- Paulo César López
- Fotos: Gentileza
El periodista y docente Ricardo Rivas, corresponsal del diario La Nación en Argentina, publicó recientemente el libro “Apuntes de un periodista para estudiantes de periodismo. Condición y dignidad humanas”. En esta entrevista, habla de su larga experiencia y el proceso de fomentar la práctica de informar poniendo la dignidad humana en el centro.
Desde su lanzamiento en noviembre pasado, el autor vivió una odisea con lo que tenía que ser una breve visita académica de 36 horas en la Antártida y que se extendió durante más de 30 días por las condiciones climáticas.
Ya asentado nuevamente en Mar del Plata y con la resaca aún del síndrome posantártico, Rivas nos cuenta sobre esta obra, que es parte de un largo proceso que aún sigue en curso.
–¿Podría comentarnos un poco cómo surge la idea de este libro?
–Percibo que una cantidad importante de los contenidos que circulan (especialmente en los medios digitales) se ignora la condición humana y la dignidad humana o no se las percibe cuando se recolectan datos de campo. Por ello entiendo que se trata de contenidos incompletos. No alcanza con decir vive o muere, por poner dos situaciones extremas. No. Es preciso además consignar cómo vive o cómo muere. Para que quede claro, ese cómo (vive) o cómo (muere) son datos esenciales para comunicar al sujeto noticiable en su contexto. Vivir con dignidad (la muerte es parte de la vida. No mueren los muertos) es sustancial. De allí que ejercer el oficio de periodistas sin atender ni reportar la condición y dignidad humanas en cualquier cobertura es una forma de indignidad profesional. Entiendo que es imprescindible para las y los estudiantes abordar la condición y dignidad humanas para reportar con calidad, con excelencia, al ser humano desde una perspectiva social con mirada ética.
INTERROGANTES
–¿Cómo ves la situación actual de los medios y el periodismo en general, tanto las fortalezas, debilidades y principales desafíos?
–Es una pregunta demasiado amplia que también me hago. Especialmente porque los periodistas solo tenemos preguntas, interrogantes. Las respuestas tenemos que procurarlas en las y los políticos; en las y los religiosos; en quienes se asumen y, en algunos casos, lo son, líderes o lideresas. El periodismo –desde siempre... siempre– tiene que informarse para informar. Para mediar. Y en esa práctica pareciera que podríamos encontrar algunas debilidades, algunas fortalezas y, por qué no, los mayores desafíos para reportar desde la verdad periodística, que es bien diferente de la verdad filosófica. Don Javier Darío Restrepo –maestro de periodistas– nos explicó desde la Fundación Gabo que la verdad periodística es ser absolutamente fieles cuando relatamos los hechos. Por su parte, don Jesús Martín-Barbero precisó –palabra más, palabra menos– que “la comunicación no es una cuestión de ideologías, sino de culturas”. Allí es donde encuentro un desafío claro que exige comprometernos con la verdad para ser éticos. Me preocupa que en los últimos tiempos se verifica un fenómeno social que algunos dan en llamar “evitación de noticias”. Están cayendo los consumos de los contenidos informativos de los llamados medios tradicionales y crecen los que circulan en plataformas tales como Instagram, Tiktok, Facebook, X, Telegram, Whatsapp, etc. Pese a que las noticias que circulan en ellas no fueron sometidas a las verificaciones que sí exigen los contenidos periodísticos profesionales que apuntan a la calidad y a la excelencia.
–¿Cómo ves la influencia que está teniendo la IA en el ejercicio del oficio?
–No me preocupan los desarrollos tecnológicos. No los asumo como amenazas. El insumo básico de todo periodista es la palabra. Me ajusto a ella y en ella busco la forma de decir lo que digo a la hora de ejercer el oficio. La inteligencia artificial (IA) es una herramienta de gran utilidad que, como recurso, es necesario que la “entrenemos” en orden a las demandas profesionales que tenemos sin dejar de lado que inteligencia de ninguna manera es igual a sabiduría. Mi preocupación va más por las reservas que –con cada amanecer– me genera la ininteligencia natural. Para que quede claro, con frecuencia me interrogo para intentar comprender por qué algunos conjuntos sociales abogan por el autoritarismo en desmedro de sus propios derechos.
LO CUANTI Y LO CUALI
–¿Qué instrumentos y métodos de investigación empleaste?
–La metodología es la que me animo a categorizar como clásica. Crucé datos cuantitativos que contienen múltiples estudios sistemáticos que realizan prestigiosas organizaciones ya mencionadas con valoraciones cualitativas que también distribuyen regularmente para arribar a algunas conclusiones que –por las características sociodemográficas que en sí mismas tienen quienes se encuentran incorporados en los campos constituidos– y desde ese lugar avancé en la construcción del texto que presento como un “apunte” que como periodista procuro aportar a quienes estudian periodismo. En este punto, quiero destacar que ha sido crucial para la instancia conclusiva las enseñanzas del doctor Javier Bernabé Fraguas, colega periodista y docente de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y fundador del Instituto de Periodismo Preventivo y Análisis Internacional (IPPAI).
–¿Cuáles son los principales hallazgos y conclusiones de tu trabajo?
–No sé si debo llamar conclusión a estas reflexiones que continúan en desarrollo. Tengo la convicción de que como consecuencia de los desarrollos tecnológicos permanentes y sus efectos sociales tenemos por delante muchos interrogantes. Don Zygmunt Bauman, poco tiempo antes de su muerte, fue muy claro. “Las redes sociales son una trampa”, afirmó. Y fue más allá. Describió las diferencias entre las comunidades de las que somos parte de las que creamos en la internet. Y, en ese contexto, destacó que cuando armamos una red con un clic incorporamos personas a nuestras redes o las cancelamos. Luego de hacer tal observación, advirtió: “En las redes está presente el peligro de escuchar solo nuestra propia voz”. Así las cosas, siento que el viejo profesor también nos advierte de que está en crisis el principio de projimidad (¿quién es y dónde está mi prójimo?) y, justamente por ello, podríamos estar frente a un nuevo tipo de socialización y, si fuera así, periodistas y comunicadores debiéramos verificar esa nueva práctica, eventualmente re-conocerla y re-definir en todo o en parte nuestras prácticas profesionales.
Perfil
Ricardo Rivas es periodista, corresponsal en Argentina de nuestro diario. Además, es asesor pedagógico en las carreras de Periodismo y Comunicación del Instituto Universitario River Plate (IURP). Embajador por la Paz de la Fundación Voz por la Paz y miembro de la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina.