• Jorge Zárate
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  • Fotos: Jorge Jara

A unas tres horas de Asunción, se puede acceder a un espacio de relax y esparcimiento que devuelve paz gracias al arrullo de las aguas en su sonido especial entre las piedras, los árboles, sus frutos y flores, peces, mariposas y el canto de los pájaros que ayudan a sentirse parte de ese todo natural.

Protegido por la selva, desde su naciente en la ladera noreste del monte Ybytyruzú corre el arroyo Tacuara. En su marcha descendente hacia el río Tebicuarymí va formando saltos de gran belleza que son atractivos naturales que forman parte del circuito turístico del Guairá, con epicentro en Independencia.

La fuerza que sus aguas toman en la caída va esculpiendo formas especiales en las areniscas del lecho de piedra, hermosas piletas naturales y escenarios de gran belleza gracias a la privilegiada vegetación, la variedad de mariposas, la fauna local, las aves de canto múltiple que lo entornan.

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Entre ellos destaca el salto Pozo Hondo, ubicado a unos 180 km de Asunción. Para llegar se tarda poco más de tres horas, dependiendo siempre del tráfico, hasta arribar al desvío a Melgarejo, ubicado sobre la ruta PY10. De allí se hacen unos cuatro kilómetros por un camino en no muy buen estado y se accede al punto de ingreso que aparece indicado en las aplicaciones de mapas de internet.

De hecho, es una parada previa para quienes visitan el parque Ybytyruzú y el cerro Akatî, que están unos pocos kilómetros más arriba en la ruta. El terreno de acceso al salto es propiedad de la Diócesis de Villarrica y tiene espacios de estacionamiento, camping, parrilla y baños, aunque no tiene electricidad ni agua corriente. Se está habilitando los fines de semana con un costo de 10.000 guaraníes el acceso. Si se quisiera acceder entre semana, se puede contactar al (0981) 269-838.

PROFUNDIDAD Y BELLEZA

Se hace difícil dimensionar el tiempo en que las fosas naturales del arroyo Tacuara fueron tomando forma, especialmente la principal de este salto, que es la que le da su nombre.

Tiene unos ocho metros de profundidad, por lo que la cartelería del lugar y la advertencia de los lugareños es evitar meterse al agua en la zona si no se sabe nadar. También se recomienda no ingresar con niños.

El arrullo del agua en el entorno selvático es muy relajante y los efectos de la luz del sol reverberando en el agua y las piedras le dan un entorno mágico que suele coronar el paseo de un panambi vera en su curioso juego de azules alas.

En las piedras que atesora el salto hay un curioso hoyo cilíndrico que el agua fue formando que llama especialmente la atención por la extraña precisión de su forma y al frente mismo, en lo tupido de la selva, se estiliza un amba’y haciendo que su tallo semeje una tacuara gigante.

PREVISIONES DE SEGURIDAD

Humberto del Valle, encargado del lugar, insiste en las previsiones de seguridad, ya que “el pozo es muy profundo. Ese es el principal cuidado que se tiene que tener. Se baja con una escalera, con la que también conviene ser precavido. En la zona honda pueden meterse solo los que saben nadar y hacia la mano derecha ya es playo y se puede uno bañar, tomar sol, relajarse”, invita.

Considera que “de un tiempo a esta parte bajó todito el turismo por acá”, situación que entiende tiene que ver con la economía general.

Cuenta que en el sitio “se puede hacer camping a lo natural como a la mayoría de nuestros visitantes les gusta. De todas partes viene la gente, sobre todo en el verano”, dice. Recomienda hacer antes una provista en Melgarejo: “Allí en el súper se puede comprar alimentos y por si hiciera falta algo a 100 metros hay una despensa”.

Lamenta que la fauna haya mermado considerablemente. “Ya no hay más por acá monos, lo que todavía quedan son lagartos, pero pocos porque hay muchos cazadores”, cuenta.

Un curioso pajarillo negro de extraños movimientos se posa sobre la pared de piedra coloreada en tonos de verde por la humedad y el paso del agua. Compone una imagen especial cuando lo revolotean las mariposas de colores amarillos que abundan en el sitio.

Un rayo de sol crea un breve arco iris que se ofrenda a la eterna caída de agua mientras un paisaje de ensueño se abre a la mirada.

UNA POSADA DE TACUARAS

“Aprendí la técnica de construcción con un arquitecto colombiano”, cuenta Darío Paredes a la puerta de su restaurante y posada en Melgarejo, muy cerca del salto Pozo Hondo.

La construcción llama la atención de los visitantes por el uso infrecuente de un material omnipresente en la zona. “Tengo muchas tacuaras en un terreno y me decidí a hacer la construcción con las paredes de barro y kapi’i con la técnica antigua”.

Cuenta que la actividad turística se activa en estos días. “Hace un mes que ya está entrando la gente, pero el problema nuestro es el camino que está en mal estado”, reclama. “También sería importante que se invirtiera en la señalización. Falta cartelería que indique los lugares y las distancias para que el turista se anime a ingresar con más seguridad”, apunta.

