- Fotos: Pánfilo Leguizamón
En esta edición del programa “Expresso”, del canal GEN/Nación Media, Augusto dos Santos recibe a Julieta Heduvan, investigadora de las relaciones internacionales del Paraguay. Heduvan desarrolla una línea que busca superar el paradigma de la política pendular, que quedó desfasado como marco de análisis, y llama la atención sobre la influencia determinante de la política interna en la proyección de las relaciones internacionales, que han sido muy dinámicas y cambiantes incluso bajo gobiernos del mismo signo político.
¿Cómo empieza esta historia de trabajar la política exterior de Paraguay como un tema de especialidad?
–Cuando comencé, y creo que es una constante hasta ahora, es que sigue siendo un tema muy de nicho. A veces sorprende que, por ejemplo, porque tengo un acento argentino, pero yo me crié en Paraguay y no me siento una paracaidista en el tema. Entonces, fue algo que terminó siendo algo natural para mí, el interés en Paraguay, en la política, en algo que viví. De hecho, cuando al principio quise empezar a estudiar política exterior de Paraguay, me acuerdo que mis profesoras me dijeron “Paraguay es un agujero negro de información” y eso puede tirarte un poco para atrás, pero me terminó resultando más interesante un ámbito en el que nadie profundiza o hay muy poca gente que profundice y que creo que es fundamental que las personas lo entiendan y vean cómo funciona y tenga más información.
–¿Tu formación es ciencias políticas?
–Soy licenciada en Relaciones Internacionales y después hice una maestría en estudios latinoamericanos.
–¿Cómo se empieza a desentrañar ese enigma respecto de ese lugar llamado Paraguay y su política exterior? Yo escuchaba con mucha frecuencia en la dictadura sobre la política pendular de Alfredo Stroessner. Supongo que esa es la línea de base, ¿no?
–Creo que es la forma más fácil de empezar porque es donde más información hay. Toda la cuestión de la política, durante la dictadura del periodo de Stroessner, donde se estudió esto y surgió esta teoría, la política pendular que es tan atractiva y que la gente sigue pensando que sigue existiendo, pero en realidad es algo que quedó un poco obsoleto. Pero es entendible de que la gente parte de ese punto porque es de dónde vas a encontrar más información. Pensar que Paraguay se sigue moviendo entre Brasil y Argentina, o entre Brasil y Estados Unidos o entre poderes grandes. También surge a partir de esa frase de Roa Bastos que se usa tanto, de que Paraguay es una isla rodeada de tierra. Entonces, te lleva a decir “estamos aislados y tenemos que tratar de sobrevivir entre otros actores más grandes”.
LA LARGA DICTADURA
–¿Es difícil no partir del estronismo porque fue un momento bastante excepcional?
–Si bien fue muy largo, sigue siendo excepcional. En general, cuando uno estudia la política exterior de Paraguay, sí es más fácil dividirlo en periodos. Tenés el período estronista, hablando de lo más contemporáneo, después empezás con la transición a la democracia y después ya te vas dividiendo en periodos un poco más pequeños que son cambios bastante fuertes también en la política exterior de Paraguay que te sirven para entender el proceso. Entonces, lo más fácil a grandes rasgos es dividir el periodo de la dictadura. Pero la dictadura no fue homogénea tampoco, porque la dictadura no lo fue y tampoco en su relacionamiento con el exterior. Hubo periodos que estaba más cerca de Estados Unidos o que estuvo más lejos, otros más cerca de la región en momentos en que los otros estaban en dictadura también, y cuando dejaron de ser dictadura a Stroessner eso no le vino nada bien tampoco. Entonces, la política exterior cambió bastante durante todos esos años.
–Cambiaron mucho las temperaturas sucesivas con Brasil y Argentina. Stroessner con Perón fue una cosa...
–Exactamente, después cuando llega (Raúl) Alfonsín, las relaciones cambiaron muchísimo. Entonces, ese es un primer periodo para entender que se puede hacer de algunos puntos a grandes rasgos, pero tiene sus diferencias. Y después llega la transición a la democracia, que fue una transición como en muchos de los otros países también bastante compleja, con todos los puntos en detalle que se pueden analizar
den analizar. Bueno, hubo un cambio muy fuerte de tratar de vincular de nuevo a Paraguay con el mundo y se ve cómo toda esa transición de tratar de modificar la política exterior también en función de que el mundo había cambiado. Ya se había terminado la Guerra Fría, estaba en ese momento justo de transición de un mundo nuevo que no se conocía. Y después el punto de cambio más fuerte tal vez en el periodo de transición es con Nicanor Duarte Frutos. Fue una relación más cercana con los otros países del sur global.
