Unos 14.700 paracaidistas han egresado de la institución. “Celebrar su aniversario fortalece el espíritu de cuerpo, el orgullo de pertenecer y el sentido de hermandad entre paracaidistas militares”, resalta su comandante, el mayor Rafael Yegros. Aquí un repaso por historia y actualidad.
- Por Jorge Zárate
- jorge.zarate@nacionmedia.com
- Fotos Pánfilo Leguizamón / Gentileza
“El requisito básico para todo operador especial, ya sea un personal militar que será fuerza especial, uno que va a ser comando y todos los que van a hacer operaciones especiales, tienen que sí o sí pasar por acá”, explica el mayor Rafael Yegros, comandante de la Escuela de Paracaidismo de la Fuerza Aérea Teniente Coronel Pablo Stagni.
Se trata de un entrenamiento importante, intenso y eficaz, ya que en caída libre los paracaidistas pueden alcanzar hasta los 250 kilómetros por hora después de haber saltado desde hasta 12 mil pies, unos 4.500 metros de altura. Una proeza que se completa al abrirse el paracaídas y poder descender con justeza en el objetivo navegando con precisión.
El sargento 1.° Lino Armoa entrena con sus compañeros cómo ajustarse rápidamente los paracaídas, el central y el de emergencia, equipos que pesan unos 25 kilos en conjunto. “En una eventual misión también llevamos una mochila y el fusil”, dice. Cómo la mochila se lleva en el frente, a la altura de las piernas, deben entrenar también un procedimiento para liberarla antes de que el paracaidista haga tierra.
Cuenta Fernando Colmán, teniente 1.° de Aviación e Infantería, que “el paracaidismo es de hecho un deporte extremo y la diferencia que existe entre el ejercicio civil y el militar está enfocado en el combate, una situación de conflicto bélico ya que es un medio de infiltración de tropas que están listas para iniciar la acción una vez que pongan el pie en suelo”.
Para ello, deben poder ser lanzados en grupo desde un avión Casa C212, desde 1.200 pies, unos 350 metros de altura para un empleo rápido, saltando bastante cerca del objetivo. En este caso se utiliza un sistema en el que los paracaidistas están ligados a una cuerda sujeta al avión –cabo de ancoraje– y apenas saltan el paracaídas se despliega.
La otra posibilidad, como se mencionaba más arriba, es para misiones más difíciles que involucran la caída libre desde alturas que superan los 1.000 metros, cuando son capaces de planear por más de 10 kilómetros hasta alcanzar el objetivo. “Tenemos capacidad de infiltración y de hecho en años anteriores cumplimos alguna misión de este tipo”, explica Colmán.
LUCHA CONTRA NARCOTRÁFICO
El mayor Yegros, que es diplomado de Comando de Estado Mayor (DCEM), recuerda que “el personal de la escuela de paracaidismo está en apresto operacional a requerimiento del comandante de la Fuerza Aérea. Cuando él requiere, se forma un equipo con nuestros profesionales listo para actuar”.
Esta capacidad táctica para las infiltraciones es un elemento importante en las actividades militares actuales. “Estamos preparados para apoyar la lucha contra el narcotráfico”, cuenta.
Luego explica el cuadro de situación: “Con las nuevas aeronaves y los radares que se adquirieron, se hace la interceptación de la aeronave ilícita que ingresa al territorio. Pero como nosotros no tenemos aprobada la ley de derribo, entonces lo que hacen ellos es intimidar y hacer que la aeronave o aterrice o salga del territorio nacional. Si llega a aterrizar en el territorio nacional es donde nosotros estamos preparados para ser empleados, por medio de helicópteros o también en un salto operacional de infiltración rápida”.
Otra tarea más común para los paracaidistas es intervenir en la asistencia social cuando preparan, por ejemplo, cargas de víveres para lanzar en cercanías de comunidades afectadas por inundaciones o catástrofes.
