En la edición de esta semana del “Expresso”, Augusto dos Santos comparte un diálogo con el sociólogo Carlos Peris, con quien abordan el caso del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, capturado en Bolivia y extraditado a EE. UU. Desde una mirada analítica, el académico reflexiona sobre el origen social del conocido delincuente y cómo su caso expone una ruta de la cocaína y el papel que tiene el Paraguay dentro de ese negocio ilegal.

  • Fotos: Cristóbal Núñez

ADS–¿Cómo se puede entender ese itinerario que existe cuando un jugador de fútbol n se convierte en capo mafioso? ¿Qué es lo que pasa en medio de eso?

CP–Hay diferentes tipos de explicaciones. Una es su pro­pia explicación biográfica, dónde nace, en qué barrio, el contexto que tiene. Estamos hablando que Sebastián Mar­set nace en el año 1991, en un barrio en Montevideo que se llama Piedras Blancas, que es, por decir de una manera más fácil, un barrio bastante marginal, donde las opciones de progreso son, según dicen, o tenés que ser un jugador de fútbol o te tenés que dedicar a algún tipo de ilegalidad. Entonces, en el caso de Mar­set, nosotros vemos que él fue las dos cosas. Fue un jugador de fútbol con una carrera muy trunca, porque nunca llega a tener una gran reper­cusión, pero con su estancia en la cárcel, que comienza a partir del año 2014, hace la red de contactos, que en defi­nitiva le permiten hacer ese enorme tráfico de drogas, uti­lizando como principal canal la hidrovía.

El año pasado nosotros hici­mos un trabajo de campo con colegas en Montevideo, en lo que era el barrio de Marset. Y todas las personas de su barrio a él le tienen como un ídolo. Lo cual es un denomina­dor común en diferentes tipos de sentidos. En el sentido de cuando el contexto es margi­nal, cuando el contexto tiene pocas opciones de progreso social, los modelos alterna­tivos que muchas veces caen en cuestiones ilegales, tienen un gran éxito en la población. Además, están los modelos de fama rápida. El jugador de fútbol es un modelo de fama rápida. A lo mejor, no se nece­sitan muchos estudios, no se necesita mucha preparación, simplemente ser bueno con el manejo de la pelota, parece fácil, pero no es fácil. Enton­ces, en el caso de Marset, a él le tienen como una espe­cie de ídolo por dos motivos: primero porque pudo salir del barrio, ese es un modelo, la persona que, en defini­tiva, pudo superar este ciclo, estas barreras de pobreza en las que de generación en generación está metido un tipo de población. Pero ade­más, es un modelo en el sentido que hoy la cultura narco es una cultura que se impone más en esos tipos de sectores, donde las oportunidades no son muchas, y él, al intentar ser un jugador de fútbol que no tuvo mucha repercusión, con­sigue un modelo exitoso que, en este caso, fue de capo narco.

–¿Es un modelo de réplica, eso de salir de estos sitios marginales y proyectarse en este negocio?

–Sí. De hecho, es hasta espe­rable que ocurran esos tipos de fenómenos en contextos sociales muy adversos. ¿A qué me refiero con contex­tos sociales muy adversos? Falta de oportunidades para el desarrollo, no solamente personal, sino del núcleo societal, como podríamos llamar a la familia de cada uno. Estamos hablando de generación en generación, donde la pobreza hasta pare­ciera que se pasa, de una forma generacional: abuelos pobres, padres pobres, hijos pobres. Cuando alguien con­sigue romper eso, ya sea por la fama rápida o por un error en el sistema, y por eso es que estoy utilizando la palabra error en el sistema, que a tra­vés del sacrificio legal uno consigue salir, o está el otro tipo, que ya vendría a ser el ilegal, los modelos de tipos de ilegalidades, el gran ladrón, el gran contrabandista, el gran narcotraficante, es hasta normal que ocurra eso. No es una justificación, pero es a lo mejor entender un poquitito más, cómo cier­tos contextos tan adversos sí generan ese modelo.

