• Juan Carlos Dos Santos G.
  • juancarlos.dossantos@nacionmedia.com
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El Ph. D. Narushige Michishita, vicepresidente ejecutivo del National Graduate Institute for Policy Studies (GRIPS), una de las instituciones académicas más prestigiosas de Asia en materia de políticas públicas y seguridad internacional, ofrece una mirada serena pero contundente sobre el actual escenario regional, marcado por el crecimiento militar y tecnológico de China, la amenaza nuclear de Corea del Norte y la fragilidad del equilibrio estratégico en torno a Taiwán.

Contrariamente a los discursos alarmistas, el académico japonés, especialista en geopolítica de Asia Oriental y profundo conocedor de la península coreana, fue claro al señalar que no existe un peligro inmediato de guerra en la península coreana. Corea del Norte posee actualmente alrededor de 50 armas nucleares y cerca de 700 misiles, de los cuales unos 300 tienen alcance suficiente para llegar a Japón. Sin embargo, este poder no se traduce automáticamente en una amenaza inminente.

Según Michishita, Corea del Sur cuenta hoy con una capacidad militar superior a la del Norte, lo que actúa como un fuerte factor disuasivo. Este equilibrio se refleja también en los presupuestos de defensa: Japón ocupa el décimo lugar mundial en gasto militar y Corea del Sur el undécimo, una señal clara del poder defensivo combinado de ambos países.

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Un dato político relevante es la declaración del líder norcoreano Kim Jong-un en noviembre de 2024, cuando afirmó que ya no busca la reunificación con Corea del Sur. Este giro revela un cambio estratégico profundo.

Narushige Michisita

DOS COREAS, DOS MIEDOS

La relación entre ambas Coreas está marcada por un temor recíproco. Mientras Corea del Norte teme ser absorbida culturalmente por el Sur –cuya música, cine y estilo de vida son muy populares incluso entre la población norcoreana–, Corea del Sur observa con preocupación la imprevisibilidad del régimen de Pyongyang.

Aunque Corea del Norte es un país pobre, no corre hoy riesgo de colapso, advierte Michishita. Vende armamento a Rusia, mantiene una relación funcional con China y ha logrado sostener su estructura estatal.

Una de las afirmaciones más llamativas del experto fue desmitificar la idea de que Pyongyang sea un simple apéndice de Pekín.

“Corea del Norte no es dependiente de China y China no presiona realmente a Corea del Norte”, explicó.

Si bien existen vínculos estratégicos, el régimen norcoreano mantiene un alto grado de autonomía, incluso frente a su principal socio regional.

COOPERACIÓN FORZADA POR EL CONTEXTO

Las relaciones entre Japón y Corea del Sur, históricamente tensas por cuestiones del pasado, atraviesan un momento de pragmatismo estratégico. Ambos países comparten hoy un enemigo común: Corea del Norte y una preocupación mayor: no pueden depender totalmente de Estados Unidos en el actual contexto global.

Esto los empuja a fortalecer la cooperación bilateral y a estrechar vínculos con otros actores regionales como Australia, así como con países de la OTAN.

Michishita reconoce que persisten resentimientos históricos mutuos y que, en Corea del Sur, el tema japonés suele ser utilizado políticamente cuando un presidente pierde popularidad. Sin embargo, el actual liderazgo surcoreano goza de estabilidad, lo que reduce el riesgo de un deterioro en la relación bilateral.

CHINA, TAIWÁN Y EL DILEMA DE LA ALIANZA CON ESTADOS UNIDOS

El factor que más inquieta a Japón es el creciente poder militar de China. Pekín dispone de más de 1.300 misiles capaces de alcanzar territorio japonés, además de armas nucleares y una capacidad tecnológica en constante expansión.

La posibilidad de una invasión china a Taiwán es considerada un escenario real. En ese caso, Japón se vería directamente involucrado.

“Si China ataca Taiwán y Estados Unidos pide ayuda, Japón no podría negarse”, advirtió el académico.

No obstante, Michishita subrayó que Japón no puede ni debe cargar solo con el peso de enfrentar a China, ya que militarmente se encuentra en desventaja. La intervención estadounidense sería indispensable.

Aquí surge una preocupación política clave: la incertidumbre sobre la voluntad de Estados Unidos, especialmente ante la posibilidad de un liderazgo que considere el conflicto como “un problema de Asia”.

¿TAIWÁN ES LA NUEVA UCRANIA?

Las comparaciones entre Ucrania y Taiwán son inevitables, pero Michishita introduce matices importantes. Tanto Vladimir Putin como Xi Jinping comparten la narrativa de “hacer grande de nuevo” a sus países, pero las condiciones militares son muy distintas.

A diferencia de Ucrania, Taiwán está separado por el estrecho, lo que complica enormemente una invasión china. Además, Taiwán contaría con el apoyo de Estados Unidos y Japón, algo que Ucrania no tuvo en términos directos.

Aun así, el enorme peso demográfico de China coloca a Taiwán en una situación de vulnerabilidad estructural.

JAPÓN SE PREPARA: MISILES, DEFENSA CIVIL Y PARAGUAS NUCLEAR

Ante este escenario, Japón avanza en tres líneas estratégicas:

• Fortalecimiento de su capacidad misilística, con una inversión de aproximadamente 26.000 millones de dólares.

• Refuerzo de la defensa civil, con sistemas de alarma y simulacros de evacuación.

• Coordinación nuclear con Estados Unidos, que actúa como paraguas estratégico.

Expertos japoneses y estadounidenses se reúnen dos veces al año para evaluar la situación nuclear en la región.

¿RIESGO NUCLEAR Y GUERRA CIBERNÉTICA?

Michishita no descarta que China o Corea del Norte puedan recurrir a armas nucleares en un escenario extremo. Sin embargo, remarca que cuanto más preparado esté Japón, menor será esa probabilidad.

Otro frente clave es la guerra cibernética. Japón teme ataques informáticos previos a una eventual ofensiva sobre Taiwán, incluyendo sabotajes a cables submarinos. No obstante, el país ha desarrollado capacidades avanzadas para repararlos y responder.

“Antes solo defendíamos nuestros sistemas. Hoy también podemos ingresar a los servidores de los atacantes”, afirmó.

TAIWÁN Y CHINA: MÁS QUE SEMICONDUCTORES

Finalmente, el experto fue tajante al señalar que el conflicto con Taiwán no es económico ni tecnológico, sino político y personal.

“China no necesita dominar Taiwán. Este deseo es responsabilidad de Xi Jinping. Los chinos no quieren luchar contra Taiwán”, sostuvo.

En su visión, detener una escalada pasa por un cambio de liderazgo en China hacia uno que priorice el desarrollo y no el conflicto.

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