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En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos charla con el experimentado periodista argentino Ricardo Rivas, quien recientemente culminó una fascinante aventura en la Antártida. La visita inicialmente programada para dos días se extendió forzosamente a más de un mes por la inestabilidad climática al punto de que estuvieron a un paso de quedar varados allí durante las fiestas de fin de año, lejos de la familia y del calor del diciembre marplatense.

El corresponsal en Argentina del diario La Nación/Nación Media de Paraguay, Ricardo Rivas, comparte lo que fue su experiencia de vida en la base de Marambio, en la Antártida, donde fue por unos pocos en misión académica, pero donde quedó varado por 35 días. La conversación fue mantenida poco antes de su retorno a suelo continental.

–ADS: Esta es una pregunta que probablemente voy a hacer una sola vez en la vida a un amigo: Ricardo Rivas, ¿qué estás haciendo en el Polo Sur?

–Esta es una pregunta que yo también me hago. Yo vine el 15 de noviembre. La idea era una misión académica del Instituto Universitario River Plate. Aquí tenemos dos estudiantes a distancia de la licenciatura en Periodismo Deportivo y la idea fue venir a verlas, a Melina y a Luisina. El día que llegamos aquí bajamos del Hércules 730. Era un día que el sol estallaba, era fantástica la tierra con esas piedritas chiquitas que hay en las zonas volcánicas y 18 horas más tarde dejó de ser así. Era todo nubes bajas, pegadas al piso, y empezó una nevisca. Nos tuvimos que poner las antiparras, guantes.

EL INSTITUTO RIVER PLATE

–Contanos un poco sobre qué es el Instituto River Plate. En qué consiste y por qué un instituto de enseñanza supongo que de asuntos periodísticos deportivos va a viajar hasta el Polo Sur.

–Empecemos por lo primero. River tiene un sistema educativo que comienza en el maternal, primario, secundario, terciario y universitario. Entre todo un montón de carreras que tienen que ver con la administración del deporte, la comercialización del deporte, el marketing deportivo, hay licenciaturas en periodismo deportivo a distancia. Daniel Bertagno y yo somos los que llevamos la pelota adelante. Tenemos docentes en Barcelona, en Madrid, en Alemania y alumnos en todos lados. Ahí se me ocurrió decir “no tenemos estudiantes en todos lados”, en la Antártida no hay ninguno. Entonces, nos fuimos al estado mayor conjunto de las Fuerzas Armadas y le dijimos “vamos a hacer un convenio de cooperación”. Dijeron que sí y pusimos seis becas, se anotaron las chicas. Allí tienen unas tres horas de no noche, que tampoco es de noche. Dicen “profe, yo me despierto, tengo insomnio, me levanto y estudio” y tienen unas notas fantásticas. Nos sentíamos en deuda con estas señoras y dijimos “vamos allá”. Y vinimos a hacerlo. Hicimos por primera vez en la historia de la Antártida una clase magistral de acá para allá y el allá es donde sea.

–Hablame brevemente de la base Marambio. ¿Qué historia tiene y cuál es su misión?

–La base Marambio para las y los argentinos es un sueño. Una cosa es que el Gordo Muñoz, los domingos decía “adelante, base Marambio”. Acá hay 70 personas todo el año, pero a 1.891 kilómetros al sur de acá hay 20 personas todo el año. Ahí están a un cachito del Polo Sur. Ahí tienen un convenio hecho con la Agencia Espacial Europea, tienen una pulserita y los monitorean las 24 horas porque suponen los científicos de la Agencia Espacial Europea que las condiciones en las que están ahí, en algunos casos y en algunas situaciones, son similares a las que podría haber en Marte. Entonces, le hacen un monitoreo permanente de los signos vitales.

Rivas junto con su colega periodista Daniel Bertagno, del Instituto River Plate, después de una tormenta. Majestuosidad antártica

SILENCIO PROFUNDO

–¿Qué pasó cuando llegaste allí y te encontraste con un lugar que combina absolutos silencios con al mismo tiempo un ventarrón interminable? ¿Cómo se convive con esos elementos y qué es lo que no tenías de la Antártida que aprendiste a tener en esos días de encierro obligado?

