• Jorge Zárate
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Un esfuerzo por debatir la realidad del instrumento emblemático del folclore nacional se dio entre destacados cultores del mismo buscando acuerdos para defender su enseñanza y práctica a nivel país. Enseñanza académica, la posibilidad de llegar a escuelas y colegios, esfuerzos para la difusión, aparecen como propuestas para revitalizar la presencia de sus mágicas 36 cuerdas.

El gran maestro Marcos Lucena sostiene que “el arpa tiene la bendición de ser el instrumentos de los ángeles y está citado más de 40 veces en la Biblia. Es el instrumento más antiguo de cuerdas y de ella nacen todos los demás”, dice presentando a su compañera este ejecutor de arpa paraguaya y también de arpa clásica en la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA). Explica entonces que aunque existe una idea extendida de que hay un importante número de arpistas, no se sabe a ciencia cierta cuántos son en el país.

Marcos Lucena, arpista

Recuerda su colega Martín Portillo que con Sonidos de la Tierra “habíamos organizado un recorrido y reunimos 420 arpistas, la mayoría estudiantes, pero también profesionales que eran aquí de la capital y el departamento Central, pero la verdad es que no sabría precisar un número nacional de arpistas”.

Alicia Brizuela, arpista y docente, apunta que “el panorama del arpa nacional es rico en tradición, pero enfrenta desafíos de visibilidad y profesionalización. Se estima que existen muchos ejecutores en el país, entre profesionales, estudiantes y aficionados, aunque la cifra exacta varía según las zonas. La mayoría se concentra en ámbitos culturales y festivales, pero aún falta un registro oficial que permita dimensionar con precisión la comunidad arpística”, señala.

Lo hace en el marco del conversatorio “Maestros del arpa paraguaya”, una iniciativa de la Asociación de Músicos del Paraguay (AMP) concebida como un espacio de encuentro, reflexión y aprendizaje en torno al instrumento que tuvo lugar en la semana en el salón auditorio Carlos Lara Bareiro de la institución.

“La expectativa es que surja un compromiso colectivo entre músicos, instituciones y autoridades para impulsar políticas públicas que fortalezcan la enseñanza y práctica del arpa”, expone.

TRADICIONES Y REALIDAD

El joven arpista Reynaldo “Koki” Cabañas recuerda que “generaciones atrás, la difusión y la enseñanza del arpa se daban de una forma mucho más orgánica. Se aprendía en el entorno cercano, a través de familiares, amigos o vecinos que tocaban. En las reuniones familiares era supercomún que se armaran esos momentos de peña, que en la práctica terminaban siendo una verdadera escuela, un aula viva de nuestra música popular”.

Apunta que “hoy en día la realidad es otra y la música folclórica ya no se difunde de la misma manera. Los espacios donde una persona puede ir a escuchar arpa paraguaya son muy pocos; se fueron reduciendo o quedaron casi inexistentes. Y esto influye muchísimo en el incentivo de un alumno para continuar con el estudio. De hecho, cada vez cuesta más lograr que un estudiante empiece con el arpa y, sobre todo, que sostenga el proceso en el tiempo”, explica.

A pesar de compartir ese cuadro de situación, Lucena entiende que “el arpa paraguaya se encuentra en su mejor momento. La cantidad de jóvenes que se inscriben en los conservatorios para estudiarla es impresionante”, destaca.

TÉCNICAS Y ESTUDIO

La idea de los arpistas es promover una formación técnica integral que abarque la lectoescritura, la armonía y la aplicación de técnicas clásicas y contemporáneas para darle mayor volumen al aprendizaje del instrumento.

Lucena destaca que Agustín Pío Barrios, Mangoré, es el mejor ejemplo: su técnica es clásica y con ella amplió las posibilidades de expresión y técnica en la guitarra creando una escuela guitarrística clásica paraguaya, que lo catapultó como uno de los genios de la guitarra universal y es estudiado en todos los conservatorios del mundo”.

“La lectoescritura es lo que permite al instrumentista descifrar repertorio de cualquier índole y poder ampliar su panorama de conocimiento. Tanto en repertorio universal como nacional, tener acceso a nuevas técnicas de ejecución del instrumento y también poder escribir nuevas creaciones. Es fundamental porque en Paraguay folclóricamente componemos de forma empírica no académica”.

Portillo agrega que “el conocimiento de la armonía y las técnicas clásicas y contemporáneas facilitan muchísimo el aprendizaje”.

Cabañas, que se formó en arpa clásica en Buenos Aires, comenta que “hay muchísimas técnicas que son compartidas, pero en el arpa clásica, con pedales, se fue acumulando casi toda la información de la historia de la música occidental. Hay muchísimos problemas técnicos a los cuales por ahí nos enfrentamos por primera vez los que tocamos las arpas folclóricas –ya sea paraguaya, llanera, jarocha– que ya fueron resueltos hace años atrás en la técnica clásica”, apunta.

“Desde cómo resolver una melodía, qué dedos utilizar para que sea más ‘fácil’ o cómo acompañar dependiendo el estilo y la época. La ventaja de estudiar o adentrarse en el mundo del arpa de pedales es que nos da muchísimas herramientas para poder después desarrollar casi cualquier estilo musical, ya que nos entrena para leer y escribir partituras específicamente para el instrumento en estilos muy diversos”, apunta.

