• Foto: Gentileza

El plástico Enrique Collar cuenta en este artículo las motivaciones de su proyecto de pintura universal (Universal Painting Project 360°VR), en el que propone un diálogo pictórico-virtual-inmersivo con su maestro Luis Felipe “Yuyo” Noé y su espacio de creación. Collar pinta a Noé trabajando en su estudio en una pieza en la que se puede ver cada detalle del lugar gracias a las posibilidades del 360VR, una experiencia que se recomienda.

Cuenta Enrique que Luis Felipe “Yuyo” Noé, el gran pintor argentino fallecido en abril de 2025, “en uno de sus viajes a su querido Paraguay conoció mi obra y fue él quien me presentó a Carlos Gómez Centurión y a Tito Quiroga, siempre agradecido, el más generoso”.

Así nació El Mito Real. “Éramos vecinos, solo tenía que cruzar la 9 de julio; lo visitaba a menudo. Compartíamos un gran flow creativo cada vez que conversábamos sobre la figuración y la abstracción. De ese intercambio –fértil, espontáneo, casi ritual– surgió este conjuro entre nuestras cosmogonías pictóricas. Ambos estábamos profundamente inquietos por la percepción espacial en la pintura: él, desde su universo ‘abstracto’; yo, desde mi territorio ‘figurativo’. Esa fricción luminosa entre dos modos de ver es la energía que alimenta esta obra”, escribe desde Róterdam, Países Bajos, donde reside en la actualidad.

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“Un lienzo de dos metros se convierte en una ventana sin bordes. No es solo pintura: es una inmersión, un vórtice que envuelve al espectador en una escena en perpetuo movimiento. La obra es un espacio total, una pintura panorámica de 360 grados concebida para la experiencia inmersiva de la realidad virtual. Es un acto revolucionario dentro de la tradición pictórica, una expansión del arte que trasciende los límites del cuadro para sumergirnos en una dimensión donde el caos y el orden dialogan sin descanso“, concluye relatando. La obra puede verse en este enlace: https://tour.panoee.net/69380de414b9870cedc15a9f.

PRESENCIA VIVA

Aquí, en el epicentro de esta vorágine visual, está Luis Felipe Noé. “Yuyo”, como lo llaman, es una presencia viva en la composición, atrapado en el acto de la creación, en pleno enfrentamiento con su propio lenguaje plástico.

Sus telas, vibrantes y agitadas, estallan en manchas fluorescentes y líneas eléctricas que desgarran la realidad. Su arte, que nunca ha sido estático, se convierte en un organismo en constante mutación dentro de esta obra que lo contiene y lo reinterpreta.

La abstracción y la figuración, elementos en tensión dentro de su poética, se filtran ahora a través de un prisma hiperrealista y anamórfico. Su figura, realista en su representación pero alterada por la distorsión espacial del formato 360, se funde con su obra hasta volverse indistinguible de ella.

BATALLAS PICTÓRICAS

El estudio de Noé, escenario de incontables batallas pictóricas, se transforma aquí en un torbellino. No hay un solo punto de fuga ni una perspectiva única que ordene el caos. En su lugar, el espacio se fragmenta y recombina en un flujo continuo, reflejando la misma energía pictórica que define la obra de Noé. Es un espacio en el que las reglas colapsan, donde el espectador ya no es un simple observador, sino un navegante dentro del cuadro.

La pintura, en su concepción tradicional, ha sido siempre una ventana al mundo, una superficie bidimensional que sugiere profundidad. Pero aquí, en esta inmersión total, la pintura se libera de la ilusión de profundidad para convertirse en un entorno absoluto. La realidad virtual no es un mero dispositivo tecnológico; es una extensión del pensamiento pictórico, un nuevo territorio donde las formas y los conceptos se expanden más allá de los márgenes físicos.

“El orden del caos, el caos del orden” no es solo un homenaje a Noé, sino una conversación pictórica con él. Un diálogo en el que las fuerzas que estructuran su obra –la gestualidad, la espontaneidad, el desborde de la forma– se encuentran con una mirada realista que no busca congelar, sino potenciar la naturaleza vibrante de su universo. Noé, quien ha desafiado siempre la rigidez del lenguaje pictórico, se encuentra aquí inmerso en un medio que responde a su propia lógica de desorden controlado.

En este encuentro entre dos artistas y dos lenguajes, la pintura se desdobla en múltiples dimensiones, desafiando las convenciones y abriendo nuevas posibilidades. Es la reafirmación de que el arte, en su esencia, no es estático ni contenido: es movimiento perpetuo, transformación y, sobre todo, un espacio donde el caos y el orden se funden en una danza infinita.

Etiquetas: #caos#orden

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