- Paulo César López
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- Fotos: Archivo/Gentileza
Ayer 20 de diciembre tuvo lugar una celebración rara y poco conocida, el Día Mundial del Escepticismo, también conocido como el Día Mundial del Pensamiento Crítico. Esta conmemoración fue instituida el 20 de diciembre en homenaje a la fecha de muerte del reconocido astrónomo, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico estadounidense Carl Sagan (1934-1966), uno de los principales impulsores de esta corriente de pensamiento.
Tomando esta recordación casi como excusa, charlamos con el filósofo y docente Sergio Cáceres Mercado para conocer un poco más sobre el escepticismo como corriente filosófica y la importancia de la promoción del pensamiento científico para el avance de la sociedad.
–¿Podría explicarnos en primer lugar qué es el escepticismo filosófico?
–En términos sencillos, el escepticismo es la negación de poder alcanzar algún tipo de conocimiento seguro o absoluto. Está ligado a la duda o al examen previo. Es decir, está en contra de la aceptación sin cuestionamiento, contra el dogmatismo. Es algo que aparece en todo comportamiento humano una vez alcanzada cierta madurez intelectual. Luego la filosofía se encargará de pulirla y adoptarla como una posición propia. Podría admitirse que la filosofía en sí tiene como componente el escepticismo en el sentido de no tomar a la ligera cualquier explicación sobre la realidad. Toda filosofía tendría siempre algo de escepticismo, lo que a su vez es el puntal del pensamiento crítico tan necesario en estos días.
ORIGEN
–¿Cómo y dónde surge?
–La historia canónica de la filosofía occidental la ubica originariamente en la Grecia antigua. Las primeras manifestaciones de escepticismo sistemático se encuentran en el grupo de filósofos conocidos como sofistas y en algunos de los discípulos de Sócrates. Sin embargo, como corriente filosófica será elaborada en el periodo posaristotélico bajo la figura de Pirrón de Elis, filósofo que tendrá importantes discípulos, lo que dará al escepticismo un lugar destacado entre otras escuelas como la estoica y la epicúrea. Muchas de las discusiones, a favor o en contra, del escepticismo ya se darán en esta época que corresponde el siglo III AC. En siglos posteriores aparecerá esporádicamente con fuerza y bajo muchas vertientes. Es decir, el escepticismo tiene muchas variedades y disputas internas que son propias de todas las corrientes y escuelas filosóficas.
–¿Originalmente tenía un sentido negativo?
–Las diversas vertientes del escepticismo llevan a actitudes morales o políticas que colisionan con otras más propositivas. Un escéptico puede descreer de las doctrinas éticas o de la bondad innata del ser humano, o de que se pueda convivir en paz. Es decir, puede llevar al pesimismo o al nihilismo y en ese sentido un escéptico podría ser considerado como un enemigo de la fe, de la construcción política, de los valores morales, etc.
–¿Cuáles son sus ventajas y desventajas?
–El escepticismo no está exento de las contradicciones epistemológicas y prácticas de cualquier otra doctrina, escuela o corriente filosófica. Por lo tanto, sus diversos y contradictorios seguidores y representantes pueden llegar a extremos o malinterpretaciones tan conocidas en la historia de la humanidad. Sin embargo, un escepticismo bien fundamentado es llevadero socialmente y muchas veces es necesario para movilizar contra engaños que siempre acechan.
EL NIHILISMO
–¿Podría ahondar un poco en la relación entre el escepticismo y el nihilismo, sobre todo por la connotación ciertamente pesimista que tiene este último término?
–El nihilismo también tiene sus extremos y en su deriva existencial puede llevar al descreimiento de todo valor humano, de toda moral laica o religiosa o de toda doctrina política. El nihilismo puede provenir de un escepticismo, ciertamente; en el siglo XIX tuvo su auge en Europa y era especialmente popular en adolescentes que descreían de todo. Con este tipo de nihilistas (porque hay muchos tipos de nihilismos) es difícil o casi imposible construir un proyecto político. Pero hay que aclarar que no todos los nihilismos llegan a ese extremo, y mucho menos hay que ver al escepticismo como algo que lleva indefectiblemente al nihilismo.
–¿Usted se definiría como escéptico? ¿Por qué sí o por qué no?
