El pasado lunes 2 de febrero falleció, a los 91 años de edad, el sacerdote jesuita Jesús Montero Tirado, dejando en el país un testimonio de vida vinculado con la educación y la fe que se registran a través de proyectos, libros e iniciativas que demuestran la amplia visión de su misión pastoral.

  • Por Jimmi Peralta Periodista
  • Fotos Archivo

Nacido en España, Montero Tirado llevó adelante su misión en Paraguay por más de 50 años, una labor religiosa vinculada con la educación y la comunicación, desde la práctica, pero fundamental­mente desde un trabajo teó­rico y reflexivo, abogando por una educación integral, ética y con valores. Formó parte del Consejo Nacional de Edu­cación y Cultura, que pensó la educación paraguaya de la posdictadura desde nue­vos paradigmas y poniendo al alumno como el centro del proceso educativo.

La labor intelectual y reflexiva del sacerdote se encuentra documentada en artículos, libros y materiales de divul­gación creados a lo largo de su vida. Se destaca, entre otros aspectos, el ropaje teórico con el que acompañaba su defensa de la visión humanista del proceso de enseñanza-aprendizaje y la relevancia que tiene la mirada integral del ser humano, inclu­yendo la espiritualidad.

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Entre los reconocimien­tos recibidos a lo largo de su vida, se destacan el otorgado por la Honorable Cámara de Diputados, la Orden Nacio­nal al Mérito Comuneros, por su “extraordinaria labor en los campos social, educativo, cultural y periodístico”.

INICIOS

Jesús Montero Tirado (Cór­doba, España 10/02/1934 – Asunción, Paraguay 02/02/2026) ingresó a la Compañía de Jesús el 24 de octubre de 1951, en el Novi­ciado del Puerto de Santa María, Cádiz (España). Se ordenó sacerdote el 12 de julio de 1965 en Granada (España). Pronunció los últimos votos el 15 de agostos de 1970 en Sevilla (España).

Se formó como licenciado en Teología, fue profesor de Humanidades Clásicas. Su labor divulgativa lo acercó a la comunicación a través de medios, para lo que obtuvo el título profesional de radio y televisión, y guionista de TV. Fue jefe del Departamento de Medios de Comunicación Social en la Universidad de Gra­nada, encargado de la Oficina de Prensa de las Asambleas de la Conferencia Episcopal Espa­ñola, entre otros cargos.

MISIÓN EN PARAGUAY

A mediados de la década del 70, Montero Tirado llega al país y desde ese momento inicia un camino que incluye una larga lista de actividades como profesor de la Univer­sidad Católica, en Teología, Psicología, Pedagogía, Socio­logía y Comunicación Social. Director del colegio Cristo Rey (1976-1978), periodo en el que le tocó un delicado papel al frente del colegio durante y después de la intervención dispuesta por la dictadura de Alfredo Stroessner.

Rector del colegio Técnico Javier, rector del colegio Cristo Rey, miembro del Con­sejo de la Reforma Educativa del Ministerio de Educación y Cultura, director del Cen­tro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch, director general del colegio Técnico Javier, director ejecutivo de la Asociación de Colegios y Escuelas de la Compañía de Jesús en Paraguay, cofunda­dor y presidente del Consejo de Paideia, oenegé dedicada a la educación y nuevas tecno­logías, a través del Instituto de Informática Educativa del Paraguay.

“SE PUEDE DECIR QUE SE ENAMORÓ DEL PARAGUAY Y DE SU GENTE”

“Jesús Montero llegó al Paraguay todavía siendo joven, un sacerdote relativamente joven, y se quedó en el país. Nosotros los jesuitas tenemos como pertenencia a una provincia o a otra. Él pertenece a nuestra Provincia Jesuítica del Paraguay. Tal vez se puede decir que se enamoró del Paraguay y de su gente, y fue por eso también que se comprometió tanto, se metió, peleó, sufrió, con todo lo que vio y la situación en que estamos en la educación”, recuerda el sacerdote jesuita Alberto Luna sobre los aportes y acciones de Montero Tirado en nuestro país.

A lo largo de los años, ambos coincidieron dentro de la Compañía de Jesús, algunas veces compartiendo puntos de vista y otras veces desde miradas divergentes, pero para Luna el compromiso del Montero con el país deja testimonios que marcan su legado.

“El padre Montero, en cuanto a su aporte teó­rico, tiene, me parece, una relevancia impor­tante. Se puede decir a nivel nacional que fue una persona que tuvo un aporte significativo en la elaboración del plan de reforma educa­tiva de los años 90”, comenta.

“Y él también fue un teórico muy importante en la elaboración a nivel jesuítico continen­tal, fue un teórico muy relevante a la hora de la elaboración de lo que nosotros los jesuitas llamamos el paradigma pedagógico igna­ciano. Es decir, el modo en que los jesuitas entendemos el proceso educativo. Él estuvo a nivel de América Latina influyendo mucho en la elaboración de ese marco teórico para la educación de los jesuitas y también él aportó mucho para la visión de la educación católica”, agregó.

En ese marco, Luna también recordó acciones puntuales como la creación de los cineclubes infantiles y juveniles a finales de la década de los 70, donde se conjugaban su labor educa­tiva a través del arte, la reflexión y la comu­nicación; además, ayudó desde lo teórico a instituciones, fundaciones, organizaciones no gubernamentales, desde la mirada de los prin­cipios éticos.

