El quiebre de la primera cadena de islas (especialmente a través de Taiwán) es el verdadero “punto de no retorno” geopolítico y militar en Asia Oriental, con gran posibilidad de expandirse al resto del mundo.
- Por Juan Carlos Dos Santos G.
- Editor y columnista internacional
- Fotos Gentileza
Con una China Popular tomando el control del territorio de la actual República de China (Taiwán), ya no estaríamos hablando de una superpotencia contenida en sus mares adyacentes, sino de una con proyección global apuntando al dominio económico, comercial, militar e incluso cultural de la región del Pacífico.
EL OBJETIVO DE XI JINPING
Para Beijing, la primera cadena de islas es actualmente una soga al cuello impuesta por Occidente desde la Guerra Fría. Si esa cadena se rompe por Taiwán, el objetivo de Xi Jinping cambia de la defensa perimetral a la proyección ofensiva total.
Actualmente, los submarinos nucleares chinos son fácilmente detectables porque tienen que cruzar canales estrechos y poco profundos controlados por EE. UU. y sus aliados (como el estrecho de Miyako en Japón o el canal de Bashi en Filipinas). Con el territorio taiwanés bajo su control, la costa este de la isla ofrece fosas oceánicas profundas inmediatas. Los submarinos chinos podrían salir directamente al Pacífico sin ser detectados, amenazando al territorio continental de EE. UU. aportando una disuasión nuclear extra.
El comercio de energía y bienes de Japón y Corea del Sur pasaría a estar bajo la “llave” de Beijing. Xi Jinping obtendría un poder de control económico absoluto sobre la región.
ANATOMÍA DE LA SEGUNDA CADENA DE ISLAS
Si la primera cadena cae, la segunda cadena de islas se convierte automáticamente en la nueva línea de frente, aunque la situación ya no será la misma que la actual nunca más.
Esta cadena geográfica corre en paralelo unos 1.500 a 2.000 kilómetros más al este. Está integrada principalmente por las islas Ogasawara y Volcano (Japón), siendo este el extremo norte de la cadena.
El corazón logístico y militar de esta cadena lo componen las islas Marianas (Guam y Saipán - EE. UU.), Palau, un estado asociado con EE. UU., siendo el norte de Indonesia, el extremo sur de esta línea geográfica, tan difusa como estratégica.
Hacia allí apuntaría la presión china. El proyecto de la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN, por sus siglas en inglés) sería empujar desde la primera hasta la segunda cadena, usando misiles hipersónicos (hay uno al que denominaron el Asesino de Guam) y sus nuevos portaaviones para mantener a EE. UU. fuera del mar de Filipinas.
En este escenario hipotético, el rol de EE. UU. sufre una metamorfosis forzada y pasa del estado de contención actual al del repliegue forzoso, pues ya no podría usar a Taiwán como un tapón defensivo.
La isla de Guam pasaría de ser una base de apoyo de retaguardia, como lo es hoy, para convertirse en la primera línea de fuego expuesta. EE. UU. se vería obligado a dispersar sus fuerzas en la Micronesia profunda y el norte de Australia para evitar que un solo ataque con misiles destruya su flota.
Vale recordar que todas estas perspectivas son supuestas a partir de una hipotética anexión de la actual República de China (Taiwán), ya sea por acuerdos políticos o por la fuerza.
LA IMPORTANCIA DEL APOYO A TAIWÁN
Llegado a esta situación, no importa si sucede mañana o dentro de 50 años, todos se preguntarán lo mismo: Washington ¿no pudo o no quiso salvar a Taiwán?, ¿realmente irá a una guerra nuclear por proteger Tokio o Manila? Esto forzaría a EE. UU. a renegociar sus tratados desde una posición de debilidad.
EL PERJUICIO PARA FILIPINAS Y JAPÓN
El impacto para los aliados de la primera cadena que queden “en pie” sería asfixiante, pero para Japón sería una amenaza existencial.
Filipinas quedaría flanqueada por el norte (Taiwán controlado por China) y por el oeste (el mar de la China Meridional militarizado). Manila perdería por completo el control de su zona económica exclusiva y se vería obligada a someterse a una neutralidad forzada bajo la órbita de Beijing, debido a la imposibilidad de que EE. UU. la defienda de manera efectiva.
Pude observar, durante mi estadía en Okinawa y luego de escuchar las exposiciones de algunos altos jefes militares de las Fuerzas de Autodefensa, cómo la defensa japonesa está hoy obsesivamente volcada hacia el suroeste (las islas Nansei/Ryukyu). Si Taiwán cae, esa estrategia quedaría obsoleta.
La prefectura de Okinawa y la base aérea estadounidense de Kadena, la más grande que EE. UU. posee fuera de su territorio continental, quedarían a tiro de piedra de un Taiwán militarizado.
EL ESTRANGULAMIENTO COMERCIAL
El 90 % de la energía que consume Japón pasa por las aguas que rodean a la isla de Taiwán y si China controla ese espacio, puede cortar los suministros vitales de Japón con un bloqueo silencioso, sin disparar un solo misil contra territorio nipón.
Al perder la garantía de seguridad absoluta de EE. UU., Japón se enfrentaría al debate más traumático de su historia moderna: romper su constitución pacifista por completo y evaluar el desarrollo de su propio arsenal nuclear para disuadir a China, transformando el balance de poder global.
EL ORDEN INTERNACIONAL EN PELIGRO
La caída de la primera cadena de islas no es un evento geográfico; es el fin del orden internacional liderado por EE. UU. en el Pacífico desde 1945. Si Taiwán es la puerta, la segunda cadena es la última muralla antes de que el Pacífico se convierta en un lago compartido obligatoriamente con Beijing. Por eso Taiwán dista mucho de ser solo un deseo de unificación de China Popular o el anhelo de los semiconductores. Hay muchísimo más en juego.