- Jimmi Peralta
- Fotos: Gentileza
El próximo 13 de enero se recuerda el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una jornada instituida para dar visibilidad a un problema de salud mental silencioso que causa estragos y que tiene cura. El psicólogo Martín Negrete y el psiquiatra Aldo Castiglioni brindan sus análisis sobre el escenario actual y lanzan un diagnóstico favorable sobre la alta eficacia de las terapias si que es los pacientes cumplen la adherencia al tratamiento.
“El 78 % de mis colegas reporta que pacientes con depresión abandonan la medicación antidepresiva antes de los seis meses recomendados. La mayoría lo hace en los primeros cuatro meses y muchos, en los primeros tres. El problema es que los antidepresivos necesitan tiempo para consolidar cambios en la bioquímica del cerebro. Suspender temprano significa que esos cambios no se consolidan”, explica el psicólogo Martín Negrete (@psico_negrete), magíster psicoterapeuta de adultos y parejas, sobre cómo la problemática de la depresión persiste en distintos eslabones de su propio proceso, en este caso por la falta de adherencia a los tratamientos farmacológicos, muchas veces por prejuicios y temor a la estigmatización.
El Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión busca generar conciencia respecto a este problema que afectaría a un poco más del 4 % de la población mundial y que en la pandemia se multiplicó por diversos factores como el aislamiento social, problemas económicos y/o pérdida de seres queridos, sin que hasta hoy en día se haya registrado un retroceso significativo tras esa ola.
DEFINICIÓN Y TRATAMIENTO
La depresión es un trastorno mental caracterizado por tristeza persistente y/o pérdida de interés o placer, acompañado de síntomas como alteraciones del sueño y apetito, cansancio, dificultad para concentrarse, sentimientos de culpa y, en algunos casos, ideas de muerte. Se diferencia de la tristeza normal por su duración, intensidad e impacto en la vida diaria.
“La depresión es altamente tratable. La mayoría de las personas mejora con atención oportuna. La psicoterapia y el tratamiento combinado muestran alta eficacia, especialmente en cuadros moderados a severos. Los psicólogos realizan evaluación psicológica, psicoterapia y acompañamiento. Los psiquiatras realizan diagnóstico médico integral, evalúan riesgos e indican medicación cuando es necesario. Ambos trabajan de manera complementaria”, explica el psiquiatra Aldo Castiglioni, director de la Red de Salud Mental y Adicciones en Paraguay del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPyBS).
La ciencia ofrece psicoterapia, tratamiento farmacológico y, en muchos casos, la combinación de ambos. El Estado paraguayo brinda atención a través de la red de servicios de salud con acceso a psicólogos, psiquiatras, seguimiento clínico y derivación según la complejidad del cuadro.
Se cuenta con un Directorio de Salud Mental, al cual se puede acceder desde la página web del MSPyBS, que contiene información sobre todos los servicios y profesionales de salud mental del sistema público de salud.
“Tanto el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social como la OMS (Organización Mundial de la Salud) sostienen mensajes constantes cada año en este día: reconocer los síntomas de manera temprana, buscar ayuda profesional, reducir el estigma y recordar que la depresión es una enfermedad frecuente, tratable y prevenible”, agrega Castiglioni.
BANDERAS ROJAS
Entre los síntomas a tener en cuenta para un posterior diagnóstico se destacan tristeza persistente, pérdida de interés, cansancio extremo, cambios en el sueño o apetito, aislamiento social e ideas de muerte. Si los síntomas duran más de dos semanas, es fundamental consultar.
“Cuando alguien llega a mi consultorio con depresión, lo primero que les digo es que no hay una única manera de tratarla. Existen varias opciones terapéuticas que han demostrado ser realmente efectivas, científicamente probadas y basadas en evidencias. La terapia cognitivo-conductual es probablemente la más conocida y la que recomendamos primero. Funciona porque ayuda a las personas a identificar esos pensamientos automáticos negativos que aparecen una y otra vez –esa voz interna que les dice que todo está mal– y a cambiarlos poco a poco. Pero además de los pensamientos, trabajamos en las acciones, porque la conducta es tan importante como lo que pensamos”, comenta Negrete.
“Lo que me ha sorprendido en los últimos años es la eficacia de la terapia de activación conductual. Muchos colegas la subestimaban pensando que era demasiado simple, pero los resultados hablan por sí solos. Básicamente, cuando alguien está deprimido, lo que hace es abandonar actividades que solía disfrutar. La activación conductual consiste en recuperar esas actividades de forma gradual. No es obligar a alguien a hacer un maratón si está postrado en la cama, sino comenzar con pequeños pasos”, explica.
MÚLTIPLES FACTORES
Según explica Castiglioni, la depresión es universal, pero factores como dificultades económicas, consumo problemático de alcohol y barreras de acceso a servicios influyen en su expresión y abordaje. No es una enfermedad de débiles ni de ricos. Superar el estigma implica informar, hablar del tema con claridad y facilitar el acceso a atención.
“Lo primero que se identifica en las estadísticas es que la depresión afecta casi dos veces más a las mujeres que a los hombres. El 6,9 % de mujeres adultas versus 4,6 % de hombres. Pero aquí es donde los números esconden algo preocupante: los hombres que llegan a consultar son una proporción muy pequeña. Y, sin embargo, tienen cuatro veces más riesgo de cometer suicidio”, refiere el psicólogo.