PROYECCIÓN DE FUTURO

“Como jesuita, el padre Montero estuvo muy interesado en la creación de la obra Fe y Alegría para escuelas en sectores popula­res. Aunque no fue el ejecutor del inicio, fue una persona que impulsó mucho la idea, el proyecto de que ese programa Fe y Alegría pudiera iniciarse en Paraguay. También era un hombre con una visión muy vinculada a lo que estaba pasando a nivel de educación y veía la proyección de futuro, en el sentido de que tra­bajó mucho con el tema de informática educa­tiva”, agregó.

Luna se refiere a Montero Tirado como alguien muy creativo y productivo, alguien con una visión propia, que podría tener detractores, como todos, pero su postura crí­tica sobre la situación de la educación podría haber generado respuestas.

“La educación le preocupaba mucho, porque la educación era un factor decisivo a la hora de hablar de equidad, de justicia y de futuro para la gente en el país”, explicó.

Desde la comunidad jesuita agradecen la vida y vocación del padre Jesús, al que nom­bran como un “gran compañero”, y celebran su testimonio de “incansable dedicación a la misión”.

“Su compromiso y su amor hacia el Paraguay es innegable, es indiscutible. A pesar de los límites que pueda tener, que algunos pue­dan discutir su visión teórica y estar en des­acuerdo con la manera en que últimamente se posicionó. Creo que no se le puede negar el mérito de que entregó todo lo que pudo por el país, por la educación, por la gente, como jesuita, y con sus límites, que evidentemente quién no los tiene. Sin duda fue un hombre comprometido con el Paraguay y con la causa de la educación, y que se jugó por esa causa”, concluyó Luna.

POSICIÓN FIRME

En los últimos años el padre Montero Tirado volvió a cobrar notoriedad por su abierta opo­sición al proyecto de transformación educa­tiva, que a su criterio fue un programa hecho a distancia sin consideración de la realidad local, de sus metas, necesidades y creencias. En efecto, es autor del libro “Por qué recha­zamos el plan de transformación educativa. En defensa de los hijos, la familia y el bien común”.

En la que fue su última presencia en nuestro estudio, en el programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, criticó tajantemente que se haya excluido a las universidades paragua­yas de la elaboración del plan de transforma­ción educativa e insistió en la necesidad de un enfoque interdisciplinario en el proceso escolar.

“Para mí uno de los problemas que tiene el Plan Nacional de Transformación Educativa es que ha prescindido de las universidades de Paraguay. Se ha preferido consultar con dos universidades extranjeras, la Colum­bia de Nueva York y la Pontificia Católica de Chile. Y ni siquiera les ha convocado cuando ha necesitado ayuda profesional a las uni­versidades, sino que ha preferido contra­tar a oenegés para que le ayuden a procesar ciertos temas dentro de todo el proceso. Es decir, las universidades están marginadas y en el plan, que se llama plan de transforma­ción de la educación, en realidad no es de la educación, sino de algunos aspectos de la educación escolar.

Porque no hay ningún plan para la transfor­mación de las universidades, ni para la trans­formación de los institutos superiores, ni para la transformación de los institutos téc­nicos superiores. Para poner en otro campo, que no es el universitario, tampoco incluye la transformación para la educación campe­sina y rural, que está exigida por el artículo 115 inciso 13 de la Constitución y el 79 de la Ley Orgánica. No hay ninguna alusión para la transfor­mación de la educación para la coo­peración, exigida por el artículo 73 y el 103 de la Constitución, etc.”, había aseverado.

–Ha sido una cultura prác­ticamente de este país olvidar a la universidad a la hora de las reflexio­nes, ¿no?

–Sí, la univer­sidad tiene mucho que hacer. Está lejos del ideal de universidad de estos tiem­pos, sobre todo en países de vanguardia. No nos podemos comparar, ¿verdad? Hay méri­tos y hay facultades dentro de las universida­des privadas que están consiguiendo cosas importantes. Pero en general la mayoría de las universidades, las 50 y tantas que existen, muchas de ellas, como es conocido popular­mente, se les llama universidades de garaje porque no responden, no tienen campus, no tienen bibliotecas, no tienen los recursos téc­nicos. Incluso en la pedagogía interna, dentro del proceso de formación profesional, están siendo débiles porque es conocido que están regalando títulos, algunas de ellas a cambio de cuotas. No tienen exigencia con rigor acadé­mico a la hora de la evaluación y por eso están saliendo profesionales de muy baja calidad.

–¿Cómo se cambia el estado de la situación de las universidades en esas condiciones?

-Yo creo que la organización del ministerio, que es el último responsable lógicamente de todos los niveles de la educación, el Viceminis­terio de Educación Superior, están suficien­temente definidas sus identidades, su natu­raleza, sus funciones. Y el Cones, que es el Consejo Nacional de Educación Superior, las dos instituciones responsables de la vigilan­cia, acompañamiento, estímulo, en fin de la planificación universitaria junto con la Aneaes, que es la que garantiza la acreditación. En fin, no sé si trabajan conjuntamente y tienen unas políticas definidas. La política universitaria es desconocida. En general la administración pública del nivel universitario tiene deficien­cias fundamentales.

–Una mala universidad es una siembra muy peligrosa para el futuro, ¿no?

–Claro, por eso es urgente incluirla en un plan de transformación de la educación, puesto que las unidades son parte fundamentalí­sima de la educación del país. Lo correspon­diente es que se hubiera planificado la transformación de las univer­sidades, pero no solo no se ha planifi­cado, no se les ha llamado ni siquiera a ela­borar el plan de transfor­mación que se ha hecho, es decir, una mar­ginación total por parte de los responsa­bles del Plan Nacional de Transformación Educativa con respecto a la educación uni­versitaria y de los institutos superiores.

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