El pasado jueves 27 de noviembre, el historiador y diplomático Ricardo Scavone Yegros presentó su último libro, titulado “Las relaciones de Paraguay y Bolivia en las primeras décadas del siglo XX (1902-1928)”. Se trata de la edición paraguaya de una investigación publicada recientemente en Bolivia, lo cual obedece a la misma historia compartida entre ambos países, así como para salvar las dificultades que todavía obstaculizan la circulación de libros paraguayos más allá de nuestras fronteras.

Ante el nutrido audi­torio de la Acade­mia Paraguaya de la Historia y con la presen­tación del embajador José Félix Fernández Estigarri­bia, el historiador y diplo­mático Ricardo Scavone Yegros presentó su última obra, una documentada investigación sobre la con­troversia diplomática entre Paraguay y Bolivia por la posesión del Chaco Boreal.

Con su característico estilo claro y riguroso, Sca­vone Yegros nos ofrece una valiosa panorámica de las relaciones entre ambos paí­ses desde principios del siglo XX hasta 1928, cuando fra­casan las conferencias de Buenos Aires.

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En esta segunda parte de la entrevista, el autor nos habla del proceso de inves­tigación para la elaboración de su libro y de la práctica historiográfica más allá de los hechos notorios y más conocidos.

–¿Podría comentarnos cómo fue el proceso de investigación?, ¿hubo trabajo en archivos boli­vianos?

–Sí. En el libro se recons­truye el proceso de las nego­ciaciones efectuadas en las primeras décadas del siglo XX a partir de la documen­tación conservada en los archivos de los ministerios de Relaciones Exteriores de Bolivia y del Paraguay. Gra­cias a eso fue posible expo­ner las intenciones de ambas partes para comprender mejor dicho proceso. La his­toria que se reconstruye en este libro no es completa­mente desconocida, sino mal conocida.

–¿Por qué le parece que ocurre eso?

–Primero, porque fue con­tada en forma fragmentaria. Se conocen los hechos noto­rios, pero poco se sabe de los entretelones, de los intere­ses, de las razones que pre­cedieron, los antecedentes de esos hechos. Se conocen los acuerdos, algunos inci­dentes diplomáticos o mili­tares, pero no siempre sus motivaciones y las condicio­nes en que se produjeron. En segundo lugar, es una his­toria mal conocida porque predominan aún los rela­tos interesados. Lo que los agentes paraguayos y boli­vianos contaron para justifi­car las posiciones de sus paí­ses, su voluntad pacifista, la corrección de su conducta y la mala fe del adversario. Y también lo que en el fra­gor de las luchas internas se decidió destacar para dismi­nuir, desmerecer, agredir o defender a un partido o sec­tor político determinado.

Scavone Yegros firmó numerosos ejemplares de su obra al heterogéneo público, que incluyó referentes de la política, la diplomacia, la academia e interesados en la historia en general

MÚLTIPLES DIMENSIONES

–¿Cómo ve la historio­grafía paraguaya actual más allá de los relatos de enfrentamientos béli­cos?

–Sin duda toda guerra debe ser estudiada en su aspecto militar y en el aspecto diplo­mático, que abarca las nego­ciaciones tendientes a poner fin a las hostilidades y la administración de los fac­tores externos a los países beligerantes que pudieron influir en el desarrollo del conflicto. Me parece que en ambos aspectos todavía hay mucho por investigar y por conocer. Pero la guerra también debe ser observada en sus dimensiones polí­tica, económica, cultural y social. En ese sentido, en los últimos tiempos han apare­cido nuevas contribuciones que amplían la visión sobre la guerra del Chaco.

–¿Podría citar algunas de ellas?

–Por mencionar solo algu­nas, podría citar la impor­tante investigación de José Luis Hernández sobre la oposición a la guerra, que fue complementada con otros aportes, como los de Carlos Castells y Juan Mar­cos González. Este último investigador, en un libro publicado este año, se ocupó no solo de la resistencia polí­tica y las dificultades para el reclutamiento, sino ade­más de la criminalidad rela­cionada con la guerra. Por su parte, Milda Rivarola publicó recientemente un libro en el que se ha aproxi­mado a las vivencias de los combatientes y su entorno íntimo de la retaguardia, así como a las formas de comu­nicarse entre ellos y el valor que tuvo la correspondencia durante el conflicto. Liliana Brezzo y María Laura Reali, en “Combatir con la pluma en la mano”, han puesto el foco en la propaganda que se desarrolló para generar apo­yos y simpatías hacia los paí­ses beligerantes. En cuanto a lo económico, se produje­ron ya hace tiempo en nues­tro país estudios impor­tantes como los de Alfredo Seiferheld, Lorenzo Livie­res Guggiari y Washington Ashwell.

