- José Ignacio Sánchez Durán
- Foto: Óleo de Fidel Fernández
En el marco de la 50.ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, se realizó el conversatorio “Las formas del silencio: escribir bajo censura”, una actividad organizada por el área cultural de la Embajada de la República del Paraguay en la capital argentina, que reunió a escritores, lingüistas y referentes indígenas paraguayos para reflexionar sobre la censura, la resistencia cultural y la vigencia de las lenguas originarias en América Latina.
La charla, desarrollada en español y guaraní, contó con la participación del poeta y comunicador indígena Brígido Bogado, la lingüista Ladislaa Alcaraz, y la escritora y traductora Lilian Aliente. A lo largo del encuentro, los expositores abordaron las políticas de silenciamiento ejercidas históricamente sobre las lenguas indígenas, la censura durante la dictadura de Alfredo Stroessner y el papel de la escritura como herramienta de identidad, denuncia y resistencia cultural.
El conversatorio fue un espacio de memoria colectiva. Allí se discutieron las múltiples formas del silenciamiento: desde la represión estatal hasta las formas más sutiles de marginación cultural y autocensura que aún pesan sobre las comunidades indígenas y sus producciones literarias.
La apertura estuvo a cargo de Lilian Aliente, quien destacó la importancia de abrir espacios para la literatura digital en guaraní y en lenguas indígenas, subrayando la necesidad de ampliar los circuitos de circulación y publicación para estas producciones culturales históricamente relegadas.
Luego tomó la palabra Brígido Bogado, quien reconstruyó parte de su experiencia personal y relató cómo la palabra se convirtió en refugio y resistencia. Contó que durante su infancia fue adoptado por una familia paraguaya ajena a su comunidad y que, durante años, vivió alejado de su cultura y de su lengua originaria.
“Durante mucho tiempo estuve muy mal porque había perdido mi identidad y mi idioma”, recordó. “Cuando regresé a mi comunidad me dijeron: ‘No te preocupes, nosotros te vamos a enseñar todo otra vez para que te quedes con nosotros’”.
CENSURA Y AUTOCENSURA
Su relato atravesó el problema de la censura y de la autocensura. Bogado reconoció que la represión sobre la escritura en guaraní durante el estronismo dejó marcas profundas que aún persisten. Sin embargo, señaló que muchas veces las barreras también aparecen como formas internas de inseguridad y silenciamiento.
“Yo mismo me preguntaba si lo que tenía para decir iba a valer”, expresó. “¿Van a querer escucharme los demás?”.
El escritor recordó que ganó su primer concurso literario a los quince años, aunque incluso entonces debió enfrentar prejuicios y desconfianza.
“Ahí sentí la censura porque muchos no creían que yo hubiera escrito esos poemas”, señaló.
Con el tiempo, este escritor de la comunidad mbyá-guaraní fue construyendo una voz propia y logrando reconocimiento entre lectores y editoriales. Sin embargo, todavía existen muy pocos escritores indígenas en Paraguay y en gran parte de las comunidades originarias continúan luchando por hacer visibles sus saberes y sus formas de narrar el mundo.
RECORRIDO HISTÓRICO
Por su parte, Ladislaa Alcaraz, docente universitaria, investigadora y exministra de la Secretaría de Políticas Lingüísticas, realizó un recorrido histórico por las políticas de silenciamiento que afectaron a las lenguas indígenas desde la colonia hasta las dictaduras del siglo XX.
La lingüista analizó las distintas políticas de exclusión lingüística desarrolladas desde la colonización española. Explicó que las lenguas indígenas fueron consideradas “lenguas ágrafas” y que la escritura funcionó históricamente como un instrumento de control cultural.
Para profundizar esta reflexión, recurrió a los aportes de la investigadora brasileña Eni Puccinelli Orlandi y a su obra “As formas do silêncio”, donde distingue entre el “silencio fundante” –aquel que produce sentido– y las “políticas de silencio”, entendidas como mecanismos de poder destinados a excluir determinadas voces del espacio público.
En esa línea, Alcaraz sostuvo que el guaraní continúa siendo una lengua “minorizada”, no por la cantidad de hablantes, sino por las relaciones de poder que históricamente condicionaron su legitimidad social y cultural.
La investigadora repasó distintos momentos históricos en los que el guaraní fue prohibido o marginado de las instituciones educativas y de los espacios públicos, desde el gobierno de José Gaspar Rodríguez de Francia hasta las disposiciones posteriores a la guerra contra la Triple Alianza.
DIARIOS DE TRINCHERA
Sin embargo, remarcó que durante la Guerra Guasu (1864 - 1870), el guaraní encontró un espacio singular en la prensa y en la propaganda bélica a través de periódicos de trinchera como El Cabichuí, El Centinela y Cacique Lambaré, publicaciones que incorporaban textos en guaraní y grabados xilográficos destinados a los soldados en el frente de batalla.
Alcaraz señaló que, tras el final de la guerra, el idioma volvió a ser desplazado del ámbito educativo y académico, replegándose nuevamente hacia la oralidad. Ese proceso, sostuvo, implicó también el silenciamiento de las memorias y cosmovisiones indígenas.
Como parte de una tarea de rescate, la lingüista destacó los trabajos antropológicos de Curt Unkel Nimuendajú y León Cadogan en la recopilación de relatos y tradiciones guaraníes, aunque posteriormente insistió en la necesidad de distinguir entre la “literatura en guaraní” y la “literatura guaraní”, escrita por integrantes de los propios pueblos indígenas.
En otro tramo de su exposición, abordó las formas de censura ejercidas durante los gobiernos autoritarios de Higinio Morínigo y, especialmente, durante la dictadura de Alfredo Stroessner, periodo marcado por el exilio de escritores, la persecución intelectual y la censura a la prensa.
POLÍTICAS PÚBLICAS
Más allá de las referencias históricas, el conversatorio dejó planteada una discusión contemporánea: la fragilidad actual de las lenguas indígenas y la necesidad de políticas públicas sostenidas para su preservación. En ese sentido, Alcaraz valoró iniciativas vinculadas a la publicación de diccionarios bilingües, la producción literaria indígena y el registro audiovisual para el resguardo de los relatos orales.
El encuentro concluyó con una reflexión compartida por los expositores: la escritura y la memoria funcionan hoy como herramientas fundamentales de resistencia frente al olvido y la homogeneización cultural.
Con los nuevos desafíos de la actualidad, la lucha por la defensa de las lenguas indígenas en Latinoamérica también es una disputa por la memoria, por la identidad, por el derecho a narrar la propia historia o por salvaguardar las cosmovisiones ancestrales.
Como un homenaje a la libertad y a la resistencia de la palabra, los expositores coincidieron en que la literatura guaraní y el resguardo de las lenguas indígenas en forma escrita no solo preservan la memoria, sino que constituyen un acto de justicia frente a la homogeneización cultural y al silenciamiento histórico de las voces indígenas, censuradas y excluidas desde tiempos de la colonia hasta el presente.