Esther Ballestrino de Careaga es una figura pionera en la lucha por los derechos de las mujeres y la democracia en Paraguay. Además de su aporte profesional y de militancia social en favor de los derechos humanos, su testimonio de vida ejerció profunda influencia en el joven Mario Bergoglio, devenido muchos años después en máximo jefe de la Iglesia católica bajo el nombre de Francisco.

Esther Ballestrino de Careaga nació el 20 de enero de 1918 en Encarnación (Itapúa), ciudad ubicada a 363 kilómetros de la capital paraguaya, Asun­ción. Aunque en su momento circularon versiones de que habría nacido en Uruguay, sus hijas confirmaron su ori­gen encarnaceno.

Fue una destacada doctora en bioquímica y activista polí­tica, cuya vida marcó profun­damente al fallecido sacer­dote argentino Jorge Mario Bergoglio (1936-2025), con­vertido en el papa Francisco en 2013. Ballestrino de Care­aga se graduó como doctora en química en la Universidad Nacional de Asunción (UNA).

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Debido a su militancia en el Partido Revolucionario Febrerista (PRF) y su lucha contra regímenes autorita­rios en Paraguay –como el del general Higinio Morí­nigo (1940-1948)–, debió exi­liarse en Argentina en 1947. Casada con Raimundo Care­aga, tuvieron tres hijas.

Esther Ballestrino junto con su marido, Raimundo Careaga, y sus hijas

FUNDADORA DE MADRES DE PLAZA DE MAYO

En Argentina, tras el secues­tro de su hija Ana María Care­aga, en junio de 1977, con ape­nas 16 años de edad, y de sus yernos por la dictadura mili­tar (1976-1983), Esther se convirtió en una de las funda­doras del icónico movimiento Madres de Plaza de Mayo, que celebró su primera reunión el 30 de abril de 1977, frente a la Casa Rosada.

El 8 de diciembre de 1977 fue secuestrada de la iglesia de la Santa Cruz, en el barrio San Cristóbal de Buenos Aires, tras ser delatada por el espía militar Alfredo Astiz, repre­sor infiltrado en organiza­ciones sociales, apodado el Ángel de la Muerte. La mujer encarnacena fue torturada y asesinada en los “vuelos de la muerte”, donde las víctimas eran lanzadas vivas al mar desde aviones. Sus restos fueron identificados en 2005 por el Equipo Argentino de Antropología Forense.

En su visita en 2015, el papa Francisco se reunió con Ana María, una de las hijas de Esther

SU VÍNCULO CON EL PAPA FRANCISCO

A mediados de la década de 1950, Esther fue la jefa de un joven Jorge Mario Ber­goglio en el laboratorio bio­químico Hickethier-Bach­mann de Buenos Aires. El papa Francisco había decla­rado en múltiples ocasiones que ella fue quien le “enseñó a pensar” y a entender la rea­lidad política.

Asimismo, antes de su des­aparición, Esther le pidió a Bergoglio que escondiera sus libros marxistas para evitar que fueran utilizados como prueba en su contra, un favor que el entonces sacerdote cumplió ocultándolos en un colegio jesuita.

Hoy, su legado es recordado en Paraguay a través de ins­tituciones como la escuela de formación política del Partido Revolucionario Febrerista (PRF), que lleva su nombre.

La autora Marcella Zub, en una reseña publicada en el sitio de la organización femi­nista Kuña Róga, reivindica el inmenso aporte de Balles­trino en la lucha por los dere­chos de las mujeres y por la democracia.

“La historia de vida de Esther y sus convicciones dan cuenta del gran aporte a los derechos de las mujeres y a la democra­cia. De una ética y moral mani­festada en su lucha incansable por la búsqueda de su hija y de otras personas desaparecidas, un precio que pagó con su pro­pia vida”, afirma Zub.

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