Sonia Karnani, una joven paraguayo-taiwanesa divulgadora de la cultura china, habla sobre la profunda simbología de la festividad oriental que se termina de celebrar este martes y sobre su trabajo desde Paraguay en la enseñanza del mandarín y como puente entre ambas culturas. En la última semana, formó parte de la celebración del Año Nuevo chino más grande del continente, en Buenos Aires, como presentadora y representante de la comunidad paraguayo-taiwanesa.
- Por Jimmi Peralta
- Fotos Gentileza
El pasado martes 17 de febrero arrancaron las celebraciones del Año Nuevo chino, una festividad cargada de simbolismos, tradiciones, comida y familia que moviliza a cerca de un quinto de la población mundial durante dos semanas.
Si entendemos al mundo como todo lo que se entiende de él, Oriente y Occidente son dos mundos con algunos puntos en común. Esta disparidad muchas veces velada por la distancia y los prejuicios hoy se muestra y comparte, y en la bandera de la diversidad cultural ambos mundos se conocen, descubren y valoran.
Para conocer más de esta tradicional festividad, El Gran Domingo de La Nación conversó con la joven paraguayo-taiwanesa que trabaja en redes sociales como divulgadora de la cultura china, además de enseñar mandarín y construir puentes entre ambas culturas.
–¿Cuál es la diferencia en la forma de contar los años y en el inicio de cada año entre Occidente y China?
–La diferencia nace de nuestra relación con la naturaleza. Mientras Occidente se rige por el calendario gregoriano (solar), en Oriente nos guiamos por el calendario lunisolar, conocido como el calendario agrícola (農民曆). Este no solo mide el tiempo, sino que marca los ritmos de la siembra y la cosecha. Por eso, el Año Nuevo chino fluctúa: siempre espera a la segunda luna nueva tras el solsticio de invierno. Es, en esencia, un festival de primavera y renovación.
ENERGÍA ARROLLADORA
–¿Qué año termina y qué año comienza en números y dentro del horóscopo chino?
–Según el calendario chino, este año es el 4724. Esto se basa en un sistema de ingeniería ancestral donde combinamos 12 animales con 5 elementos vitales (madera, fuego, tierra, metal y agua), creando un ciclo sexagesimal de 60 años. Cumplir 60 años en nuestra cultura es sagrado; es completar una vuelta entera al cosmos. En este momento, nos despedimos de la Serpiente de Madera, símbolo de inteligencia profunda y crecimiento estratégico. Ahora, la mirada se posa en el 2026, el año del Caballo de Fuego. Es un evento que ocurre solo una vez cada seis décadas La unión de la libertad del Caballo con la purificación del Fuego traerá una energía arrolladora, ideal para dar un impulso definitivo a esos proyectos que han estado en pausa.
–La celebración no termina en un día. ¿Cuál es el motivo por el que la tradición establece la extensión de estas fiestas?
–La celebración no se agota en un solo día porque la gratitud y los lazos familiares no se pueden apresurar. Se trata de un viaje de purificación que nace en la Víspera, con el reencuentro del núcleo familiar en la cena de reunión, y se extiende por 15 días. Es un tiempo dedicado a cerrar ciclos con honor y a predisponer el espíritu para recibir la abundancia con una energía renovada.
–Existen ritos para el día previo y los posteriores. ¿Podrías explicarnos qué simbolizan las principales tradiciones?
–Cada día de festividad actúa como un peldaño sagrado hacia la abundancia. Estos son los momentos que definen nuestra transición:
+ Víspera (Wéilú - 圍爐): es la noche del reencuentro. Nos reunimos en torno a la mesa para honrar nuestras raíces y fortalecer el núcleo familiar.
+ Día 1: dedicado a recibir a las deidades. Es un día de quietud donde evitamos limpiar o barrer; hacerlo simbolizaría “espantar” la fortuna que acaba de entrar a casa.
+ Día 2: las hijas casadas regresan al hogar paterno. Este gesto es vital para nutrir los lazos del linaje y mantener la unión entre generaciones.
+ Día 5 (Chu wǔ): celebramos el nacimiento del Dios de la Fortuna. Los negocios abren sus puertas entre el estruendo de petardos, un sonido diseñado para despertar la abundancia y atraer el éxito comercial.
* Día 15: cerramos con el Festival de las Linternas. Al soltarlas al cielo, simbolizamos que nuestros deseos y aspiraciones finalmente encuentran su camino hacia el universo. Lo más fascinante de nuestra cultura es que el enfoque siempre es la prosperidad tangible. Por eso, más que un simple feliz Año Nuevo, nuestra invitación es el Gōngxǐ fācái (恭喜發財), un deseo profundo de que logres expandir tu riqueza y ver florecer tus proyectos.
LA SIMBOLOGÍA DEL ALIMENTO
–¿Qué simbolismo tienen la comida y el dinero en estas creencias?
–En nuestra cultura, la comida es un lenguaje de intenciones. Cada plato tiene un propósito basado en su forma o en el sonido de su nombre:
- Pescado entero (Yú): suena igual a “abundancia”. El mensaje es que siempre tengamos un excedente al final del año.