–De la Antártida yo había leído un montón, pero no tenía la Antártida. Recordaba en una Incierta que salió en El Gran Domingo que mi abuela, doña Juanita, nos decía siempre que la palabra se las lleva el viento. Las encontré acá, cada palabra que dije o que no dije o que dije de más o que no debería haber dicho las encontré acá, porque el silencio te sacude tanto pero tanto que es realmente impresionante escucharlo y valga ese juego. Acá hay silencio profundo o silencio con viento. El silencio te pega una piña en los dientes. Es muy fuerte.

–El único ruido sos vos mismo.

–Eso es grave, porque te escuchás todo y hay que bancar el escucharse. No es fácil.

–¿Cuánta gente hay ahora mismo en esa base? ¿Qué hace la gente? ¿Cuál es su rutina?

–La dotación 57, que es la que nos adoptó, son 36 personas. Pero hay también científicos que dependen de la Dirección Nacional del Antártico, que a su vez depende de la Cancillería argentina, que vienen a hacer estudios de las aves, de los pingüinos, de las focas. La pingüinera más cercana está a tres kilómetros y sugieren no acercarse, porque esos bichos, que son 60.000 pingüinos de 70 centímetros de altura, están sanos. Entonces, hay temores de que se puedan contagiar porque hay mucha gripe aviar, sobre todo en Europa. Entonces, no quieren que se acerquen. En la base de Esperanza hay 280.000 pingüinos emperador, que miden 1,40 m. Algunos un poco más y me impresionan porque algunos me miran de arriba. Y como que digo “señor, pingüino”. Entonces, esas 36 personas llegan a 70, y esas 70 son las que están todo el año, pero en la veraneada, por llamarlo de alguna manera, llegan científicos de muchas universidades del mundo que se alojan aquí para hacer comprobaciones y verificaciones en el terreno y se llega a 150 personas.

LOGÍSTICA

–Háblame de la frecuencia del abastecimiento, ¿qué se puede decir al respecto?

–Una vez al año viene el buque Almirante Irisar, que es un rompehielos histórico, y trae todo, pero también se lleva todo. En la Antártida no queda un gramo de basura, todo se pone en tachos de 200 litros y todo se lo lleva el Irisar. Hay una particularidad. La Antártida no es de nadie, hay reclamos soberanos o de soberanía sobre alguna porción de la Antártida que lo reivindican Argentina, Chile, Nueva Zelanda, Gran Bretaña. La Antártida no es de nadie y hay que conservar el medioambiente. Acá está el 80 % de las reservas de agua potable del planeta. Entonces, hay que ser muy cuidadoso con todo eso y cuando el Irisar viene, deja (provisiones) y se lleva.

–¿Qué pasa si hay una emergencia médica en ese lugar?

–Hay un médico permanente con buen equipamiento, en esta dotación 57 es el cardiólogo Federico Smith, que es cordobés. Es un capo capísimo y tiene una enfermera que está en todo, tiene una gran cantidad de medicamentos posibles.

–Aún en un contexto de estar en un continente de agua congelada, ¿cómo es el asunto del agua potable?

–Acá hay dos lagunas que hay que evitar que se congelen y trabajan duro con picos y palas para evitar que se congele. De ahí se succiona el agua que en toda la Antártida es potable. La traen desde donde están las lagunas por tuberías. En la base hay potabilizadores y se divide el agua que se utiliza para la higiene personal y para el lavado de platos y utensilios, y el agua potable. En el baño no siempre hay cantidad de agua, entonces los baños son a lo mejor cada dos días, que hay una comunicación por WhatsApp a todos: “Hoy hay ducha autorizada”. La ducha no puede ser esa ducha que es en tu casa que dale que corra. No, acá la ducha es 4 minutos y fuiste. Y hay un detalle. Todas las cañerías tienen un cable junto a la cañería que la mantiene caliente para que el agua no se congele. Y cuando se hace la despedida a alguna dotación que se va, solo en esos casos, hay unos hielos que suelen ser de color azul o de color verde, que son los hielos muy duros de los glaciares, que siempre hay algún pedacito que traen y a ellos les llaman hielo “chillón”, porque cuando le ponés algo de alcohol hace un ruido bárbaro. Y entonces, incluso quienes lo graban para llevarse con ellos el recuerdo de la despedida, que es con el hielo chillón.

