- Jorge Zárate
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- Fotos: Gentileza
Cultivar en pequeños espacios es una posibilidad que muchas veces no se aborda por desconocer cómo. Zanjar esa dificultad es la tarea de los técnicos de un huerto municipal que funciona en el Botánico y Zoológico. Aquí la experiencia.
“No tenemos excusas para comenzar a cultivar nuestros propios alimentos”, expone Margarita López, jefa de la Unidad del Centro de Conservación y Educación Ambiental (CCEA), que trabaja en la recuperación de un vivero muy especial en el predio del Jardín Botánico.
“Podemos cultivar en macetas en un departamento, en un espacio de un metro cuadrado en nuestras casas, es fundamental recuperar esta cultura”, apunta la especialista, que desde hace dos años y medio, en conjunto con su equipo, viene trabajando dos conceptos importantes para el desarrollo de una agricultura urbana sustentable: una huerta agroecológica y un bosque comestible.
También en el predio del Botánico pusieron en marcha un vivero medicinal que ya está comenzando a reproducirse. “Estamos muy contentos con la marcha de la experiencia y ya pudimos entregar algunos plantines a escuelas, colegios, huertas urbanas y ocasionalmente a visitantes”, cuenta.
Explica que el desarrollo del proyecto todavía no da para una escala mayor de entregas de plantines, pero que ese es un objetivo a mediano plazo.
“Como no tenemos mucho presupuesto, dependemos de las capacidades nuestras, de los plantines que una vez que multiplicamos vamos expandiendo hacia las personas, los barrios, etc.”, dice de la tarea que desarrollan en el marco de la gestión ambiental de la Municipalidad de Asunción.
AGROECOLOGÍA
“Tenemos en marcha una pequeña huerta agroecológica donde estamos produciendo en forma orgánica para incentivar las escuelas y colegios que se pueden hacer cultivos libres de agrotóxicos en bienestar de la salud”, comenta.
Así, de manera experimental, en un espacio de 4 x 12 metros se desarrollan hortalizas como lechuga, locote, rúcula, tomate, perejil y kumanda yvyra’i, además de plantas aromáticas como menta, orégano y romero, “que cumplen una función protectora natural dentro del sistema productivo promoviendo una alimentación saludable y el respeto al medio ambiente”, destaca.
López insiste en que la diversidad es esencial y alienta la convivencia de hortalizas con medicinales porque “entre las plantas, si hay una sola variedad, es factible que le ataquen microorganismos, pero si hay varias, entre ellas se protegen, se cuidan, así que intentamos enseñarle eso a la gente, la riqueza de un huerto biodiverso”.
Junto a la huerta funciona un vivero medicinal que alberga diversas especies tradicionales, utilizadas en el consumo cotidiano del tereré y el mate, entre estas cedrón Paraguay, salvia, ruda, yerba mate, menta, romero, jaguarete ka’a y otras variedades medicinales.
A COMER EL BOSQUE
Margarita invita a visitar el predio del Botánico, donde desarrollan un “bosque comestible” lleno de árboles frutales en el que conviven con monos, tejus, papagallos y “una inmensa variedad de pájaros que hace que pasear por allí sea un sueño”, dice. “Es bueno compartir el espacio con esos seres vivos, inmersos en ese ecosistema tenemos que cuidar que sea lo más natural posible”.
Apunta entonces que este minibosque “no está compuesto por una especie, sino por varias que se comunican a través de las raíces y como tenemos animalitos sueltos también sirven para que ellos se alimenten”, explica. Especies como pomelo, limón, mandarina, guayaba, morera, ciruela mexicana, chirimoya y otras contribuyen a la conservación de la biodiversidad local y en conjunto hacen el bosque comestible.
López apunta que “ese contacto con la naturaleza nos da armonía y, como decimos siempre, es importante conocer lo que es el ecosistema y el ambiente en general, porque lo que no se conoce no se ama y no se puede cuidar lo que no se ama”, concluye.
VISITAS GUIADAS
En el Centro de Conservación y Educación Ambiental (CCEAM), ubicado dentro del predio del Jardín Botánico y Zoológico de Asunción (JBZA), se apuesta a la sensibilización de niños, jóvenes y adultos sobre el cuidado del ambiente.
“Tratamos de rescatar y dar a conocer todas las riquezas naturales que tenemos dentro del centro de conservación, convirtiéndolo en un espacio de aprendizaje para la ciudadanía”, señaló.
Mantiene sus puertas abiertas para recibir a instituciones educativas, organizaciones comunitarias y grupos interesados en conocer las experiencias desarrolladas en el lugar.
Durante los últimos años han participado estudiantes de escuelas y colegios, así como funcionarios de instituciones públicas que recibieron capacitaciones sobre buenas prácticas ambientales, producción sostenible y conservación de recursos naturales.
Las visitas, que se pueden concertar al (0981) 465-485, incluyen recorridos guiados, jornadas de plantación de árboles y charlas orientadas a fomentar la responsabilidad ambiental y el cuidado de los espacios naturales.