–De la filosofía me gusta su criticidad y esto solo puede lograrse con un toque de escepticismo. Muchos males históricos y actuales provienen de nuestra ignorancia, situación que puede reverse con la duda, la revisión metódica. Es decir, cierto escepticismo que acompaña a la filosofía como fruto de la evolución cognitiva del Homo Sapiens. En este sentido soy escéptico porque creo en la filosofía como pensamiento crítico y práctica emancipadora. La única forma de despertar de nuestro sueño dogmático es la bofetada dolorosa que proviene del escepticismo.
–¿Cuál es el aporte que le parece puede brindar el escepticismo en estos tiempos de creciente intolerancia y fanatismo, sobre todo religioso?
–Sin duda que pueda aportar muchísimo. Pero ya vemos que los fake news, la posverdad y todo tipo de estafa emocional y cognitiva está cada vez más en boga, lo que puede llevarnos a pensar que una actitud escéptica es difícil de implantar frente a la fuerza que tienen los dogmas que apelan a lo sentimental, los engaños políticos que apelan a lo estético como distracción. Es una lucha desigual y, por lo tanto, difícil pero no imposible. Justamente el nihilista sucumbiría y bajaría los brazos, lo que es el peor de los escepticismos. Si creemos que no tenemos futuro como especie, entonces somos nihilistas, ergo somos escépticos absolutos porque no confiamos en principios, creencias y valores. Este escepticismo, llamémosle negativo, no nos conviene. Sin embargo, la construcción de una sociedad sin desigualdad social, aquella donde ya no haya explotación del hombre por el hombre, es imposible sin un pensamiento crítico que surge del escepticismo. Es decir, esa postura piensa cuidadosamente y no cae en abismos dogmáticos. Llamemos a esto escepticismo positivo y es el que debemos cultivar.
EL APORTE DE CARL SAGAN
–¿Puede contarnos un poco sobre la figura y obra de Carl Sagan?
–Sagan llegó a ser una figura muy popular gracias a un programa de televisión, “Cosmos”, en el que divulgó conocimientos científicos de una manera clara y amena. Inspiró a mucha gente y elevó la divulgación científica a niveles jamás pensados. Leí varios de sus artículos de divulgación que aparecían en las revistas. Recuerdo vivamente uno en el que explicaba cómo sería el color del cielo visto desde la superficie de cada planeta del sistema solar. Sagan fue un astrónomo especializado en planetología y en ese artículo hizo gala de sus finos conocimientos científicos.
–¿Cuál le parece que es su principal aporte?
–Sagan, al igual que otros divulgadores como (Isaac) Asimov y otros científicos y filósofos, no solo enseñaba los contenidos de las ciencias naturales, sino que implícita y muchas veces explícitamente indicaba que la ciencia es el mejor camino para el despertar de la conciencia humana. En ese sentido, el método científico tiene siempre un condimento de revisión y duda, de búsqueda rigurosa pero con base en evidencias empíricas, todos condimentos del escepticismo. Si dije que la filosofía prácticamente no puede pensarse sin escepticismo, la ciencia mucho menos: la una implica a la otra. Sagan especialmente se tomó muy a pecho este aspecto y entonces no solo divulgaba ciencia, sino que educaba sobre cierto tipo de pensamiento que él consideraba como la solución a nuestros males. Todo esto puede discutirse y ahí la filosofía tiene mucho que contestar, pero esa ya es otra historia.
–¿Cómo ves la emergencia de los movimientos terraplanistas y las pseudociencias?, ¿cómo se posicionaría el escepticismo ante semejantes visiones?
–Desde un punto de vista histórico, siempre hubo terraplanistas y sus equivalentes. Por supuesto es más chocante saber que existen hoy en día en que los conocimientos científicos están al alcance de todos, pero en realidad la cuestión es mucho más compleja y su análisis supera los límites de esta entrevista y requiere la ayuda de las ciencias sociales, en especial las ciencias cognitivas como la psicología. A mí los terraplanistas y otros cultores de pseudociencias no me preocupan tanto, pues día a día convivimos con personas que creen en fantasmas, dioses, vírgenes, ángeles y demonios y otros “amigos invisibles” como diría el escéptico Dr. House. Pecamos de soberbios e injustos si los llamamos ignorantes. Lo mismo piensan ellos de nosotros y quizá tengan razón. Lo que a mí me preocupa en serio son los bien los instruidos, los bien educados, que usan sus conocimientos para explotar al prójimo o defienden doctrinas que sacan lo peor del ser humano.