–¿Cómo es que Paraguay forma parte de este juego?

–Paraguay aparece en este juego de lo que podríamos decir el nuevo narcotráfico por un contexto histórico, es decir, estamos hablando que en el Paraguay desde la década de los 40 ya está instalado el narcotráfico, y es un narcotrá­fico que va creciendo en com­plejidad, década por década, de manera sostenible; es decir, hay un contexto histórico pro­penso a decir: “el Paraguay es un país importante”. La segunda cuestión es geográ­fica: la posición en la hidro­vía, pero también la posición territorial dentro del conti­nente, incluso, al ser la cone­xión entre los países andinos y los países como Uruguay o Argentina, que tienen un acceso directo al mar Atlán­tico a través de sus puertos, le ubican al Paraguay, digamos, en una posición céntrica, en la que fácilmente puede ser un hub, un centro de operacio­nes. Y a eso también le tene­mos que sumar la cuestión de ciertas complicidades, ciertas facilidades, que permiten que puedan tener cabida los nar­cotraficantes y el negocio de los narcotraficantes en este país ¿A qué me refiero con las facilidades? Tenemos unas fronteras muy porosas, en las que es fácil entrar y salir, hay mucha complicidad his­tóricamente de agentes de la legalidad. No solo me refiero al oficial que está haciendo un puesto de control en una frontera, sino me refiero, a lo mejor, al oficial que hace el puesto de control de los camiones en las rutas, me estoy refiriendo al que vigila en el puerto, al fiscal, a los jue­ces. En definitiva, hay todo un sistema que permite eso. Ade­más, el Paraguay tiene otra gran característica que lo hace muy atrayente para que se convierta en un centro del narcotráfico, que es uno de los pocos países que te per­mite cometer la ilegalidad y limpiar tu dinero dentro del propio territorio en el cual estás. Entiéndase, la ilegali­dad o los diferentes tipos de ilegalidades están en todo, es decir, no hay ningún país que no tenga ilegalidades, pero, por lo general, en otros tipos de países, como Argentina, como España, como Esta­dos Unidos, como Inglate­rra, como Brasil, tienen que sacar el dinero sucio producto de esa ilegalidad y meter en lo que se llaman los paraísos fis­cales. En Paraguay no. Porque hay ciertos mecanismos que no están controlados, y esos ciertos mecanismos que no están controlados son propi­cios para el lavado de dinero. Entiéndase: estaciones de servicio, universidades, la construcción de grandes edificios de departamentos, entonces, como vienen con la figura de inversión, los ras­treos que se le puede hacer al dinero no son tan exigentes, como sí podrían ser otras acti­vidades propias del lavado.

–¿Marset ya era jugador de fútbol cuando va a prisión en Uruguay?

–Él ya era jugador de fútbol, pero como no tuvo mucha cabida dentro de lo que fue el fútbol en el Uruguay es que él empieza no siendo un trafi­cante de cocaína, sino siendo un traficante de marihuana. Hasta podríamos decir un traficante de muy poca monta. A él se le agarra con 1.000 kilos de marihuana, que para lo que son los volú­menes de marihuana, hones­tamente, es muy poco. Pero una vez que entra en la cárcel y sale en el año 2018, él crea la red de contactos y esa red es lo que a él le permite hacer la unión entre Bolivia, de donde conseguía la cocaína, Paraguay, como un centro de distribución y de lavado de dinero, y los puertos de Montevideo como la salida, que luego iba a los puertos europeos, donde el receptor era la mafia italiana.

–¿Él viene a Paraguay de jugador?

