Unos 14.700 paracaidistas han egresado de la institución. “Celebrar su aniversario fortalece el espíritu de cuerpo, el orgullo de pertenecer y el sentido de hermandad entre paracaidistas militares”, resalta su comandante, el mayor Rafael Yegros. Aquí un repaso por historia y actualidad.

“El requisito básico para todo opera­dor especial, ya sea un per­sonal militar que será fuerza especial, uno que va a ser comando y todos los que van a hacer operaciones especia­les, tienen que sí o sí pasar por acá”, explica el mayor Rafael Yegros, comandante de la Escuela de Paracaidismo de la Fuerza Aérea Teniente Coronel Pablo Stagni.

Se trata de un entrenamiento importante, intenso y efi­caz, ya que en caída libre los paracaidistas pueden alcan­zar hasta los 250 kilómetros por hora después de haber saltado desde hasta 12 mil pies, unos 4.500 metros de altura. Una proeza que se completa al abrirse el para­caídas y poder descender con justeza en el objetivo nave­gando con precisión.

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El sargento 1.° Lino Armoa entrena con sus compañeros cómo ajustarse rápidamente los paracaídas, el central y el de emergencia, equipos que pesan unos 25 kilos en conjunto. “En una eventual misión también llevamos una mochila y el fusil”, dice. Cómo la mochila se lleva en el frente, a la altura de las pier­nas, deben entrenar también un procedimiento para libe­rarla antes de que el paracai­dista haga tierra.

Cuenta Fernando Colmán, teniente 1.° de Aviación e Infantería, que “el paracai­dismo es de hecho un deporte extremo y la diferencia que existe entre el ejercicio civil y el militar está enfocado en el combate, una situación de conflicto bélico ya que es un medio de infiltración de tropas que están listas para iniciar la acción una vez que pongan el pie en suelo”.

Teniente Fernando Colmán

Para ello, deben poder ser lan­zados en grupo desde un avión Casa C212, desde 1.200 pies, unos 350 metros de altura para un empleo rápido, sal­tando bastante cerca del obje­tivo. En este caso se utiliza un sistema en el que los paracai­distas están ligados a una cuerda sujeta al avión –cabo de ancoraje– y apenas saltan el paracaídas se despliega.

La otra posibilidad, como se mencionaba más arriba, es para misiones más difíciles que involucran la caída libre desde alturas que superan los 1.000 metros, cuando son capaces de planear por más de 10 kilómetros hasta alcanzar el objetivo. “Tene­mos capacidad de infiltra­ción y de hecho en años ante­riores cumplimos alguna misión de este tipo”, explica Colmán.

LUCHA CONTRA NARCOTRÁFICO

El mayor Yegros, que es diplo­mado de Comando de Estado Mayor (DCEM), recuerda que “el personal de la escuela de paracaidismo está en apresto operacional a requerimiento del comandante de la Fuerza Aérea. Cuando él requiere, se forma un equipo con nues­tros profesionales listo para actuar”.

Esta capacidad táctica para las infiltraciones es un ele­mento importante en las actividades militares actua­les. “Estamos preparados para apoyar la lucha contra el narcotráfico”, cuenta.

Luego explica el cuadro de situación: “Con las nuevas aeronaves y los radares que se adquirieron, se hace la interceptación de la aero­nave ilícita que ingresa al territorio. Pero como noso­tros no tenemos aprobada la ley de derribo, entonces lo que hacen ellos es intimi­dar y hacer que la aeronave o aterrice o salga del territo­rio nacional. Si llega a aterri­zar en el territorio nacional es donde nosotros estamos preparados para ser emplea­dos, por medio de helicóp­teros o también en un salto operacional de infiltración rápida”.

Sargento 1.° Lino Armoa

Otra tarea más común para los paracaidistas es inter­venir en la asistencia social cuando preparan, por ejem­plo, cargas de víveres para lanzar en cercanías de comu­nidades afectadas por inun­daciones o catástrofes.

El teniente Colmán recuerda: “Normalmente cuando la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) solicita el apoyo de la Fuerza Aérea, se realizan lanzamientos para las zonas afectadas, tarea que solemos encarar con el grupo de helicópteros”, cuenta.

