los escombros de la construcción pueden convertirse en materia prima de calidad. La iniciativa apuesta por la economía circular para reducir la contaminación que hoy generan estos residuos, muchas veces arrojados a arroyos, humedales y que generan taponamiento de los desagües pluviales en las áreas urbanas.
La iniciativa surgió a partir de una frustración operativa y ambiental de tener que enfrentar diariamente un volumen crítico de desperdicios en las obras y notar la total ausencia de soluciones que garanticen una disposición ambientalmente adecuada.
Entonces, se planteó una pregunta incómoda pero necesaria: “¿A dónde van a parar realmente estos residuos y qué destino les dan las empresas de logística de contenedores?”, refiere el Ing. Miguel Amarilla Barrios, director general del proyecto de “Valorización de residuos de construcción para una economía circular y sostenible”, que cuenta con financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
La iniciativa –que nació hace tres años con el objetivo de desafiar el modelo lineal tradicional del sector de la construcción: el de extraer, utilizar y tirar– demuestra que los residuos de construcción y demolición (RCD) de origen pétreo, de hormigón y otros materiales, procesados bajo un control riguroso en planta, poseen coeficientes de resistencia mecánica estables sentando las bases técnicas para la primera “Guía de utilización de áridos reciclados de Paraguay”.
–¿Qué modelos tuvieron como referencia a la hora de la redacción del proyecto?
–Estructuramos el proyecto tomando como referencia los modelos más avanzados de economía circular y normativas europeas y regionales. Adaptamos esos estándares de reciclaje a la realidad de nuestro mercado de la construcción, convirtiendo un desecho en una materia prima secundaria de alto valor.
VOLUMEN CRÍTICO
–¿Cómo realizaron los cálculos sobre el volumen de desechos existentes?
–El estudio se enfocó en el ritmo de crecimiento inmobiliario y de infraestructura de Paraguay, que sostiene un incremento cercano al 15 % anual. Este dinamismo genera un volumen crítico y constante de miles de toneladas de desecho pétreo en las ciudades del área metropolitana. Más que un stock fijo, identificamos un flujo inagotable de materia prima que en las obras no saben cómo gestionar adecuadamente, representando un mercado potencial inmenso para la economía circular.
–¿Qué porcentaje de los residuos de este tipo son reutilizables?
–Si el escombro mantiene una correcta segregación en la obra de origen, el porcentaje de aprovechamiento se eleva entre el 90 y el 95 %. Prácticamente la totalidad del hormigón, el cascote de demolición y el material cerámico vuelve a transformarse en materia prima secundaria lista para su reutilización inmediata en el ciclo constructivo.
–¿Qué capacidad de procesamiento tiene la planta y qué porción del mercado esperan absorber?
–Contamos con una capacidad instalada óptima para procesar 100 toneladas métricas de escombros por día. Nuestra proyección inicial apuntaba a revalorizar al menos 1.000 toneladas mensuales; sin embargo, la realidad del mercado nos muestra que hoy lo máximo que hemos logrado procesar son 1.000 toneladas anuales. Esta enorme brecha entre lo que se genera en las calles, nuestra capacidad instalada y lo que efectivamente se recicla evidencia una profunda falta de conciencia ambiental y sectorial que buscamos revertir.
BENEFICIOS REALES
–¿Qué tipos de actividades de desarrollo de conciencia ambiental plantean?
–Trabajo de educación sectorial e institucional. El objetivo principal es hacer conocer los beneficios reales del reciclado de RCD dentro de los gremios de la construcción, las facultades de Arquitectura e Ingeniería y los entes públicos involucrados (Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible, municipios, Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones). Buscamos instalar en la agenda país la urgencia de contar con normativas exclusivas referentes a los RCD, siendo Paraguay el único país de la región que aún carece de estas regulaciones.
–¿Qué tipo de trabajos comprende la cadena?
–En la actualidad operamos bajo un proceso de tres fases en planta. La primera es la segregación, recepción y separación del material para retirar tierra, plásticos o materia vegetal mediante cribas de limpieza. Luego la trituración, que es el procesamiento mecánico del residuo árido y pétreo limpio (hormigón, piedra, ladrillo). Tamizado de alta precisión: clasificación final del material en cuatro subproductos comerciales estandarizados: granulado fino (hasta 5 mm), granulado medio (hasta 15 mm), granulado grueso (de 30 a 70 mm) y arenas de relleno.
–¿Cuál es el principal desafío de este rubro en nuestro medio?
–El principal desafío radica en una fuerte barrera cultural que se divide en dos frentes: la falta de una disposición ambiental adecuada de los RCD y un desconocimiento en el mercado paraguayo de la construcción sobre la calidad y homogeneidad que podemos obtener también en los áridos reciclados.
–¿Qué proyección tienen actualmente en este marco?
–Apuntamos a una reducción drástica de la contaminación ambiental por RCD en nuestro radio de acción y también a una disminución en la explotación de materia prima virgen en las canteras, reemplazándola por áridos reciclados en las obras donde sea técnicamente viable su aplicación. Nuestro plan para este año contempla un incremento proyectado del 30 % en ventas y una reducción del 15 % en costos operativos mediante la mejora en la eficiencia de procesos, además de la creación de nuevos empleos formales dedicados a la economía circular.

