• Toni Roberto
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Este domingo Toni nos trae la increíble historia de una cena que no pudo ser en la casa del Gral. Rodríguez, donde estaba invitada la inolvidable dama y luchadora social doña Carmen de Lara Castro, más conocida como doña Coca, a causa de un implacable raudal en Asunción.

Era tal vez el último año de la década del 80 o el primero de los años 90. El tiempo se venía abajo, era el preludio del gran raudal que llegaba con cada lluvia, en el que fuera el viejo Paraje Manorá, después convertido en barrio. Una zona del este de Asunción, que hasta los años 50 era los confines de la ciudad hacia el este, empezaba a tener elegantes chalets de clase media.

En uno de ellas vivía en aquella época doña Carmen Casco de Lara Castro, conocida popularmente como doña Coca, destacada activista de los derechos humanos y de las mujeres, que fuera senadora de la Nación.

DOÑA COCA Y DOÑA NELLY

Una mañana, suena el teléfono, atiende ella, era la primera dama de aquella época, doña Nelly Reig de Rodríguez, que le invitaba a cenar en su casa esa noche, recibiendo una respuesta afirmativa de doña Coca. Llegó la tardecita y el servicio de la residencia estaba poniendo a punto la mesa para los comensales.

Se aproximaba la hora y se venía uno de esos “diluvios universales” a los que hasta hoy están acostumbrados los encumbrados vecinos de esa zona, entre ellos, Mario Paz y Graciela López Caballero, Juan Carlos Altieri, María Helena González Segnana, Fernando Lara Castro y sus respectivas familias, los herederos de Rosa Nidia Acuña de García de Zúñiga, también el recordado Daniel Balbastro, en una cuya casa hoy vive Lucía Sapena y su familia, entre otros vecinos.

Llegó la hora fijada para el encuentro y esta gran mujer paraguaya y senadora en aquellos años, no llegaba. El agua, que no perdona, empezaba a hacer lo suyo y subía con toda su furia, en muchos casos, hasta la puerta principal de las casas.

“LA ESTAMOS ESPERANDO”

Un rato después, le llama el propio presidente Andrés Rodríguez y con su particular manera de hablar le pregunta: “¿Doña Carmen, no va a venir? La estamos esperando”. A lo que responde: “General, el agua está llegando hasta la sala de mi casa, esto es un diluvio. El problema es que el agua no corre y esto es una gran laguna, le pido disculpas”.

Él le sigue preguntando: “¿Y qué se puede hacer, señora?”. Ella le responde: “Ahora nada, hay que entubar un pasillo que conecta con la calle Presbítero Román para desaguar la calle Doctor Migone”.

DESPUÉS DE LA TORMENTA

Al día siguiente, muy temprano, después de la gran tormenta, aparece una cuadrilla de militares para hacer un muro de piedras para encausar el agua. El predio era un terreno privado, a partir de ahí, las aguas ya no llegaron tan alto y doña Coca ya podría aceptar una cena en la residencia de la calle Ntra. Sra. Del Carmen y San Rafael, a unas escasas tres cuadras del lugar de los hechos.

Es increíble cómo unos muros que se encuentran en algún punto de la ciudad tienen tanto que contar. Todo esto me vino a la memoria, cuando en una reunión con el intendente Bello, le preguntábamos a la ingeniera Acha: “¿por dónde iba a correr el entubamiento?”

LAS POÉTICAS AGUAS QUE DESEMBOCAN EN LA BAHÍA DE ASUNCIÓN

Ese cauce que fuera poético en otros tiempos, desemboca en el Mburicaomi, que se encuentra aguas abajo con el arroyo Mburicaó, que en la zona de Recoleta se une con el arroyo Tembetary, mal llamado Mburicaó, en el tramo desde Choferes del Chaco y Eusebio Ayala hasta Recoleta, y que corre hacia el norte para desembocar después en la bahía de Asunción.

EL RAUDAL DE DOÑA COCA, “TORMENTA” DE EDITH JIMÉNEZ Y BELLO

Al final del encuentro, le digo: “Intendente, la próxima le contamos la historia del raudal de doña Coca”, un hecho muy poco conocido, que hoy ya se inscribe en la memoria urbana de Cuadernos de Barrio en el capítulo “Raudales de Asunción”, en este caso en “El raudal de doña Coca” al que le compaña una pintura de los años 80, titulada “tormenta” de su vecina de otros viejos raudales asuncenos, la excelsa artista Edith Jiménez.

“Tormenta”. Edith Jiménez. Asunción c. 1989

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