“La última fue en el año 2020, justamente en una de las inundaciones que sufrió el sector de Chaco’i”, agrega. “Siempre tenemos paracaí­das doblados ante cualquier situación que requiere la uti­lización de ese medio de infil­tración”, memora.

Como actividad social, los paracaidistas de la escuela suelen participar en exhi­biciones de salto en todo el país. El comandante Yegros recuerda que “últimamente estuvimos en el Ñeembucú, en Pilar y Humaitá, y sole­mos asistir a los aniversarios de ciudades y nos tocó par­ticipar de la inauguración de los Juegos Panamerica­nos Junior Asunción 2025”, enumera.

ESCUELA MODELO

Desde su creación el 2 de marzo de 1966, la Escuela de Paracaidismo Teniente Coronel Pablo Stagni formó 14.742 paracaidistas, entre ellos 263 mujeres. “Forma­mos al año unos 350 para­caidistas militares. Esta ins­titución ha pasado de ser un centro de instrucción básica a convertirse en uno de los pila­res estratégicos de las Fuer­zas Armadas”, cuenta Yegros.

Mayor Rafael Yegros, comandante de la Escuela de Paracaidismo de la Fuerza Aérea

“La institución es de mucha relevancia no solo para la Fuerza Aérea sino para todas las Fuerzas Armadas de la Nación porque forma­mos a todos los paracaidis­tas del Ejército, la Armada, del Comando Logístico”, destaca.

“Desde sus primeros días, la unidad de formación estable­ció un riguroso sistema de adiestramiento, basado en preparación física, instruc­ción técnica y disciplina ope­rativa. Cada etapa del proceso formativo estuvo diseñada para garantizar estándares elevados y un desempeño pro­fesional en todo momento”, señala.

EVOLUCIÓN

El comandante recuerda que “los primeros instruc­tores se formaron en Brasil y brindaron el primer curso de paracaidismo con el que se creó la escuela. Sesenta años atrás los equipos no eran los mismos, la meto­dología de enseñanza tam­bién evolucionó muchí­simo. Esto es todo lo que concierne a la operación aeroterrestre, es como la medicina, siempre va evolu­cionando en medios y en los conocimientos que el per­sonal adquiere”, comenta.

Los paracaidistas son entrenados para activar en operativos de combate

Explica que los más impor­tantes cuadros de la escuela, sus instructores, en mayo­ría fueron becados y entre­nados en países como Brasil y Estados Unidos, “que son referentes en el paracai­dismo militar”. De hecho, el propio Yegros viaja en estos días en un grupo de 24 militares paraguayos de élite a un curso de perfec­cionamiento en Brasil.

El comandante cele­bra: “Estamos recibiendo alumnos del extranjero que vinieron desde la Fuerza Aérea del Uruguay a formarse con nosotros. El nivel de enseñanza que tenemos aquí está equipa­rado con los de la región, ya no tenemos nada que envi­diarle a Brasil, por ejemplo, estamos entre los primeros de Sudamérica en cuanto a la formación y conocimien­tos”, destaca.

Varios de los egresados de la escuela cuentan con el récord nacional de grandes formaciones en caída libre y participan en competen­cias internacionales, “desta­cándose siempre por su muy buen desempeño”, apunta.

SIMULADOR VIRTUAL

En un salón, un paracai­dista entrena en el simu­lador una caída libre y su posterior navegación. Con un casco de realidad vir­tual, el ejercicio le permite ir acomodando el cuerpo haciendo foco en el obje­tivo. “Esta es una especiali­zación para la gente ya más preparada, que van a hacer infiltraciones, que están formadas, que ya tienen curso de fuerzas especia­les, de comando”, explica Yegros. “Ellos ven ahí como si fuera que están nave­gando con el paracaídas, se les pone un punto donde tienen que aterrizar y ellos van hacia el objetivo, ahí se les puede programar hasta la intensidad del viento y todo”, apunta.

