- Gonzalo Cáceres
- Periodista
- Foto: Gentileza
Durante siglos fue la fe de reyes y campesinos. Modeló imperios, inspiró ideas sobre el más allá y dejó huellas que algunos estudiosos creen reconocer en otras grandes tradiciones religiosas. Aunque hoy sus seguidores se cuentan por unos cientos, la herencia de Zaratustra es enorme. ¿Qué hizo de esta una experiencia espiritual tan influyente y, al mismo tiempo, tan singular?.
En el mapa de las religiones del mundo, hay tradiciones que nacieron ayer y otras cuyas raíces se pueden rastrear en los albores de la civilización. El zoroastrismo pertenece a este segundo grupo. Sus orígenes se hunden en un tiempo tan remoto que todavía hoy los especialistas discuten fechas, influencias y etapas.
Se trata de uno de los primeros dogmas en proponer que cada ser humano participa, con sus decisiones del día a día, en una batalla cósmica, porque habla de responsabilidad, esperanza y de la convicción de que el bien prevalecerá sobre el mal.
EL PROFETA
La tradición arranca con la predicación de Zaratustra (helenizado “Zoroastro”). Para los creyentes fue un reformador inspirado; para la historia comparada, una figura compleja; probablemente real, pero envuelta en capas de memoria, mito y leyenda.
No hay acuerdo sobre cuándo vivió. Algunos investigadores lo ubican en algún lugar de la actual meseta iraní, muchos siglos antes de los grandes imperios persas; otros hablan de fechas más cercanas a ese período (la discusión es intensa porque de ella dependen las conexiones con otros pueblos del Cercano Oriente).
Donde sí hay consenso es que los himnos más antiguos atribuidos al profeta Zaratustra muestran un lenguaje arcaico y una práctica que rompe con todo lo anterior, porque es una de las primeras confesiones monoteístas de la historia conocida de la humanidad.
SABIDURÍA Y DESTRUCCIÓN
En el corazón de la fe zoroastriana aparece Ahura Mazda, el Señor Sabio. Es el creador, fuente de luz y garante del orden del universo. Su antagonista, Angra Mainyu, es el “espíritu atormentador” que inspira caos, violencia y mentira. Se tiende a presentar como una suerte de dualismo, pero no. No son fuerzas iguales (el mal tiene un tiempo limitado y será finalmente derrotado).
ÉTICA Y ESPIRITUALIDAD
Si hubiera que resumir la ética y espiritualidad zoroastriana, sería esta tríada famosa: “Buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones”.
Pensar bien implica orientar la mente hacia la verdad, hablar bien exige que la palabra sea confiable y actuar bien traduce esa coherencia en hechos. El zoroastriano cree que, bajo este paradigma, se convierte en colaborador activo del orden cósmico.
El símbolo más representativo del zoroastrismo es el fuego. Pero no como adoración al elemento, sino como presencia de sabiduría y pureza. En los templos, la llama se mantiene viva como recordatorio permanente de esa claridad. La preocupación por la pureza se extiende a la vida diaria: tierra, agua y aire deben ser protegidos de la contaminación.
MEMORIA SAGRADA
De tradición oral, las enseñanzas de Zaratustra se preservan en un conjunto de textos conocidos como el Avesta. Dentro del Avesta, las Gathas ocupan un lugar especial (son los himnos poéticos atribuidos al propio profeta). En ellos se atestigua la voz que interpela, que llama a elegir, que insiste en la urgencia de la decisión moral.
El zoroastrismo alcanzó dimensión imperial en tiempos de Ciro el Grande y Darío I. En inscripciones y monumentos, los soberanos agradecen a Ahura Mazda por el poder y los favores recibidos.
Sin embargo, aquellos imperios fueron conocidos por su relativa tolerancia. Los pueblos sometidos podían mantener sus creencias, lo que dio pie a una fuerte interacción cultural. Siglos después, bajo Ardashir I, la religión adquirió una organización definida. Se fortaleció el clero, se alinearon tradiciones y se consolidó una identidad frente a rivales políticos y espirituales.
¿QUÉ HAY DESPUÉS?
Los zoroastrianos entienden que la existencia no termina con el último aliento. Tras la muerte, el alma enfrenta un juicio (idea central que perdura en las grandes religiones abrahámicas).
La tradición describe el cruce de un puente que separa a justos e injustos: para unos se ensancha y conduce a la dicha; para otros se vuelve angosto y cae hacia la oscuridad, el olvido. Y, más adelante, al final de los tiempos, llegará una renovación universal.
Siempre en lo atribuido a Zoroastro, el mal será vencido, los muertos resucitarán y el mundo recuperará su perfección original. La historia, por tanto, tiene dirección.
PERSISTENCIA
Como las fuentes bíblicas mencionan, hubo comunidades judías que vivieron bajo dominio persa durante el cautiverio en Babilonia, por lo que se da como confirmado el contacto prolongado entre las formas más antiguas de ambas creencias.
Los especialistas entienden que en ese clima circularon ideas que luego se integraron, con rasgos propios, en el pensamiento judío. Si ciertas concepciones ingresaron en el judaísmo del Segundo Templo, es lógico que algunas reaparezcan en el cristianismo y en el islam.
La lucha entre fuerzas del bien y del mal, la presencia de espíritus intermedios (ángeles), la esperanza de un final restaurador: elementos comunes en el paisaje religioso del Cercano Oriente en la antigüedad. Más que influencias directas, muchos estudiosos hablan de un clima compartido de expectativas (la imagen de un adversario del plan divino, la resurrección y la visión del juicio final).
HISTORIA RECIENTE
La expansión islámica cambió profundamente al zoroastrismo. Con el tiempo, el número de fieles disminuyó. Una buena parte migró hacia la India (comunidad parsi), pero otros permanecieron en su tierra de origen donde, de acuerdo a épocas, sucesos y figuras, sufrieron persecución, conformando comunidades marginadas y alejadas de todo centro de toma de decisiones.
Sin embargo, los zoroastrianos mantienen tradiciones (iniciación Navjote y ritos funerarios como las Torres del Silencio), calendarios festivos (Nowruz, Año Nuevo persa; el festival del fuego Sadeh y las seis celebraciones estacionales Gahambars) y templos. A pesar de ser minoría, su identidad es fuerte. Se autoperciben como guardianes de una herencia milenaria.
Quien conversa con practicantes actuales encuentra una insistencia repetida: Zaratustra invita a mejorar el mundo aquí y ahora.
La salvación no es evasión, sino compromiso. La honestidad, la caridad, el trabajo responsable, el respeto por la naturaleza son formas de colaborar con el triunfo final del bien. De esta manera, no hay separación radical entre vida espiritual y social.
El interés académico por el zoroastrismo continúa creciendo. Nuevas lecturas, hallazgos arqueológicos y comparaciones enriquecen su estudio y comprensión. Cada avance permite entender mejor cómo las ideas viajan, se transforman y reaparecen en contextos inesperados; pero más allá de los estudios, permanece el núcleo sencillo que proclamaba el viejo profeta: elegir la verdad importa.