Las historias y peripecias de la gente transitando por décadas una ruta de tierra que por temporadas quedaba anegada por lluvias e inundaciones hacen de este relato un rescate fundamental de las vivencias del departamento de Ñeembucú hasta el asfaltado completo de la misma, ya después del año 2000, que vino a cambiar las cosas para bien.

“Ruta IV, atra­vesando el Ñeembucú” se llama el documental que con­densa en 21 minutos las innu­merables historias de la gente haciendo camino. “Hay tanto que rescatar que de momento sueño seguir contando en otro documental más de estos fan­tásticos relatos”, dice Alejan­dra Acosta Favio, su realiza­dora.

La película puede verse hasta fines de abril, de miércoles a sábado, de 14:00 a 20:00 horas en el Espacio Cultural Itaú del Centro Cultural del Puerto en el marco de la muestra “Del río las coronas”, propuesta que invita a reflexionar sobre los vínculos entre las comunida­des y los territorios fluviales del Paraguay.

“Pilar y el Ñeembucú siem­pre miraron al río, respiraron al río”, recuerda Acosta invi­tando a ver la película y la expo­sición que incluye montajes y fotografías.

“Pensé en la inundación de 1983 que nos afectó mucho a los pilarenses y a los ñeembu­queños, pero es un tema abor­dado, así que viendo fotos y archivos me decidí por la ruta IV General Félix Elizardo Aquino”, cuenta Acosta, cuyo proyecto resultó el único selec­cionado del interior para la muestra auspiciada por la Fun­dación Itaú.

La realizadora Alejandra Acosta durante el rodaje del material

“Ñeembucú está rodeado de humedales formados por ríos, arroyos y grandes este­rales, que dificultaron la construcción de la euta IV. Estuve viendo documentos en la biblioteca Augusto Roa Bas­tos del Congreso Nacional y entre ellos el decreto de 1928 que tiene el estudio de impacto ambiental donde describe la zona como muy dificultosa porque pasa por humeda­les y la tierra es bastante res­baladiza, lodosa, arcillosa en tiempos de lluvia y cuando hay sequía se convierte en arena­les”, comenta.

Fue recién en 1940, bajo el gobierno del Mariscal José Félix Estigarribia, que se erige el “monolito liberal”. Recuerda Acosta que “este fue el kilóme­tro cero de inicio de la cons­trucción que comenzó en 1943 y que estuvo a cargo del Bata­llón de Zapadores General Eli­zardo Aquino, soldados de la Armada y también muchos ñeembuqueños de los que quedan algunos vivos todavía”. Diez años se tardarían en abrir la traza.

La llegada del asfaltado trajo un gran alivio a toda la región

TRAVESÍA DE RIESGO

Investigando documentos, recolectando fotos, buscando a quienes recorrían la ruta IV, se entrevistó con Fidel Jorge Centeno, “al que conocemos acá como don Papi que estuvo trabajando 40 años como conductor del “Che taita” un “mixto” que llevaba pasajeros y también chanchos, gallinas”, recuerda Acosta Favio. Lo difí­cil de quedarse empantanados en el barro, bajar al pasaje para que empuje el colectivo y supe­rar el barro pegajoso, es recu­rrente en la memoria popular.

“Choferes y guardas debían entender cómo poner cade­nas, saber quién los podía estirar ya sea con bueyes, con tractor, porque se que­daban los colectivos, camio­nes, vehículos chicos. Don Centeno decía que sabía que una persona era pilarense en la terminal porque antes de ver si compraba o no el pasaje, miraba el cielo a ver si se venía la lluvia”, explica.

Afiche del documental

Entre el rescate emotivo recuerda que “el encargado de la agencia de Pilar llamaba a la ZP12, Radio Carlos Anto­nio López, para avisar a los pasajeros de la Encarnacena que se adelantaba el viaje por el mal tiempo. El viaje podía durar 12 o 24 horas, también 2 días, y hay testimonios de una semana y hasta 15 días. Hay fotos de gente caminando con el agua hasta la cintura, gente que después era rescatada con carros”, apunta.

“Estas son las historias que yo quiero contar y seguir contando”, resume la reali­zadora.

Antiguos documentos sobre el impacto ambiental de la obra

PRÓXIMAMENTE EN PILAR

En breve se proyectará “Ruta IV, atravesando el Ñeembucú” en la capital de ese departamento. “En Pilar la vamos a estar mos­trando dentro del Cine Club de Amotinados y en otros espacios también porque es importante recordar la historia”, apunta.

“Como realizadora quiero demostrar que con mucho o lo poco que tengas, se puede hacer audiovisuales, cine en el interior del país, fuera de lo que es Asunción y Gran Asunción. El tema está en las ganas”, considera.

“Aquí al menos cada 15 días se muestra cine y no es el comercial justamente. Proyectamos ‘Cuchillo de palo’, de Renate Costa; ‘Guapo’y’, sobre la vida de Celsa Ramírez, una de las sobrevivientes del caso de las ligas agrarias durante la dictadura de Stroessner, por ejemplo”, cuenta recor­dando que ya hicieron pro­yecciones en patios, res­taurantes, en la Facultad de Humanidades y en la plaza frente al Cabildo de Pilar.

El equipo de producción del documental está inte­grado por Facundo Almi­rón en cámara y Camila Acosta Fabio en el montaje, que junto a María Alejandra participaron previamente en talleres de rescate y pre­servación de archivos audio­visuales. El documental cuenta además con la parti­cipación de Isacio Mauricio Acosta, y el respaldo institu­cional de la Fundación Itaú.

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