“Esa contradicción me ha intrigado durante años. ¿Por qué menos diagnósticos, pero más muertes en los hombres? La respuesta está explicada por factores culturales profundos sobre qué significa ‘ser hombre’ en nuestra sociedad. Los hombres crecen aprendiendo que pedir ayuda es debilidad, que deben resolver todo solos. Esa construcción social rígida de la masculinidad es, literalmente, letal. Muchos hombres no reconocen que están deprimidos porque la depresión aparece en ellos como irritabilidad, enojo o exceso de trabajo, enmascarando un trastorno del estado de ánimo como la depresión”, detalló.
En la actualidad, en consultorios se identifican casos de depresión en jóvenes de entre 18 y 34 años. El “Mental state of the world report 2024” muestra que el 41 % de los jóvenes sufre angustia funcionalmente debilitante.
HÁBITOS DE VIDA
Para Castiglioni, existen en el estilo de vida presente cuestiones que podrían no ser favorables para una higiene y salud mental deseables, entre los que cita el estrés laboral, la inestabilidad económica, la hiperconectividad digital y los modelos de éxito poco realistas, que pueden afectar la salud mental. “Por eso es clave promover hábitos saludables y redes de apoyo”, refiere.
Respecto a la prevalencia socioeconómica, refirió que “la pobreza aumenta directamente las tasas de depresión. Las personas con menor nivel educativo tienen 20 % menos probabilidad de acceder a tratamiento que aquellas con mayor educación”, comenta el psiquiatra, evidenciando la vinculación entre el poder adquisitivo y el alcance a los servicios de salud, sean estas restricciones por falta de recursos o de conocimiento.
“Hay una creencia común de que ir a terapia es un lujo, algo para gente con recursos. Pero basándome en la evidencia clínica y en lo que veo todos los días, no es así. Primero, los tratamientos no son tan largos como la gente imagina. Cuando digo que he tratado depresión exitosamente no hablo de años de terapia. Esto significa que invertir en tratamiento psicológico es económicamente beneficioso no solo a nivel individual, sino que mejora la salud pública en general y la economía de nuestros países”, explica Negrete.
ADHERENCIA AL TRATAMIENTO
Al hacer un diagnóstico del estado de la cuestión queda claro que existen diversas barreras para su abordaje como problema. Primero, la invisibilización de la depresión, el menoscabo de los síntomas, el prejuicio y la no compresión de esta afección como enfermedad, la falta de acceso a servicios de salud mental, la irregularidad en los tratamientos y la falta de adhesión a los mismos a largo plazo.
El mensaje clave para el público general es que la depresión es tratable y la mayoría de personas mejora significativamente, pero requiere completar el tratamiento tal como se indica. Abandonar prematuramente es la principal causa de recaídas evitables.
La complementariedad del trabajo de psicólogos y psiquiatras muchas veces es poco comprendida, y el abandono de las terapias y de las medicaciones solo son una puerta de entrada a la reincidencia por falta de cambio químico y de hábitos, así como la condición crónica de la afección.
“Hay algo que la medicación no puede ofrecer y la psicoterapia sí: cuando completamos una terapia como la terapia cognitivo-conductual o activación conductual correctamente, la persona aprende habilidades concretas que puede usar el resto de su vida. Eso protege contra recaídas a largo plazo de una forma que la medicación por sí sola no lo podría lograr. En mi práctica con activación conductual, enfatizo desde la primera sesión que el alta no es ‘sentirse mejor’. He visto demasiadas personas que mejoran un 70 % y piensan que pueden dejar de venir y tres meses después están de vuelta con una crisis. El alta real ocurre cuando alguien ha recuperado sus rutinas, mantiene activamente esas conductas saludables y tiene claridad”, concluye Negrete.
LOS GRAVES EFECTOS DE LA PANDEMIA
Varios hábitos de higiene mental se vieron acotados en su desarrollo por el estrés y las restricciones de la pandemia avivaron esta problemática. Prácticas como dormir bien, mantener actividad física, fortalecer vínculos e incrementar las habilidades psicológicas se vieron limitadas.
“Entre 2019 y 2021 hubo una caída de 30 puntos en bienestar mental juvenil, sin recuperación significativa desde entonces. Estamos hablando de una generación que debería estar en la plenitud de sus vidas, explorando posibilidades y, en cambio, están lidiando con problemas emocionales graves. La pandemia tuvo un impacto significativo en esto. Durante el primer año de pandemia del covid-19, la prevalencia de ansiedad y depresión aumentó 25 % a nivel global. En mujeres, la depresión aumentó 29,8 % (comparado con 24 % en hombres) durante 2020. El aislamiento social, la pérdida económica, el estrés por restricciones y la incertidumbre fueron factores clave”, cita Negrete.
La pandemia no solo agravó problemas preexistentes, sino que aceleró cambios en nuestros hábitos que siguen afectando la salud mental.
“Hablando con mis pacientes jóvenes noto que sus habilidades de comunicación se han deteriorado genuinamente. No es que sean menos inteligentes. Es que la comunicación a través de mensajes de texto, chats no desarrolla la capacidad de diálogo profundo, de leer emociones en tiempo real, de tener conversaciones difíciles cara a cara”, explicó el psicólogo.

