• David Velázquez Seiferheld
  • Historiador

La historia de la educación paraguaya acaba de recuperar uno de sus tesoros documentales más valiosos. Lo que comenzó con el hallazgo fortuito de un ejemplar suelto en un anticuario culminó en el rescate de una colección ininterrumpida de 107 ediciones de El Maestro, un periódico gremial y pedagógico publicado en Villarrica entre 1941 y 1947.

Esta publicación renacerá, en breve, en formato digital e interactivo, marcando un hito en la preservación de nuestra memoria pedagógica. Este rescate ha sido posible gracias a la celosa labor de conservación de la profesora Hilda Villalba de Oviedo –quien resguardó el acervo original– y al esfuerzo conjunto de quien escribe estas líneas, de la Universidad Nacional de Villarrica del Espíritu Santo (UNVES) y la editorial Arandubook.

EL INSPECTOR EN BICICLETA

Para entender la magnitud de El Maestro, es necesario mirar a su fundador y director: el profesor normal José Purificación Montiel. Como inspector de escuelas del Guairá, la jurisdicción de Montiel abarcaba un inmenso territorio que incluía Villarrica, Coronel Oviedo, Caaguazú y numerosas colonias. Según los testimonios de la época, Montiel visitaba estas escuelas rurales desplazándose en bicicleta dentro de Villarrica, y en los precarios buses de aquellos años en el resto de su territorio administrativo, sin faltar un solo día a su misión.

A pesar de ser un funcionario estatal en tiempos del autoritarismo de los gobiernos de José F. Estigarribia y el Gral. Higinio Morínigo, sostuvo el periódico con sus propios medios y el apoyo de comerciantes locales, sin recibir subsidios estatales. Esta cierta independencia le permitió convertir a El Maestro en un bastión de resistencia moral y en una verdadera “escuela de papel” para los docentes del interior.

Prof. José Montiel, director del El Maestro

EL MAESTRO EMPÍRICO

La prensa educativa de la primera mitad del siglo XX no era un simple boletín de noticias; era el pulmón de un sistema educativo en constante tensión. Durante los años de circulación de El Maestro, la precariedad de la escuela de campaña era alarmante: muchas funcionaban en ranchos prestados, sin bancos, tizas ni pizarrones. Para sobrevivir, dependían de las comisiones proescuela, grupos de vecinos que recolectaban fondos, materiales de construcción y aportaban su trabajo y alimentos para levantar paredes que complementaban los exiguos aportes estatales.

Pero el mayor desafío no era edilicio, sino el formar a los docentes. Las estadísticas oficiales publicadas por el propio periódico en 1945 y 1946 revelan una realidad abrumadora: mientras en las principales ciudades se concentraban unos pocos cientos de docentes titulados, en el interior del país enseñaban más de 2.500 maestros empíricos (de sétima categoría) sin título habilitante, dentro de un universo total de casi 5.600 docentes.

Frente a esta carencia, El Maestro asumió la titánica tarea de promover, apoyar y protagonizar, incluso, la profesionalización. El periódico publicaba in extenso los programas de los Cursos de Asimilación y los reglamentos respectivos, para que estos docentes rurales pudieran estudiar, rendir sus exámenes en vacaciones y ascender de categoría para mejorar sus magros salarios y, sobre todo, brindar una mejor educación.

EL MAGISTERIO COMO APOSTOLADO

El corazón ideológico de la publicación era la moralidad y la ética del educador. En sus páginas se publicaban constantemente los Decálogos del Maestro, que exigían puntualidad, honradez y un combate frontal a vicios como el alcoholismo.

Montiel concebía la enseñanza como un sacerdocio o apostolado, donde la vocación debía superar al afán de lucro. Bajo títulos como “Maestro: ¡Sé valiente!”, exhortaba a los docentes a defender sus escuelas con dignidad, sin arrodillarse ante los caudillos o políticos locales de turno. Asimismo, el periódico libraba fuertes campañas de higiene y salud escolar contra enfermedades de la pobreza como la anquilostomiasis y fomentaba la copa de leche para combatir la desnutrición infantil.

ENTRE EL MILITANTE Y EL TÉCNICO

Leído a la distancia, El Maestro es un documento excepcional que captura el momento exacto en que la identidad del docente paraguayo experimentó una profunda tensión histórica. Lejos de representar el ocaso del “normalismo romántico y heroico” frente al amanecer del “docente técnico” moderno impulsado por la posguerra, las páginas de Montiel demuestran cómo ambos paradigmas se superpusieron en estratos.

Por un lado, el Estado le exigía al maestro rural la destreza técnica y la actualización de los cursos de asimilación. Pero, por otro lado, le demandaba a través de aquellos discursos moralistas la abnegación sacerdotal y el patriotismo necesarios para sostener escuelas sin techo ni salario. Esta tensión irresuelta –la de un Estado que exige la eficiencia de un tecnócrata, pero depende del sacrificio de un apóstol para subsidiar sus carencias– es una herencia cuyas huellas aún desafían a la educación paraguaya de nuestros días.

UN DIÁLOGO INTERACTIVO CON EL PASADO

La digitalización de El Maestro trasciende el mero archivo de documentos antiguos. Impulsado por la gratuidad que ofrece la UNVES y bajo licencia Creative Commons, el proyecto integrará a la publicación innovadoras herramientas de inteligencia artificial.

Quienes se sumerjan en esta obra encontrarán un libro dinámico con recursos interactivos, síntesis multimedia y herramientas de autoevaluación. Es una invitación a que las decididas voces de Montiel y sus maestros rurales vuelvan a cobrar vida, interpelando con sus antiguos debates, sus reclamos de jubilación y sus esperanzas pedagógicas a las nuevas generaciones de educadores.

A más de ochenta años de su primer número, El Maestro nos recuerda que, en medio de la adversidad, la imprenta y la educación fueron –y siguen siendo– motores indispensables para el progreso de la República.

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