El teniente Colmán recuerda: “Normalmente cuando la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) solicita el apoyo de la Fuerza Aérea, se realizan lanzamientos para las zonas afectadas, tarea que solemos encarar con el grupo de helicópteros”, cuenta.
“La última fue en el año 2020, justamente en una de las inundaciones que sufrió el sector de Chaco’i”, agrega. “Siempre tenemos paracaídas doblados ante cualquier situación que requiere la utilización de ese medio de infiltración”, memora.
Como actividad social, los paracaidistas de la escuela suelen participar en exhibiciones de salto en todo el país. El comandante Yegros recuerda que “últimamente estuvimos en el Ñeembucú, en Pilar y Humaitá, y solemos asistir a los aniversarios de ciudades y nos tocó participar de la inauguración de los Juegos Panamericanos Junior Asunción 2025”, enumera.
ESCUELA MODELO
Desde su creación el 2 de marzo de 1966, la Escuela de Paracaidismo Teniente Coronel Pablo Stagni formó 14.742 paracaidistas, entre ellos 263 mujeres. “Formamos al año unos 350 paracaidistas militares. Esta institución ha pasado de ser un centro de instrucción básica a convertirse en uno de los pilares estratégicos de las Fuerzas Armadas”, cuenta Yegros.
“La institución es de mucha relevancia no solo para la Fuerza Aérea sino para todas las Fuerzas Armadas de la Nación porque formamos a todos los paracaidistas del Ejército, la Armada, del Comando Logístico”, destaca.
“Desde sus primeros días, la unidad de formación estableció un riguroso sistema de adiestramiento, basado en preparación física, instrucción técnica y disciplina operativa. Cada etapa del proceso formativo estuvo diseñada para garantizar estándares elevados y un desempeño profesional en todo momento”, señala.
EVOLUCIÓN
El comandante recuerda que “los primeros instructores se formaron en Brasil y brindaron el primer curso de paracaidismo con el que se creó la escuela. Sesenta años atrás los equipos no eran los mismos, la metodología de enseñanza también evolucionó muchísimo. Esto es todo lo que concierne a la operación aeroterrestre, es como la medicina, siempre va evolucionando en medios y en los conocimientos que el personal adquiere”, comenta.
Explica que los más importantes cuadros de la escuela, sus instructores, en mayoría fueron becados y entrenados en países como Brasil y Estados Unidos, “que son referentes en el paracaidismo militar”. De hecho, el propio Yegros viaja en estos días en un grupo de 24 militares paraguayos de élite a un curso de perfeccionamiento en Brasil.
El comandante celebra: “Estamos recibiendo alumnos del extranjero que vinieron desde la Fuerza Aérea del Uruguay a formarse con nosotros. El nivel de enseñanza que tenemos aquí está equiparado con los de la región, ya no tenemos nada que envidiarle a Brasil, por ejemplo, estamos entre los primeros de Sudamérica en cuanto a la formación y conocimientos”, destaca.
Varios de los egresados de la escuela cuentan con el récord nacional de grandes formaciones en caída libre y participan en competencias internacionales, “destacándose siempre por su muy buen desempeño”, apunta.
SIMULADOR VIRTUAL
En un salón, un paracaidista entrena en el simulador una caída libre y su posterior navegación. Con un casco de realidad virtual, el ejercicio le permite ir acomodando el cuerpo haciendo foco en el objetivo. “Esta es una especialización para la gente ya más preparada, que van a hacer infiltraciones, que están formadas, que ya tienen curso de fuerzas especiales, de comando”, explica Yegros. “Ellos ven ahí como si fuera que están navegando con el paracaídas, se les pone un punto donde tienen que aterrizar y ellos van hacia el objetivo, ahí se les puede programar hasta la intensidad del viento y todo”, apunta.
“La institución nació con el propósito de organizar, dirigir y desarrollar la instrucción especializada para la preparación integral de tropas paracaidistas, y hoy es un símbolo de identidad, tradición, sacrificio y excelencia profesional para el país”, concluye señalando.
