• Belén Paredes
  • belen.paredes@nacionmedia.com
  • Fotos: AFP/Gentileza

La Sagrada Familia, emblemática obra de Antoni Gaudí, está cada vez más cerca de su culminación definitiva. Tan solo a finales de febrero se colocó la torre de Jesús, una inmensa cruz que se posa en lo más alto de la basílica, lo que la convirtió en la más alta del mundo. Para nuestro país esta noticia tiene un agregado especial que muy poca gente conoce: la jefa de obras de esta etapa es la arquitecta paraguaya Magalí Filártiga, quien en esta entrevista con La Nación/Nación Media cuenta los pormenores del arduo proceso y las satisfacciones que ya le está reportando.

En el corazón de la arquitectura de Gaudí, una paraguaya está destacando con mucho orgullo. Actualmente la obra se encuentra en los detalles finales de la cruz y aplicando los últimos ajustes para su inauguración en junio, para lo cual el propio papa León XIV dará su bendición.

Sobre el proceso que la llevó a formar parte del prestigioso staff de trabajadores, Magalí relata que los primeros contactos se dieron a través de su marido Rodrigo, también de profesión arquitecto, quien ya estaba trabajando en un importante estudio de arquitectura. Él, por su parte, era nada más y nada menos que el proyect managment de las obras del estadio del Barcelona, el Camp Nou.

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En cuanto a Magalí, el primer paso fue una entrevista con el estudio de arquitectura que abrió la búsqueda de personal. En esta primera etapa debió superar dos filtros, llegando a la tercera entrevista, que ya fue con el equipo que conforma el staff de la basílica de la Sagrada Familia.

Arquitecta paraguaya Magalí Filártiga,

EMOCIÓN

La compatriota recuerda con mucha emoción cómo se desarrolló y los puntos más determinantes. Por ejemplo, tuvieron en cuenta que ella, además de ser arquitecta, también cuenta con formación de diseñadora industrial.

El otro punto fue su dominio del idioma inglés, aunque ese no fue el único desafío que debió superar. Al ser en Barcelona, la entrevista fue completamente en catalán, desafiando el manejo básico que Magalí tenía de ese idioma.

Ella demostró toda la predisposición y capacidad, pero al mismo tiempo fue transparente en torno a su dificultad con el idioma de Cataluña, con la meta de ir mejorando día a día. “Ellos vieron esa predisposición y las ganas, porque además me veían temblando de la emoción”, recordó.

–Magalí, ¿desde cuándo trabajás en las obras de la Sagrada Familia y cómo fue el proceso de reclutamiento?

–Empecé a trabajar desde el 17 de noviembre de 2025. Tuvieron en cuenta mi formación tanto en arquitectura como en diseño industrial, aunque no fue el punto decisivo en el proceso. Lo que más valoraron fue que contara con una base técnica previa que me permitiera entender la complejidad del proyecto desde distintas perspectivas, especialmente en una obra tan singular como la torre de Jesús.

Creo que lo que realmente marcó la diferencia fue mi actitud durante la entrevista: la predisposición, las ganas de aprender y de adaptarme. También el idioma fue clave. La entrevista fue toda en catalán y puede que no tenga un catalán perfecto, pero me defiendo, y eso lo demostré desde el primer momento. Lo mismo con el inglés, que es fundamental en mi día a día.

RUTINA DE TRABAJO

–¿Cómo es tu rutina en este trabajo que te toca liderar?

–En la actualidad, como jefa de obra, trabajo constantemente coordinando con la empresa alemana Gartner, que desarrolla la estructura de la cruz, y también con los equipos locales catalanes. Esto implica gestionar equipos internacionales donde el inglés es esencial. En ese sentido, tanto mi formación técnica como mi capacidad de comunicación terminan complementándose y son igual de importantes en la práctica diaria.

Algo muy importante a destacar es la cultura de trabajo que hay en la obra. Buscan personas que quieran trabajar en equipo, porque la Sagrada Familia funciona, valga la redundancia, como una familia. Cuando surge un problema, no es responsabilidad de uno solo: todos están ahí para ayudar, aportar soluciones y sacar el trabajo adelante en conjunto.

–¿Cómo se organizan los grupos de trabajo?

–La organización del trabajo es por sectores. Es decir, somos varios jefes de obra y cada uno tiene asignada un área específica, como por ejemplo la fachada de la Gloria, la torre de María y, en mi caso, la torre de Jesús. Dentro de mi rol asisto en la coordinación de los distintos equipos que trabajan en esta torre, desde los montadores que estuvieron a cargo del izaje y ensamblaje de la cruz, hasta el seguimiento diario de los detalles más finos de terminaciones e instalaciones.

En cuanto a los equipos, la torre de Jesús reúne distintos grupos de trabajo que, en el día a día, suelen estar formados por entre 15 y 25 operarios. Ese es también el rango de personas que coordino directamente de forma cotidiana. A nivel general, la obra en su conjunto involucra a varios cientos de trabajadores, aunque este número puede variar según la etapa del proyecto y el volumen de trabajo en cada momento.

–¿Hace cuánto tiempo se iniciaron los trabajos de la torre de Jesús?