–Aunque su trabajo se cir­cunscriba a los aspectos más diplomáticos, ¿cómo aporta para comprender el curso de la guerra?

–En el libro se expone cómo todos los esfuerzos realizados para encontrar un arreglo a la controver­sia territorial resultaron infructuosos. El acuerdo directo era imposible, prin­cipalmente porque Bolivia quería asegurarse un puerto sobre el río Paraguay al sur de la desembocadura del río Negro y el Paraguay no estaba dispuesto a consen­tir eso. Se evaluó enton­ces someter la cuestión a un arbitraje de derecho. Tampoco se pudo llegar a un entendimiento, porque Bolivia planteaba definir la zona que se sometería a arbitraje excluyendo una parte del litoral al sur de Bahía Negra que quedaría bajo su dominio. Es decir, se presentaba la misma difi­cultad que para el acuerdo directo. Mientras tanto, ambos países se habían abo­cado a organizar sus ejér­citos, adquirir armamento, abrir caminos, establecer fortines e incrementar las tropas desplegadas en el Chaco pese a las dificulta­des que oponían el terreno y la extensión del espacio que se quería dominar.

El Chaco Boreal en 1913
El Chaco Boreal en 1927

CLAUSURA DE LA VÍA DIPLOMÁTICA

–¿Cómo se presentaba el escenario para 1928?

–En 1928 parecía cerrada la vía diplomática y los dos países adelantaban sus pre­parativos militares. La pri­mera finalidad de esta pre­paración militar era, por cierto, consolidar la pose­sión propia y evitar que se ampliara la posesión de la parte contraria. Pero en algún momento la fuerza que se estaba acumulando en el Chaco podría ser uti­lizada como una amenaza capaz de obligar a un arre­glo o para desalojar a los que los paraguayos califi­caban como invasores y los bolivianos como usurpado­res. La guerra, empero, no era inevitable. Entre 1928 y 1932, se planteó la posi­bilidad de un doble arbi­traje para definir primero la materia controvertida y luego declarar el mejor dere­cho. Esa hubiera podido ser una salida. Se propusieron también acuerdos de no agresión o de desarme que, si bien no resolverían la cuestión de fondo, pudieran disipar el peligro de enfren­tamientos. Pero nada fun­cionó finalmente y la guerra estalló en 1932.

–¿Se podría hacer un balance de los tratados anteriores a la guerra y el tratado de paz definitivo para decir que tal o cual país resultó más favore­cido o perjudicado con el tratado de límites final? En ese caso, ¿cuál fue uno y otro?

–Siguiendo la línea de razo­namiento que esbozamos antes, se puede decir que lo que hace el Paraguay entre 1932 y 1935 es desalojar a los bolivianos de la mayor parte del territorio en dis­puta. Amplía su posesión efectiva. Pero, concertado el cese de hostilidades en junio de 1935, los dos países vuel­ven a confrontar sus títulos históricos y jurídicos como antes de la guerra, porque el derecho internacional ame­ricano determinaba ya en aquella época que la ocupa­ción militar no creaba dere­chos.

–¿Cómo se desarrolló la correlación entre el debate y el dominio terri­torial efectivo hasta el acuerdo final?

–El Paraguay contó en ese debate con la ventaja de encontrarse en posesión de la mayor parte del territorio controvertido y su diploma­cia había conseguido confi­gurar un estatuto territorial provisorio que consolidaba tal posesión mediante el protocolo de junio de 1935 y el acta protocolizada de enero de 1936, aprobados ambos por los Congresos de las dos partes. Y dentro de esa posesión, estaba la cuña que se aproximaba a la zona petrolífera boliviana. La solución final, en 1938, se alcanzará cuando Bolivia, interesada en alejar al Para­guay de la zona petrolífera, decidió renunciar a su aspi­ración de un puerto sobe­rano sobre el río Paraguay al sur de Bahía Negra y a cam­bio del retiro se acordaron compensaciones territo­riales al Paraguay hacia el norte, que le aseguraron el dominio de la mayor parte del Chaco Boreal.

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