Con una simple naranja, un hombre ayudó a mantener comunicado a todo el Paraguay. Esta es la historia de Saturio Ríos, el primer telegrafista de nuestro país.

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Saturio Ríos nació un 2 de octubre de 1846 en Capilla-cué, San Lorenzo

Durante la guerra contra la Triple Alianza, Paraguay poseía el sistema de comunicación más rápido del Río de la Plata: el telégrafo, que permitía transmitir con rapidez y a distancia mensajes codificados. El Gobierno había adoptado el famoso sistema morse. Aquellos alambrados tendidos tan alto, que superaban los 400 kilómetros de recorrido, según narran las crónicas de la época, eran desconocidos para los argentinos. A medida que avanzaba el ejército enemigo, Paraguay se quedaba sin insumos clave para mantenerlo en funcionamiento. Ya no había forma de importar o producir.

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Un 16 de octubre de 1864 se inauguró el primer tramo del telégrafo paraguayo. Unía Villeta con Asunción

La pérdida de comunicación era inminente. Fue entonces cuando apareció el ingenio de un joven telegrafista. Saturio logró aislar el ácido del jugo del apepú o naranja agria, y así mantuvo la comu­nicación telegráfica directa entre los puestos de comando. Y no solo eso, también inventó un sencillo aparato de transmisión que ni siquiera necesitaba papel. Su valioso aporte para mantener informados a los cuarteles le valió el grado de teniente honorario y la condecoración de la Orden Nacional del Mérito.

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Calle Saturio Ríos, en su intersección con José Berges. Asunción

La historia de las telecomunicaciones en Paraguay comenzó con la instalación del telégrafo. Ya pasaron 162 años del primer telegrama enviado y, actualmente, la comu­nicación sigue evolucionando.

Porque si algo demuestra la historia es que en Paraguay siempre se buscó la forma de man­tenerse comuni­cado. No por nada una de las arte­rias más impor­tantes de San Lorenzo y una pequeña calle de Asunción llevan el nombre de este gran héroe.

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