–La torre de Jesús ya lleva más de 7 años de obra. Está formada por 12 niveles de paneles prefabricados de piedra tesada, que empezaron a levantarse el 16 de octubre de 2018, a una cota de 85 metros. Eso sí, hay un matiz importante –aunque ya ha alcanzado la altura final de 172,5 metros con la colocación del brazo superior de la cruz el pasado 20 de febrero, la torre como tal no está completamente terminada, ya que aún quedan trabajos pendientes que se estarán ejecutando a lo largo de 2027 y 2028.

ETAPA DELICADA

–¿En qué etapa están actualmente?

–Actualmente estamos en una de las etapas más delicadas del proyecto, centrados en los trabajos de mayor precisión. Esto incluye el desmontaje de los andamios exteriores de la torre de Jesús, la ejecución de instalaciones y los acabados finales en el interior de la cruz. Además, está previsto colocar el Agnus Dei o Cordero de Cristo, que será uno de los últimos elementos en ser instalados antes de la visita del papa León XIV y, sin duda, uno de los puntos más sensibles de toda esta fase.

De cara al 10 de junio, con la inauguración de la cruz y la visita papal, se alcanzará un hito muy importante en la obra, especialmente por su impacto y visibilidad para el público.

–¿Cuáles son los puntos principales que podés destacar de esta obra que tenés a tu cargo?

–La torre de Jesucristo no es una torre más, es el corazón del proyecto de Antoni Gaudí. Es la más alta de la Sagrada Familia, con 172,5 metros, y el punto más elevado del templo, lo que la convierte en un hito arquitectónico y urbano. Además, su ubicación central, rodeada por las torres de los Evangelistas y la de la Virgen María, refuerza la idea de que todo el conjunto gira en torno a ella.

A nivel arquitectónico, tiene una geometría muy compleja: los paneles de la torre de Jesucristo son elementos realizados con un sistema constructivo de piedra tesada, que combina piedra y acero. Este sistema ha permitido construirlos fuera del templo, por lo que, una vez fabricados, solo se han tenido que transportar y colocar por niveles.

–¿Qué podés mencionarnos acerca de la cruz?

–Es la parte más icónica. Con unos 17 metros de altura, está revestida en el exterior con cerámica blanca y vidrio para que refleje la luz, tanto de día como de noche. Así como también el interior está completamente revestido de piedra ónix blanca y alabastro simbolizando lo divino. Y un detalle que a mí personalmente me parece precioso: en el interior de la cruz se coronará la figura del Agnus Dei, el Cordero de Dios, algo que ya estaba previsto en el proyecto original de Gaudí.

En su interior, la torre de Jesús está dividida en tres pisos, que simbolizan la creación del universo y la frase de Cristo “yo soy el camino, la verdad y la vida”. En los paramentos interiores hay un mosaico de cerámica esmaltada que representa el firmamento como creación de Dios, así como el Espíritu Santo.

–¿Qué simbología representa esta parte en el conjunto?

–Gaudí concibió la torre de Jesús como el eje vertical que conecta la tierra con el cielo, y como el elemento que expresa la centralidad de Jesucristo dentro de todo el templo. No es solo una torre alta, es una pieza cargada de simbolismo, innovación constructiva y una complejidad técnica brutal. Es, de alguna manera, la culminación de todo el pensamiento de Gaudí llevado a la escala máxima.

UNA VISITA ESPECIAL EN UN ANIVERSARIO SIGNIFICATIVO

–¿Cómo están los preparativos para la visita del papa León XIV y la inauguración de esos avances con miras a la culminación de la Sagrada Familia?

–La visita del papa León XIV se enmarca en un momento muy significativo, porque coincide con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Celebrándolo así con una misa solemne y la bendición de la torre de Jesús.

Es importante aclarar que la torre de Jesucristo aún no está finalizada: lo que hemos culminado recientemente es la cruz que la corona, que representa un hito clave dentro de esta fase final del proyecto.

De cara a esta visita, nos estamos centrando especialmente en todo el ámbito del interior de la cruz. La parte exterior de la torre de Jesús ya está terminada mientras que su interior sigue en ejecución. Aún quedan pendientes instalaciones y trabajos de acabado que se desarrollarán durante los próximos años.

Como equipo de obra, estamos trabajando muy coordinadamente con gestión y protocolo para asegurar que la visita se desarrolle en las mejores condiciones.

–¿Es importante la presencia de extranjeros o latinoamericanos en particular?

–En la oficina aproximadamente un 90 % del equipo es español. Aun así, hay presencia internacional: por ejemplo, conozco a un argentino que trabaja como project manager y a otros dos argentinos que colaboran como empresa externa en el área de control de calidad. En obra, en cambio, la diversidad es mucho mayor.

Hay muchos trabajadores extranjeros; en su mayoría son musulmanes, pero también he coincidido con personas de Ecuador, Argentina, Perú, República Dominicana, Francia e Italia.

También hay un paraguayo trabajando en la empresa que se encarga de la instalación de los andamios, un trabajo especialmente exigente porque implica trabajar en alturas muy desafiantes, como en el exterior de la torre de Jesucristo.

Es una mezcla cultural muy rica. Personalmente lo veo como algo muy positivo, porque, a pesar de las diferencias, todos tenemos el mismo objetivo: trabajar bien, hacer las cosas correctamente y, si surge un problema, ayudarnos entre todos.