REQUISITOS Y EXIGENCIAS
Inicialmente el postulante al curso básico de Paracaidismo Militar “tiene que ser militar, mayor de edad, buenas condiciones físicas y de salud, para lo que se requieren algunos estudios médicos para poder realizar las pruebas físicas”, cuenta Fernando Colmán, teniente 1.° de Aviación e Infantería.
El instructor recuerda que los hombres tienen que poder subir a la soga de 4,20 metros de altura sin ayuda de las piernas. La exigencia para las mujeres solo cambia en la altura que, este caso, será de 3,20 metros. Tienen también que cumplir ciertas marcas en salto tanto largo como alto y correr 5 kilómetros en menos de 25 minutos los hombres y 27 minutos las mujeres.
Habiendo cumplido el 100 % de este examen recién pasan al entrenamiento que busca ajustar el estado físico a las exigencias del paracaidismo militar. “Eso se logra los primeros 15 días con ejercicios que se complementan con la parte técnica. Todo eso se repite a diario y una vez que ellos pasan de fase, entonces ya están preparados para poder saltar de una nave en vuelo”, explica.
SALVAMENTO
“Normalmente estamos utilizando el Casa C212, que es una aeronave de transporte preparada para realizar todo tipo de lanzamientos, ya sea de personal como también de carga”, agrega.
Ya para el curso de Auxiliares DOMPAA (doblaje, mantenimiento de paracaídas y abastecimiento aéreo) “se le suma clases de natación porque el personal tiene que estar en condiciones de realizar un salvamento de un paracaidista en el agua, tiene que tener la capacidad de volver a recuperar el paracaídas en el agua, conocer el comportamiento de un velamen dentro de un río, un tajamar o de cualquier situación que se pueda presentar”, explica.
“De hecho que uno ya sabe en qué lugar le podría afectar el agua, dependiendo de la zona donde se va a saltar. Todo eso se prevé con estos entrenamientos y el saltador tiene que estar en condiciones de nadar para llegar a la orilla y estar a salvo”, apunta.
PRECISIÓN DEL DOBLAJE
El teniente Fernando Colmán apunta que “el doblaje es prácticamente una de las partes más importantes de todo el curso. Formamos acá profesionales en doblaje del paracaídas que involucra tanto el principal como de la reserva”, explica.
Señala que se trata de un doblaje estricto porque tenemos una sola oportunidad para saltar, se abre o no se abre, por ello, todos los saltadores llevan 2 paracaídas; uno principal que va por la espalda y una reserva en el caso de que por algún motivo exista alguna obstrucción en la apertura del paracaídas principal”, señala.
Explica a su vez que el paracaídas de reserva “lleva un doblaje mucho más especial que el principal, lo que consigue que se disminuya significativamente el riesgo, aunque sigue siendo una actividad de alto riesgo”.
REVISIÓN MINUCIOSA
La sargenta Carmen Vega, especialista en doblaje, cuenta que “todo es cuestión de técnica y habilidad” mientras va mostrando las fases del procedimiento. “Un paracaídas que fue usado es colgado e inspeccionado dos veces en primera instancia para después recién pasar al doblado y a partir de allí pasa por 5 fases con sus correspondientes inspecciones”, enseña.
El suboficial principal Freddy Acosta trabaja en el mantenimiento de un paracaídas auxiliar o de reserva: “Estos deben inspeccionarse cada 6 meses. Se los abre, se los cuelga, se los inspecciona, se los deja ventilar por 24 horas y después se procede al doblaje en un procedimiento muy minucioso que dura poco más de 2 horas”, explica.
Muestra a su vez que la mochila que contiene el velamen tiene un dispositivo electrónico de emergencia “que se abre automático en caso de que el paracaidista hubiera perdido el conocimiento y no abriera el paracaídas principal”.

