- Toni Roberto
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Toni Roberto inaugura febrero con una evocadora descripción de una vivencia juvenil que atesora desde aquel verano del 78. Un viaje emocional y geográfico entre Asunción y Formosa que honra un legado de integración, de una hermandad que ni el río ni el tiempo han podido separar
Era una tarde de verano de 1978 y estaba en pleno apogeo “Titanes en el ring”. Tener uno de sus discos era llegar a la cima para los chicos de toda una época. “La viudita misteriosa”, “Rubén Peucelle”, “El hombre de la barra de hielo”, “El caballero rojo” y, por supuesto, el mismo gran Martín Karadagian; para ello, llegar al puerto de Itá Enramada, subirme al 504 GL con techo corredizo de los Speciale, era una aventura inolvidable.
Llegado el momento, todos ya dentro del auto, como cual coche anfibio cruzábamos la balsa, soñando encontrarnos con aquel vinilo de otras épocas al otro lado del río.
EN UN SANTIAMÉN
Los jóvenes cruzan hoy el puente Héroes del Chaco y llegan en un santiamén a Asunción y viceversa a la provincia de Formosa, y a sus ciudades donde habitan muchísimos paraguayos, muchos de ellos hijos y nietos de los que habían partido en 1948 bajo el régimen de Morínigo, a vivir en alguna de las ciudades de la provincia de Formosa como Clorinda, Pirané, Laguna Blanca, Ibarreta, donde un paraguayo llegó a ser intendente, el médico Piti González, a Laguna Nainé o a Comandante Fontana.
Todo descripto magistralmente por el escritor Miguel Ángel Aponte Albertini en un libro editado en Buenos Aires en 1973, que me obsequiara Julio Aquino, el padre de los libros viejos.
PARAFRASEANDO
Muchas veces por el cambio convenía hacer turismo de compra en Clorinda o en la misma Formosa, pero hoy, en las vacaciones de verano de 2026, uno puede escuchar el tonito formoseño por las calles de Asunción, lo que me llevó a parafrasear a una conocida música paraguaya de don Carlos Sosa: “Bienvenido, hermano extranjero”.
En este caso, “Bienvenido, hermano formoseño” título del artículo de estos frescos de verano, del primer domingo de febrero.
EL SONIDO DE LA BALSA
Siempre estará el recuerdo del sonido del motor de una balsa llena de coches cruzando el puerto de Itá Enramada o las vigorosas lanchas que hicieron historias comerciales náuticas en las aguas del manso río y su bahía. Hasta aquellas paseras que con el fruto del sacrificio mantuvieron e hicieron estudiar a todos sus hijos con el menudeo de compras al otro lado del río.
Al final, sigo escuchando ese tonito hermoso formoseño en las calles de Asunción, que me recuerda a tantas familias amigas de esa provincia y que motivó estas letras de domingo: “Bienvenido, hermano formoseño”.