–Fue muy curioso porque aunque fueran Nicanor y Lugo líderes muy antagónicos, para afuera tenían como una mirada parecida.
–Bastante similar, sí. De hecho, Lugo profundiza lo que había empezado Nicanor. Y es difícil de entender tal vez para otros analistas o investigadores de afuera cómo este periodo cambió tanto con un presidente colorado, porque uno pensaría que la tradición colorada es toda igual y no lo es. Las políticas están marcadas por factores externos y factores internos. En los países pequeños en general a veces se dice que la política externa o lo que sucede alrededor es sumamente influyente, pero no siempre es así. En Paraguay la política doméstica, la política interior, marca mucho rumbo. Pero no significa que lo de afuera no afecte. Entonces, vemos justo con Nicanor que en las relaciones internacionales eran todos gobiernos de izquierda, con una nueva visión sobre cómo vincularse con el mundo y también aquello de la solidaridad latinoamericana.
DIPLOMACIA PRESIDENCIALISTA
–Hay marcas muy elocuentes en América respecto de política internacional. Itamaratí es una marca. ¿Hay una identidad en la diplomacia paraguaya que se puede ver como constante o ha existido una especie de electrocardiograma en base al momento?
–Creo que la imagen del electro es un poco más real. Si bien hay rasgos que son característicos, que de hecho están en la Constitución misma. Un Paraguay que se enfoca en la cooperación internacional, la defensa de la soberanía, la defensa de la libre utilización de ríos nacionales e internacionales, que tienen que ver obviamente con las características de Paraguay. La defensa del multilateralismo, que también tiene mucho que ver con las condicionalidades de Paraguay. Ser un país sin litoral marítimo, ser un país pequeño, por lo que para insertarse al mundo y para que sea escuchada su voz es conveniente que se relacione con instituciones internacionales que le den ese espacio.
–¿Cómo se puede describir esta historia de Paraguay en medio de gigantes y su pasado en el marco de esta historia?
–Esa es otra de las condicionalidades que ha marcado la política exterior de Paraguay. Desde antes mismo del estronismo, Paraguay estaba muy limitado por Brasil y por Argentina. Al principio mucho por Argentina, que controlaba las salidas del río, después también Brasil con toda la impronta que hubo después y que además se fueron creando un montón de instancias que también hicieron que el peso de Brasil fuera mucho mayor. La expansión al este de Stroessner, las represas. Ahí si bien Brasil siempre tuvo un peso gigante en la balanza, es lo que se habla de esa política pendular también en ese momento, que se trató de equilibrar el peso de ambos. Después, con la democracia tal vez se vino ese paso hacia la cooperación. Se trata de limitar la coerción con el paso a la democracia y el Mercosur es uno de los dogmas. Empezó entre Argentina y Brasil cuando dijeron “vamos a dejar todas estas hipótesis de conflicto que existen y vamos a empezar a cooperar”.
–Esta etapa que se vive hoy en el mundo es quizás una de las más impactantes en términos de nuevas configuraciones, que no es solamente el gobierno de Trump, es todo lo que vino pasando en Europa, las ideas libertarias, los ultranacionalismos. ¿Cómo estás viendo estos cambios y cómo Paraguay se incorpora a este sistema?
–Lo que vimos lo de la vuelta a la democracia y que la cooperación había empezado en los 80 y Paraguay se incorpora un poco después, cuando termina la dictadura. Ahora tal vez estamos viendo algo que podría ser el comienzo del fin de esa etapa. Hay que ver qué pasa con la cooperación porque Trump, si bien no fue el que empezó con esta dinámica de cambio, instituyó una nueva forma de diplomacia, que es la diplomacia transaccional. Ahora estamos en el debate a ver si estamos en el inicio del fin o en el fin de esta era. Entonces, no es tan fácil entender para nadie qué es lo que está pasando. Uno va leyendo diversos indicios que dicen “el mundo va para acá”, “el mundo va para allá”, pero si no es fácil para los investigadores o los analistas de estos fenómenos, tampoco es fácil para los gobiernos, que tienen que tomar decisiones.