“La base Marambio para las y los argentinos es un sueño”, resume Tachuela, como lo conocen sus cercanos

CAMBIO CLIMÁTICO

–Respecto a la preservación del lugar y los cambios, ¿te parece que es suficiente? ¿Se nota deterioro?

–Se nota el cambio climático. De hecho, esta condición que tenemos desde hace más de 10 días de nevada intensa sin que haga frío intenso. Ahora estamos en menos 3 de temperatura y menos 8 de sensación térmica. Esto no es normal. Las nevadas se dan por marzo, pero fueron intensas en noviembre y eso complicó toda la operación.

–¿Por qué el avión que fue a buscarles no pudo bajar a rescatarles en todas estas semanas y lo que tenía que ser un viaje de 4 días se ha convertido en un viaje de más de un mes? ¿Cuál es el problema técnico por el cual no podían venir?

–Así como los pasajeros queremos ir seguros, los pilotos también. Esto no es Midway ni nos llevan kamikazes japoneses. Para que la operación aérea se haga tiene que ser segura para los pasajeros, para la carga, para la tripulación y para el medioambiente. Pero yo agradezco que tomen todas estas medida de seguridad, porque cuando nos vamos de acá, el Hercules, el C-130, vuela un promedio de 480, 500 kilómetros en la hora, yo sé que hasta la primera parada, que es la ciudad de Río Grande, en el extremo norte de la provincia de Tierra del Fuego, yo sé que tengo 4 horas de vuelo sobre el mar y quiero llegar lo mejor posible. Tal vez con un dolor de cintura porque es un carguero, no es un avión para pasajeros.

QUEJAS DIARIAS

–Después de vivir en un lugar tan lejano, pese a lo entrañable no deja de ser hostil, ¿qué problema de la vida cotidiana, digamos, te parece ahora insignificante delante de lo que estás viviendo?

–Casi todos, realmente casi todos. Se puede vivir bien porque tenemos almuerzo, cena, tenemos desayuno, tenemos merienda, tenemos la tele, tenemos para leer, hay una biblioteca fantástica acá y tenemos dentro de la base una temperatura de 19 a 20 grados permanente, tenemos médico, tenemos todo, con turnos para hacer laburos. Sí, claro, laburos inusuales, pero los hacemos, y yo te diría que nos hacemos problemas por un montón de temas que no tienen mucho sentido y ver trabajar a toda esta gente, hombres y mujeres, dándole duro con condiciones tan adversas, me hace sentir, en algún momento, me hace sentir mal, digo, y yo digo “¿por qué me quejo?”.

–Seguro encontraste algún reto filosófico a esta experiencia.

–Te dejo un tema, que no tiene que ver con nuestra vida periodística. Acá hay bases científicas que son de Brasil, Uruguay y de Argentina. El único país que falta de los fundadores del Mercosur es Paraguay. Yo le pediría a nuestro presidente, digo nuestro presidente porque vos sabés la relación que yo tengo con Paraguay, yo le pediría a nuestro presidente Santiago Peña que hable con el presidente argentino, porque la próxima vez me encantaría llegar acá y sé que va a haber una próxima vez, y escuchar el guaraní. Yo supe que hubo un oficial paraguayo premiado en Inglaterra y dije “esto tenemos que tenerlo en la Antártida”, y me encanta tirar esta idea. Ni bien vuelva al continente trato de buscar el bache para irme para Asunción.

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