- Toni Roberto
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Toni Roberto nos comparte hoy una nostálgica crónica que rescata la memoria histórica, urbana y tecnológica de Asunción, rindiendo homenaje al legado del ingeniero Luis Fernando Meyer Canillas.
Una charla con Luis Fernando Meyer y su hijo, el también ingeniero, Carlos Meyer, me lleva por la avenida Colón, hacia el sur, hasta la calle Dinamarca (10.ª Proyectada), a una zona que antes se llamaba Ciudad Alta.
En un camino ascendente que empieza en la misma Recova, ahí en la esquina, en esa altura de Asunción, está el oratorio de San Roque. Recorrer su interior me conduce a rincones del alma de este ingeniero al que lo denomino siempre, “el poeta del cemento”.
LA PRIMERA COMPUTADORA
El diálogo, ante la atenta mirada de su hijo Carlos Meyer, va llevándonos por rincones de su historia, desde su paso por el liceo San Carlos, los cálculos de increíbles estructuras, lo matemático, y un gran detalle: es el padre de la primera computadora llegada al Paraguay en 1970.
Ahí recuerda a otros pioneros en la materia como José Luis Benza y Horacio Feliciángeli, un alquiler con opción a compra, adquirida luego en 50 cuotas y estaba ubicada en el Centro Nacional de Cómputos sobre la avenida España casi Padre Cardozo.
SU PRIMER SOCIO, JUAN JOSÉ BOSIO
Recuerda emocionado a su primer socio Juan José Bosio, a quien lo considera un santo, consagrado a la ayuda social, sobre todo a los vecinos de la parroquia de María Auxiliadora y a la de La Encarnación. Con el tiempo, Bosio viajó a una especialización y por ello se asocia con su padre, así nace el primer Meyer y Meyer, luego se incorporan su primo Luis Alberto, su hermano Ignacio y, finalmente, sus hijos.
DESDE EL GALLO HASTA EL CIERVO DEL PARQUE
Con Meyer Canillas se puede charlar desde “el gallo”, una pintura realizada en los 80 en el taller del gran maestro brasileño Livio Abramo, con quién hizo una gran amistad, los cálculos del Defensores del Chaco, hasta de un enigma de su antiguo barrio Sajonia: “El Fantasio”.
Un misterioso cartel en una esquina de la avenida Carlos A. López que decía: “Aquí se construirá el Fantasio, un cine para 1.800 personas”. El enorme reclame publicitario estuvo puesto ahí muchísimo tiempo y el complejo nunca se construyó. Un enigma de la zona, como la desaparición de la escultura “El ciervo del parque” que un día se esfumó como por arte de magia.
LA LUZ QUE BAÑA EL ORATORIO
A esa altura de la charla, seguía imaginariamente en aquel impresionante interior del oratorio sobre la calle Colón, con mucha luz natural desde sus grandes y ascendentes ventanales que bañan el sol en su ocaso desde el oeste de la ciudad de Asunción. Ahí también está Dios hasta para aquellos que no creen, representado por ese moderno oratorio realizado por Luis Fernando Meyer, “el poeta del cemento”, en los ya lejanos años 60 del siglo pasado.