ALTERNANCIAS
–En América las alternancias están alcanzando niveles de normalidad, ¿no? ¿Por qué no habría de ocurrir también eso en el mundo?
–Sin duda, no es solo un cambio en el contexto internacional, es en el si s tema internacionalmismo que estamos viendo. El debate es si realmente se va a dar un cambio de hegemonía. A nivel teórico en relaciones internacionales hay muchos que describen esta nueva etapa como una etapa no hegemónica, no hay un hegemón, no hay un Estados Unidos que maneje todo, pero tampoco hay un China que maneje todo. Todavía se está por ver. Hay incertidumbre y transición a nivel internacional. En América Latina, las tendencias dicen que en la última década, casi la mayoría de los países, con algunas excepciones, han ido al péndulo en las decisiones de las elecciones. Prácticamente todos los gobiernos de América Latina han perdido las elecciones y la excepción es Paraguay y creo que República Dominicana, hay pocas excepciones.
–Hay una herramienta que deambula en todos los talleres, que es el FODA. El análisis de fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas. ¿Cuáles son las oportunidades y las amenazas que afronta Paraguay con esta nueva política internacional?
–Si vemos el camino de la política exterior de Paraguay, tal vez no es algo tan extraño, de una política exterior que siempre fue alineamiento a Estados Unidos ahora se vuelve un poco más. También vemos un mundo que si bien por ahí algunos lo ven como un mundo polarizado, otros un mundo totalmente d e s or d e nado. Paraguay va a su aliado seguro de siempre y se refugia ahí. Paraguay eligió su lado, que en realidad era el lado en el que más o menos estuvo siempre. Después a nivel de cuáles son las desventajas, esto de elegir un lado te limita. Entonces, en un momento en el que tenemos este auge de China y que los países están tratando de buscar un punto intermedio, Paraguay ya eligió un lado, pero es el punto intermedio lo que te da margen de maniobra.
–Veo que los parlamentarios están más involucrados en la política exterior últimamente, ¿no?
–La diplomacia parlamentaria ha existido hace bastante tiempo, tal vez en los últimos años se la ve más presente y en Paraguay más que nada. En este gobierno, la participación del Congreso en política exterior está creo que en su momento más alto. Y creo que también se da a partir de que la política exterior durante este gobierno pasó a primer plano. En Paraguay nunca estuvo en un primer plano. De hecho, no estaba ni en el segundo ni en el tercero tal vez. Si bien estuvo manejada por Cancillería cada tanto, sigue siendo presidencialista igual, pero en general más o menos seguía las tendencias normales delineadas por el gobierno de turno y por el presidente, pero era más o menos estable.
RELACIONES LULA-MILEI
–¿Podés dar unas miradas sobre la electricidad que hay entre Lula y Milei?
–Estos son los primeros gobiernos desde el regreso de la democracia en que hay este nivel de tensiones. Cuando asume Milei, el primer viaje presidencial de un mandato por primera vez no es Brasil. Entonces, ya comienza así el relacionamiento entre Argentina y Brasil en estos nuevos gobiernos. Es una decisión política, sin duda. Argentina también eligió su bando y se fue de lleno a ese bando, haciendo que Brasil deje de ser su aliado central. Si bien todos los factores económicos te dicen que tu aliado central sigue siendo Brasil, pero eligieron cambiar esa visión y hacerlo bien político y hacer que Estados Unidos sea su aliado central.
–¿Cómo te parece que va a jugar lo que vaya a suceder con Venezuela y Estados Unidos en este contexto?
–El problema de Venezuela es que pone a todos en un lugar muy incómodo porque, si bien Lula es sin duda el líder de nuestra región de Sudamérica, Venezuela es uno de los temas de agenda principales siempre. Lula intentó liderar todas las etapas de negociación con el gobierno de Maduro, las elecciones también, tratar de dejar las puertas abiertas a Maduro, en caso de perder las elecciones, retirarse de una manera lo más amigable posible con un régimen que no lo es.

