• Toni Roberto
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Este domingo Toni Roberto revive un luctuoso suceso del año 1958 cuando fallece el gran político colorado Leandro P. Prieto, a partir del viaje eterno de su última hija viviente María Victoria Prieto Yegros.

Eran las primeras horas del 10 de mayo de 1958. El doctor Leandro P. Prieto había ido a hacer todas las compras para el cumpleaños de una de sus hijas al gran almacén de ramos generales del señor Martínez, padre de la que fuera la reconocida leguleya Deidamia Martínez, en la esquina de Cuarta e Independencia Nacional.

A la siesta, la casa de la calle Cerro Corá entre Tacuary y EE. UU. ya estaba engalanada para la ocasión.

UNA LUCTUOSA TARDE DE CUMPLEAÑOS

Unos minutos antes del inicio del evento infantil, pasó lo jamás esperado: el doctor Prieto, importante hombre del Partido Colorado, quien fuera intendente de Asunción, fallecía en extrañas circunstancias en la escalera de la entrada secundaria de la casa. La confusión, la desesperación… siendo que los niños invitados empezaban a llegar con sus obsequios para la niña.

RECUERDOS DE A PEDACITOS

Todos estos recuerdos que hoy escribo fui uniendo de a pedacitos de varias personas, niños y jóvenes de aquellas épocas, que tampoco querían recordar, como mi propia madre, las hermanas María Adela y Petota Solano López, su prima Carmen Yegros Vda. de Aveiro, quienes estaban invitadas.

La hija del protagonista de esta historia, quien fuera mi tía, jamás mencionaba aquel momento, tampoco volvió a festejar su onomástico después de tan luctuosa tarde de cumpleaños, cuando cumplía sus tiernos 10 años

LA PARTIDA DE LA ÚLTIMA PRIETO YEGROS

Todo esto vino ante la partida de María Victoria Prieto Yegros, la última hija viviente del matrimonio de Leandro P. Prieto y la dama asuncena Concepción Yegros de P. Prieto. Después del suceso, la vida de los seis hermanos Prieto Yegros cambió para siempre, la viuda y sus hijos dejaron aquella céntrica casa, alquilándola, para convertirse, por un tiempo, en Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Asunción.

Se mudaron, en aquellas épocas a las afueras de Asunción, al barrio Recoleta, sobre la calle Santa Rosa 390. Una angosta casa con un gran fondo que daba justo sobre el arroyo Mburicaó. Ahí doña Concepción Yegros se convirtió en una gran benefactora de las mujeres privadas de libertad del viejo Buen Pastor, que quedaba a pocos metros.

“VON” Y LILI

En este cierre de la historia de la familia Prieto Yegros, se me llenan los recuerdos de infancia, desde las leyendas del Mariscal López que contaba Leandro “Von” Prieto, sobre el caballo blanco del Mariscal que pasaba de noche por la rivera de aquel poético y transparente arroyo de otras épocas.

Los recuerdos de Librada, la tía Lili, quien vivía exiliada y que luchaba por el esclarecimiento de la extraña muerte de su padre, y quien tuviera un triste final en uno de los pisos del hotel Guaraní.

Concepción Yegros de P. Prieto. Asunción c. 1916. Foto: Propiedad de Leandro Prieto Ruiz

MARGARITA, MUKY, JUANCHO Y VICKY

Margarita, poeta, docente e historiadora, que llegara a ser directora del Museo Casa de la Independencia, los trabajos de investigación sobre la niñez de Teresita “Muky” de Balsevich, hasta las guitarreadas de Juancho, el tío con capacidades diferentes, que alegraba a todas las familias de la calle Santa Rosa, siempre dispuesto para alguna “serenata recoletana”. Y, por supuesto, Vicky, aquella joven que trabajó toda su vida en el Banco do Brasil y que contaba historias inolvidables de su amigo Josesito Pérez Chaves, pero eso sí, como decía ella: “Un momentito, de su grupo de amigos diurnos”.

LA DESPEDIDA

“Se fue tía Vicky, la última de los Prieto Yegros, una familia que vivió y absorbió su tiempo, cargó con la historia y sobrevivió a su destino”, decía Leandro Prieto Ruiz en su despedida. Yo no tengo nada más que decir.

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