Reynaldo “Koki” Cabañas, arpista

QUÉ HACER A FUTURO

Brizuela entiende que, para desarrollar el instrumento, además de institucionalización se hace trascendente apostar a la formación docente. “Debemos tener maestros especializados, una mayor difusión cultural con más conciertos, festivales y espacios de promoción y una apuesta a la investigación y documentación creando archivos y estudios que fortalezcan la identidad del arpa nacional”, dice para ofrecer un marco general.

También “facilitar el acceso a instrumentos con programas de apoyo para que jóvenes puedan adquirir arpas, podría ser por ejemplo mediante la ayuda de empresas privadas”, propone.

Cabañas entiende que “haría falta un boom a nivel de marketing, mediático tal vez, para que vuelva a despertar el interés en el público general”. Igual sostiene que las variaciones en las formas pueden ayudar.

“En el arpa paraguaya hay un terreno muy virgen en cuanto a la información que encontramos disponible para poder abarcar distintos estilos de música y para luego poder tomar esas herramientas y crear lo propio, ya sean arreglos de música paraguaya o directamente tocar por ejemplo un standard de jazz. Por eso considero muy importante que el arpista también aprenda a tocar otro instrumento que ya tenga ‘incorporados’ esos distintos lenguajes. De esta forma, la adaptación y creación de esos lenguajes en el arpa puede darse de forma más orgánica”, señala.

Otro aspecto importante es “la internacionalización del arpa paraguaya. Sería bueno promover intercambios culturales, becas y presentaciones en el extranjero para posicionarla como símbolo de identidad. Esto no solo fortalecería la práctica local, sino que abriría oportunidades para que intérpretes nacionales se proyecten globalmente. De hecho, ya existen arpistas paraguayos en el exterior, pero es importante que las oportunidades se den a muchos más intérpretes”.

Portillo apunta que “la música evoluciona, es infinito esto, no te podría decir exactamente qué es lo que estaría faltando, pero todo es bienvenido y, por supuesto, lo que puedan ir desarrollando los jóvenes, la nueva generación”, dice para concluir pidiendo que estos espacios de discusión sobre el instrumento se vayan concretando “en diferentes lugares del país”.

Martín Portillo, arpista

El recuerdo de los maestros

“Estamos en una búsqueda constante para que el instrumento siempre esté presente”, dice Martín Portillo. El arpista destaca ese legado de Félix Pérez Cardozo, “que le puso en el escenario al arpa paraguaya como un instrumento protagonista porque antes en toda Latinoamérica se utilizaban las arpas como acompañamiento para cantos, coros de iglesias, etc.”.

A partir de allí, grandes ejecutores fueron perfeccionando técnicas y creando una obra profusa y atesorada por el pueblo “hasta que después vino el gran maestro Nicolás Caballero, que le dio un realce más elevado al arpa paraguaya utilizando los mediotonos mediante llaves especiales que creó al efecto”, recuerda.

Enseñar en colegios

Alicia Brizuela propone la inclusión formal del instrumento en los programas de estudio de escuelas y colegios del país y trabaja para ello en un proyecto que elevará próximamente a la Cámara de Diputados. “Requiere voluntad política y respaldo institucional”, apunta.

La docente recuerda que “una formación integral asegura que los estudiantes no solo aprendan a ejecutar el instrumento, sino también a comprender la música en su totalidad. La lectoescritura musical permite interpretar y crear partituras; la armonía desarrolla la capacidad de acompañar y componer; y las técnicas clásicas y contemporáneas brindan versatilidad, conectando tradición con innovación. Esto forma músicos completos, capaces de dialogar con diferentes estilos y escenarios.

Koki Cabañas agrega que “dominar estos recursos le otorga al artista un entendimiento más abarcativo, permitiéndole abordar diferentes estilos, y organizar ideas musicales coherentes para cada contexto, ya sea como solista, como acompañante o integrante de una agrupación. Asimismo, lo capacita para dejar un registro de su trabajo y compartirlo de forma práctica a través del lenguaje universal que implica la lectoescritura”.

Cabañas celebra lo ocurrido en el conversatorio porque “busca generar conciencia, abrir diálogo y construir consensos. La expectativa es que surja un compromiso colectivo entre músicos, instituciones y autoridades para impulsar políticas públicas que fortalezcan la enseñanza y práctica del arpa. También se espera que sea un espacio de inspiración, donde nuevas generaciones encuentren motivación para acercarse al instrumento”.

Del mismo participaron el maestro Papi Basaldúa, reconocido como Tesoro Vivo de la Nación, disertando sobre “el arpa paraguaya como bandera. Composición, itinerancia y legado”, aportando la perspectiva de más de cinco décadas de carrera internacional como embajador cultural.

Por su parte, Lucas Zaracho, integrante de la Orquesta Nacional de Música Popular Paraguaya (ONAMP), expuso sobre la composición y la experimentación en las nuevas rutas de itinerancia artística.

También lo hicieron Jorge Cáceres, arpista aregüeño conocido como Cigarro Po’i, con su charla “Trayectoria y transmisión del arpa paraguaya”, revisitando los códigos de la ejecución empírica y la identidad comunitaria, y el maestro Rito Pedersen, que resumió saberes de sus más de sesenta años de trayectoria.

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