- Toni Roberto
- tonirobertogodoy@gmail.com
Este último domingo de 2025, Toni dedica su espacio a una figura esencial de la educación paraguaya, que rompió esquemas con el arte como herramienta transformadora. Una docente respetada y querida que en el ocaso de su vida, como una luz en medio de la sombra, sigue compartiendo reflexiones sobre la educación y cómo afronta su inminente partida con serenidad, dejando una última lección sobre una despedida digna y en paz.
Eran las 8 de la noche en los cielos en Pinozá. En una de las poéticas angostas calles del barrio, el viento entremezclaba música de fiestas de muchos lugares, en el barrio más musical de Asunción. Parado con la maestra y artista Mónica González, del otro lado del portón nos esperaba María Victoria Servín (62), la “profe Mavi” como le llaman sus exalumnos del Inter y del Taller de Expresión Infantil (TEI).
LA DESPEDIDA DE LA EDUCADORA
Docente de alma de muchos tiempos, educadora de varias generaciones, fue la heredera de una manera diferente de enseñar con el método de la Educación por el Arte, que viene de largas décadas en el Paraguay, y que empieza en 1956 con la epopeya del nuevo aprendizaje que traía desde el Brasil el profesor Augusto Rodrigues (1913-1993), quien se había inspirado en la manera distinta de educar del inglés Herbert Read (1893-1968) e implementada ya en el país vecino desde mediados de los años 40.
De ahí, de ese mundo del juego, del sumar, cantar y restar desciende nuestra heroína de la educación para niños Mavi Servín, quien está partiendo de este mundo.
UN ESPACIO CELESTIAL EN PINOZÁ
En un espacio blanco celestial, esta educadora que nos da lecciones de maestra hasta de “cómo es una partida en paz de este nuestro atribulado plano terrenal”, como si fuéramos a un viaje por una hora a un mundo nuevo. Hasta en esta circunstancia, terminal, Mavi habla de la educación y de las maneras de mejorarla, recordando con emoción a muchos de aquellos niños de otras épocas y también a maestras de otros tiempos como María Adela Solano López, Olga Blinder y Alejandra García.
LA DESPEDIDA
Toma aliento unos largos segundos y sigue trayendo a la memoria historias educativas desde los años 70. De repente un momento, otro instante de silencio, siguiendo con: “Estoy partiendo de este mundo, esperando otro plano de vida, no le tengo miedo a la muerte”.
Al final, le pregunto: ¿Te podemos volver a visitar? Y me responde: “Depende del tiempo, ya no hay tiempo”. Una despedida sin despido, sin un chau, sin un adiós. Nos estaba dando clases hasta el último minuto de cómo es partir con dignidad y paz de la tierra.
Se abre la puerta, salimos a la vereda y pareciera que volvíamos a este plano, al de los mortales, sin la muerte, sin tristeza, con la vida, con la esperanza del más allá. De fondo, de nuevo, la música lejana a la distancia, tal vez la de un Lucho Villalba o la de un Paraná, sus antiguos vecinos. Es el silencio del ruido, de un sábado preludio de fin de año, de una manera distinta de despedir el 2025 con los recuerdos y siempre empujando el pasado para delante, porque partir también es vivir.