MEJORAMIENTO DE CAMINOS

“Si se mejorara el acceso, tendríamos una buena temporada”, señaló recordando que el suyo es uno de los negocios que proliferan alrededor del ecoturismo. “Aquí tenemos todo para ofrecer al turista, hay hoteles, alojamientos, cámpings, balnearios, negocios de comida, ere eréa”, asegura.

En su posada se puede acceder a una habitación con televisión y wi-fi por 120.000 guaraníes la noche.

“Aquí llega gente de todos los departamentos, de todo el país, es una zona muy visitada por los cerros y los saltos, así que los invitamos siempre a regresar”, dice. “Eso sí, es importante concientizar sobre el cuidado del medioambiente. No digo todos, pero alguna gente deja la basura en el lugar y la verdad que no está bien”, apunta.

Melgarejo tiene unos 3.000 habitantes distribuidos en su pequeño centro y en el área rural donde la gente cría vacas y tiene pequeñas granjas con cultivos variados.

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“Aquí cerca tenemos también Pombero Pista, que es un muy lindo lugar, y después en el área se puede ir hasta el salto Pa’i, el cerro Akatî, el parque Ybytyruzú, demasiado lindos lugares tenemos aquí en el Guairá. Así que vénganse nomás”, invita.

UN ARROYO ESENCIAL

El arroyo Tacuara en el departamento de Guairá es un cauce hídrico importante que atraviesa el distrito de Independencia y nace en la cordillera del Ybytyruzú, conocido por sus formaciones de cañones debido a la erosión en areniscas, especialmente en época de lluvias, atrayendo turismo y siendo objeto de iniciativas de reforestación para su protección.

Nace en el flanco noreste de la cordillera del Ybytyruzú y pasa por la zona de Independencia, un área con actividad turística y agrícola y merece acciones para su protección.

En el libro de investigación “Análisis del negocio como otra alternativa para la prestación de servicios ambientales en la Reserva de Recursos Manejados del Ybytyruzú y su área de influencia directa” se evalúa la importancia del turismo a ese efecto.

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El trabajo, un enfoque cualitativo y cuantitativo a cargo de Juan Carlos Decoud, director de Posgrado de la Universidad Católica, Campus Guairá, apunta que “el turismo sostenible ofrece alternativas de uso responsable e, incluso, de manejo proactivo a favor de la integridad del ambiente”.

El trabajo incluye 32 entrevistas aplicadas a 20 prestadores (propietarios o administradores) de servicios turísticos y 12 funcionarios y activistas vinculados con acciones de promoción del turismo y gestión ambiental. Los prestadores de servicios turísticos entrevistados corresponden a sitios ubicados, mayoritariamente, en el distrito de Independencia y, en menor cantidad, en Eugenio A. Garay, Villarrica, Mbocayaty y José Fassardi.

TURISMO Y CONSERVACIÓN

“Tanto las observaciones de campo como los testimonios de los entrevistados aportan argumentos sobre la relación positiva entre el turismo y la conservación. Esto a partir de la corroboración de casos de recuperación de coberturas boscosas en áreas donde se desarrollan las actividades turísticas”, apunta.

Vale señalar que el Régimen de Servicios Ambientales (RSA) establecido en el país por la Ley 3001/06 permite valorar y retribuir económicamente a propietarios de tierras que conservan, protegen y recuperan ecosistemas, como bosques y humedales, para generar beneficios ambientales (agua, biodiversidad, carbono) que benefician a toda la sociedad, involucrando a comunidades indígenas y actores privados en la conservación a través de apoyo técnico de entidades como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés).

Se critica allí la reglamentación de la norma, por lo que consideran “pertinente sugerir una reglamentación realista, adecuada a las acciones positivas y como respuesta a la amenaza latente de degradación de los recursos. La débil aplicación del RSA se vincula con la falta de información hacia los pobladores. Las comunidades indígenas y campesinas, a través de los sujetos consultados, manifiestan desconocimiento sobre las potencialidades de la certificación por servicios ambientales. Esto aun considerando las declaraciones por parte de la autoridad de aplicación en cuanto a la promoción y las facilidades para el ingreso al régimen”.

En las conclusiones, el estudio da cuenta de la falta de articulación público-privada para cuidar el sector. “… (Ante) esta visión escindida respecto de las estrategias de gobernanza ambiental, también corresponde señalar la ausencia de políticas municipales en relación con la reserva del Ybytyruzú.

Los entrevistados coinciden sobre la ausencia de los gobiernos locales como promotores y articuladores tanto de incentivos al turismo como de acciones concretas para la gestión del área.

Frente a este desinterés, se posicionan las iniciativas privadas movilizadas en forma de emprendimientos turísticos, asociaciones civiles, organizaciones religiosas y pobladores particulares.

Se reconoce, no obstante, que los impactos negativos también son generados por acciones del sector privado (canteras, habilitación para cultivos y ganadería, extracción de rollos, cacería furtiva, etc.).

Para que las voluntades de conservación se fortalezcan, es fundamental el involucramiento articulado de las instituciones gubernamentales de todos los niveles, así como la revitalización de un comité de gestión basado en la participación y, sobre todo, en la priorización de la integridad de la reserva”, señala.

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