Los datos sugieren que la apreciación del guaraní descansa más en endeudamiento externo que en fundamentos productivos, lo que se refleja en un creciente déficit comercial.

  • Por el Prof. Dr. Alberto Saucedo
  • Decano de la Universidad Paraguayo Alemana

El tipo de cambio gua­raní-dólar atravesó en el último año uno de sus episodios de mayor vola­tilidad en la historia reciente. Como ilustra el gráfico 1, tras una tendencia de depreciación sostenida desde 2015, el gua­raní llegó a un pico de G. 8.000 por dólar a inicios de 2025 para luego revertir abrupta­mente, ubicándose en torno a G. 6.300-6.500 en el primer trimestre de 2026. Una varia­ción de más del 20 % en menos de doce meses.La pregunta relevante no es solo cuánto se apreció el guaraní, sino si esa apreciación tiene respaldo en los fundamentos económicos del país. La cuenta corriente –que registra el resultado neto de todas las transacciones reales del país con el exterior: exporta­ciones, importaciones, pago de intereses y utilidades, turismo y remesas– ofrece una primera respuesta. En los últimos cinco años, esa cuenta registró déficits en cuatro de ellos (grá­fico 2), lo que apunta a que el país consume más divisas de las que genera en su acti­vidad económica regular. Dos tendencias son notorias en el gráfico. Por un lado, la balanza de bienes –expor­taciones menos importa­ciones de mercancías– pasó de positiva en 2021 a nega­tiva en 2022 y 2024, y cerró 2025 con el mayor déficit de la serie: USD 2.069 millo­nes. Por el otro, el pago de rentas al exterior –intere­ses de deuda y utilidades de empresas extranjeras– crece año a año y superó los USD 1.930 millones en 2025. El único año con saldo positivo de cuenta corriente fue 2023 (+USD 123 M), resultado de una cosecha excepcional de soja. Los datos sugerirían, en consecuencia, que la eco­nomía paraguaya no genera por sí misma el excedente de divisas que típicamente respaldaría una apreciación cambiaria sostenida. Si la actividad real no genera ese excedente, la respuesta puede hallarse en la cuenta finan­ciera, que registra los flujos de capital externo hacia el país (Gráfico 2, panel derecho). La línea punteada representa la necesidad anual de financia­miento externo y las barras muestran quién la cubre.

FINANCIAMIENTO DEL DÉFICIT

El gráfico sugiere que el finan­ciamiento del déficit des­cansa principalmente en tres fuentes externas: inversión extranjera directa, emisión de bonos soberanos y préstamos de organismos multilaterales y bancos externos. En 2024, estas tres fuentes aportaron en conjunto USD 2.113 millo­nes (el BCP cedió adicional­mente USD 493 millones de sus reservas al mercado, un patrón que tiende a resistir la depreciación, pero no la apre­ciación). En 2025, la estruc­tura fue similar: inversión extranjera directa estable en USD 945 millones, inversión de cartera en USD 506 millo­nes y préstamos por USD 708 millones. Es posible asumir, con base en estos datos, que la oferta de dólares que presiona la apreciación del guaraní no proviene necesariamente del dinamismo exportador sino, en buena parte, del endeuda­miento externo. Esos flujos, a diferencia de las exportacio­nes, pueden revertirse con relativa rapidez ante cambios en el entorno internacional.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

La dualidad del fenómeno cambiario –que afecta de forma opuesta a exportadores e importadores– se hace evi­dente al contrastar sus efec­tos. Para los primeros, la ecua­ción es desfavorable: el mismo dólar exportado genera G. 1.400 menos que hace un año, mientras los costos internos –jornales, arrendamientos, servicios– no ceden. Para los segundos, el guaraní fuerte es una ventaja operativa con­creta: los insumos, la maqui­naria y los bienes de consumo importados cuestan menos en moneda local, lo que puede traducirse en mejores márge­nes o en precios más accesi­bles para el consumidor, aun­que en la práctica los precios suelen ajustarse más rápido al alza que a la baja. Esta asi­metría es inherente a cual­quier movimiento cambia­rio significativo; la pregunta es cuánto tiempo puede sos­tenerse y a qué costo para la economía real.

LÍMITES ESTRUCTURALES

Los datos disponibles estarían apuntando a que la aprecia­ción actual enfrenta límites estructurales. La balanza de bienes registró déficit en tres de los últimos cuatro años y el de 2025 es el mayor de la serie. La renta de inversión pagada al exterior crece en paralelo al stock de deuda y de inver­sión extranjera acumulada. Es posible asumir, sobre la base de estas cifras, que la estabili­dad cambiaria observada des­cansa más sobre flujos de capi­tal externos –que responden a condiciones globales y pudie­ran revertirse– que sobre la generación genuina de divi­sas por actividad productiva. Existen, no obstante, elemen­tos no capturados en estas cuentas que también inciden. Por ejemplo, el dinamismo del mercado informal de divisas, los efectos de la política mone­taria internacional, y factores de expectativas y confianza que pueden sostener flujos de capital más allá de lo que los fundamentos sugieren.

En definitiva, el guaraní apreciado redistribuye cos­tos y beneficios entre distin­tos sectores de la economía. La evidencia disponible suge­riría que esa redistribución no está siendo impulsada por un excedente estructural de divisas, sino por una combi­nación de tres factores: finan­ciamiento externo, compor­tamiento asimétrico de la política cambiaria y facto­res globales de corto plazo. De sostenerse el patrón de déficit externo creciente, los datos estarían apuntando a que una eventual corrección del tipo de cambio no puede descartarse.

Déjanos tus comentarios en Voiz