Acto conmemorativo por los 60 años

“La institución nació con el propósito de organizar, dirigir y desarrollar la ins­trucción especializada para la preparación integral de tropas paracaidistas, y hoy es un símbolo de identidad, tradición, sacrificio y exce­lencia profesional para el país”, concluye señalando.

Simulador virtual con que cuenta la escuela
Formación de tropa de paracaidistas

REQUISITOS Y EXIGENCIAS

Inicialmente el postulante al curso básico de Paracaidismo Militar “tiene que ser militar, mayor de edad, buenas condiciones físicas y de salud, para lo que se requieren algunos estudios médicos para poder realizar las pruebas físicas”, cuenta Fernando Colmán, teniente 1.° de Aviación e Infantería.

El instructor recuerda que los hom­bres tienen que poder subir a la soga de 4,20 metros de altura sin ayuda de las piernas. La exigencia para las mujeres solo cambia en la altura que, este caso, será de 3,20 metros. Tienen también que cumplir ciertas marcas en salto tanto largo como alto y correr 5 kilómetros en menos de 25 minutos los hombres y 27 minutos las mujeres.

Habiendo cumplido el 100 % de este examen recién pasan al entrena­miento que busca ajustar el estado físico a las exigencias del paracai­dismo militar. “Eso se logra los pri­meros 15 días con ejercicios que se complementan con la parte técnica. Todo eso se repite a diario y una vez que ellos pasan de fase, entonces ya están preparados para poder saltar de una nave en vuelo”, explica.

SALVAMENTO

“Normalmente estamos utilizando el Casa C212, que es una aeronave de transporte preparada para realizar todo tipo de lanzamientos, ya sea de personal como también de carga”, agrega.

Ya para el curso de Auxiliares DOM­PAA (doblaje, mantenimiento de para­caídas y abastecimiento aéreo) “se le suma clases de natación porque el personal tiene que estar en condicio­nes de realizar un salvamento de un paracaidista en el agua, tiene que tener la capacidad de volver a recuperar el paracaídas en el agua, conocer el com­portamiento de un velamen dentro de un río, un tajamar o de cualquier situa­ción que se pueda presentar”, explica.

“De hecho que uno ya sabe en qué lugar le podría afectar el agua, depen­diendo de la zona donde se va a saltar. Todo eso se prevé con estos entrena­mientos y el saltador tiene que estar en condiciones de nadar para llegar a la orilla y estar a salvo”, apunta.

PRECISIÓN DEL DOBLAJE

El teniente Fernando Colmán apunta que “el doblaje es prácticamente una de las partes más importantes de todo el curso. Forma­mos acá profesionales en doblaje del paracaí­das que involucra tanto el principal como de la reserva”, explica.

Señala que se trata de un doblaje estricto por­que tenemos una sola oportunidad para saltar, se abre o no se abre, por ello, todos los saltado­res llevan 2 paracaídas; uno principal que va por la espalda y una reserva en el caso de que por algún motivo exista alguna obstrucción en la apertura del paracaídas principal”, señala.

Explica a su vez que el paracaídas de reserva “lleva un doblaje mucho más especial que el principal, lo que consigue que se disminuya significativamente el riesgo, aunque sigue siendo una actividad de alto riesgo”.

REVISIÓN MINUCIOSA

La sargenta Carmen Vega, especialista en doblaje, cuenta que “todo es cuestión de téc­nica y habilidad” mientras va mostrando las fases del procedimiento. “Un paracaídas que fue usado es colgado e inspeccionado dos veces en primera instancia para después recién pasar al doblado y a partir de allí pasa por 5 fases con sus correspondientes inspec­ciones”, enseña.

El suboficial principal Freddy Acosta trabaja en el mantenimiento de un paracaídas auxi­liar o de reserva: “Estos deben inspeccionarse cada 6 meses. Se los abre, se los cuelga, se los inspecciona, se los deja ventilar por 24 horas y después se procede al doblaje en un proce­dimiento muy minucioso que dura poco más de 2 horas”, explica.

Muestra a su vez que la mochila que con­tiene el velamen tiene un dispositivo elec­trónico de emergencia “que se abre automá­tico en caso de que el paracaidista hubiera perdido el conocimiento y no abriera el paracaídas principal”.

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