–Viene, digamos, con la fachada de jugador, pero tam­bién de empresario. Incluso ahí uno puede ver perfecta­mente la perversidad del sis­tema, él ya viene con un pasa­porte paraguayo. Al tiempo que él está acá ya empieza a montar sus primeras empre­sas, tenía empresas impor­tadoras de autos, también un mecanismo de lavado de dinero que está tipificado, tiene un montón de empre­sas, y empieza a hacer las alianzas que están supues­tamente indicadas con polí­ticos locales. Incluso crean una empresa de herrería ¿Y por qué crean una empresa de herrería? Porque ellos se die­ron cuenta de que si podían controlar el negocio en todos los sentidos, iban a tener más ganancia. Entonces, vos tenés la cocaína que la traés de Bolivia y que la ponés en los depósitos que estaban en campos de ganadería de empresas de ganadería que tenían ellos. Ahí ya tenés lo primero: ellos tenían sus propias empresas de gana­dería. Luego, tenían sus pro­pias empresas de transporte. Eso se tiene que meter en los containers. Y en un princi­pio ese servicio de containers era contratado, pero bien te cuenta la causa A Ultranza PY, que después ellos tienen su propia empresa de herre­ría, en la que ellos mismos ya se encargaban de armar los propios containers, que eran los que salían, es decir, tuvieron un control del nego­cio en todos los aspectos, no dejaban nada prácticamente a terceros. Es decir, ellos tenían el dominio en todo, en toda la cadena de distri­bución.

–¿Qué rol juega la hidro­vía dentro de todo este sis­tema?

–Es el rol fundamental. Por los destinos que hoy en día tiene la droga que gobierna al mundo Estamos hablando de la cocaína. ¿Por qué? Porque la cocaína es fácil de trans­portar. Es más fácil mover una tonelada de cocaína que una tonelada de marihuana, aunque parezca lo mismo, pero el valor de venta de la cocaína es 20 veces más que en el lugar del cual sale. Acá no estamos hablando de kilos, estamos hablando de toneladas, de 18, 20, 22. Y la única manera que salga una cantidad tan grande como esa es a través de la hidro­vía, en nuestro caso que no tenemos acceso al mar direc­tamente. Entonces, ahí es cuando volvemos otra vez a ese punto, si la legalidad crea los caminos para que existan los mecanismos de lavado de dinero. La propia lógica del comercio crea tam­bién los caminos para que se establezcan estas rutas en el que la droga que la cocaína se mueva por los canales, se mueva por la hidrovía y se mueva por el mar.

–¿Qué organización montó Marset desde Paraguay para el mundo?

–Antes de Marset ya se tenían informes fiscales que decían que había una alta cantidad de cocaína que entraba a Paraguay. Los informes fisca­les decían que entraba prin­cipalmente del Perú. Marset viene a mostrarnos que la cocaína que él metía, y que, en definitiva, él multiplicaba acá también, no era una cocaína del Perú, sino que era una cocaína de Bolivia. Es decir, el punto desde el cual se man­daba la cocaína era de Bolivia. Acá, luego hacía un gran hub.

–Se producía en Bolivia ¿Qué pasaba después de producirse?

–Después de producirse, a través de camiones, pero también a través de avione­tas, con pistas clandestinas, es que llegaban al territorio chaqueño ¿Por qué al territo­rio chaqueño? Porque, bueno, geográficamente está más cerca con Bolivia, pero al ser un territorio menos poblado, en el que incluso hasta los propios dueños de las estan­cias de ganadería, como hay grandes extensiones de tie­rra, te dicen “yo te puedo con­trolar un 10 % o 20 % de lo que es mi tierra. El otro 50, el otro 40, yo no sé qué puede llegar a pasar”. Viene acá (la cocaína), pero eso se tiene que armar en los containers ¿Y qué necesitan? Necesitan de depósitos ¿Dónde estaban los depósitos? Los depósitos estaban ya en los terrenos de ganadería, a lo mejor que ya no más tanto en Alto Para­guay, sino que ya estaban más cerca del río Paraguay. Es decir, mientras que más se acerca, más llegan a donde ellos desean llegar, que ven­dría a ser el río con acceso a la hidrovía.

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