- Empanaditas chinas (Jiǎozi): su forma se asemeja a los antiguos lingotes de oro.
- Arrolladitos de primavera (Chūnjuǎn): representan barras de oro por su color dorado y forma cilíndrica.
- Pastel de arroz (Niángāo): simboliza el progreso y el ascenso anual (crecer cada año).
- Bolas de arroz glutinoso (Tāngyuán): al ser redondas, simbolizan la armonía y la unidad familiar.
Este simbolismo se completa con los sobres rojos (Hóngbāo). Lo importante no es la cantidad de dinero, sino el deseo de protección que fluye de los mayores hacia los menores. Creemos en la circulación de la energía: para recibir abundancia, primero hay que dar con generosidad.
–¿Cómo vive Taiwán el Año Nuevo de Occidente?
–Taiwán abraza ambos mundos. Celebramos el 31 de diciembre con fuegos artificiales globales –el edificio Taipéi 101 es un ícono internacional–, pero nuestra esencia late en el Año Nuevo lunar. Es una convivencia armoniosa: mantenemos los ritos tradicionales y el respeto por los feriados hasta el quinto día. Aunque avancemos hacia el futuro, nuestras raíces se mantienen firmes.
–¿En qué momento pasa de ser una celebración íntima a una comunitaria?
–La celebración comienza en la intimidad del hogar con la cena de la víspera. Sin embargo, a medida que avanzan los días, se vuelve comunitaria. Especialmente en el quinto día (Chu wǔ), con la apertura oficial de los comercios, y en el decimoquinto día con el Festival de las Linternas. En Paraguay, es común que las representaciones diplomáticas y el templo budista realicen visitas y saludos de Año Nuevo a los comercios locales, llevando bendiciones a toda la comunidad.
“HOY COMPRENDO QUE SER PUENTE ES MI NATURALEZA”
Sonia Karnani se define como mestiza, una mezcla de las culturas de sus padres y del mundo paraguayo que la circunda.
Nació en Paraguay hace poco más de 38 años, su padre es de la India y su madre de Taiwán. Hoy desarrolla múltiples actividades en los territorios culturales de sus tres países internos. Divulgando, traduciendo y viviendo, ella se siente un puente entre estos mundos. En la última semana formó parte de la celebración del Año Nuevo chino más grande del continente, en Buenos Aires, como presentadora y representante de la comunidad paraguayo-taiwanesa.
“Soy mestiza: India, Taiwán y Paraguay. Durante mucho tiempo busqué pertenecer a un solo lado, pero hoy entiendo que mi identidad no es una frontera, sino un horizonte. Soy una mujer completa que habita varias dimensiones: la disciplina de Taiwán, la profundidad espiritual de la India y la calidez resiliente del Paraguay. En la escuela paraguaya me sentía extranjera y con mis amigos orientales me sentía paraguaya; hoy comprendo que ser puente es mi naturaleza. No soy ‘mitad y mitad’; soy una identidad única con total fluidez y ese es mi mayor regalo”, refiere Sonia.
Ella trabaja en la divulgación de la cultura china a través de plataformas virtuales, una misión que nació en 2023 cuando se postuló a embajadora de buena voluntad ante la Comisión de Compatriotas de Ultramar de Taiwán.
“Estas naciones convergen de forma orgánica. Puedo estar analizando un texto en mandarín con la disciplina académica que aprendí en Taiwán, mientras tomo un tereré y siento esa calidez tan propia del paraguayo. Mi día a día es una traducción constante, no solo de palabras, sino de sentimientos y valores”, explica.
Sonia estudió en la Universidad Nacional Normal de Taiwán, hizo un máster en Administración y Negocios en Brasil, y una maestría en traducción en España. Actualmente, es intérprete diplomática y docente, pero su rol central es, según dice, ser directora de Gestión Operativa y Comunicación Estratégica del Templo Fo Guang Shan en Paraguay.
“Me gusta decir que la única constante es el cambio. Con la globalización, esa curiosidad hacia Oriente ha dejado de ser superficial para volverse genuina. Pero hay algo más profundo, al sumergirnos en nuevos idiomas y cosmovisiones, no solo aprendemos sobre el ‘otro’, sino que logramos comprendernos mejor a nosotros mismos. Estudiar mandarín y su cultura es un ejercicio de empatía y compasión; nos permite ver el mundo con ojos nuevos y construir puentes”, asevera.
Una de sus metas para este año es impulsar a más jóvenes paraguayos a conquistar las becas MOFA, ICDF y HUAYU. “El mandarín no es solo un idioma, es un pasaporte al mundo. Mi trabajo no es solo enseñar un idioma, sino entregar una llave que abra puertas que antes parecían cerradas”, asegura.
“Estoy convencida de que el talento paraguayo es un diamante en bruto; mi papel como docente e intérprete es brindarles la plataforma necesaria para que ese potencial pueda brillar. Al final del día, mi misión es que, a través de la cultura, logremos vernos a los ojos y comprender que todos compartimos los mismos sueños de prosperidad, armonía y paz”, concluyó.