• Celso Chávez S.
  • Fotos: Gentileza

A pesar de haber transcurrido 75 años de su cierre, visitar el campo “modelo” o “ideal” de Sachsenhausen, en Brandeburgo, Alemania, es una experiencia que sigue subyugando el alma.

En el actual sereno y silencioso espacio en el que quedan vestigios de aquella barbarie, uno se imagina a niños, jóvenes y adultos (hombres y mujeres) sometidos a trabajos forzados, con la típica vestimenta rotosa tipo cebra, con la piel carcomida por el frío y los insectos, haciendo también parte de los experimentos de diversos tipos en el cuerpo humano por parte del temible Dr. Karl Gebhardt.

Una fresca tarde pudimos sumergirnos, in situ e imaginariamente, en lo que fue el terrorífico campo de Sachsenhausen, que se encuentra en la localidad de Oranienburg, en el estado de Brandeburgo, a unos 35 kilómetros al norte de Berlín.

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Se calcula que entre 1936 y 1945, más de 200.000 personas fueron recluidas en aquel lugar concebido y diseñado para expandir la visión del mundo de las SS y para entrenar a sus guardias.

Y entre esos cientos de miles de personas estuvieron opositores políticos al régimen nazi, judíos, gitanos, homosexuales, prisioneros de guerra o los antisociales para el sistema hitleriano.

Se relata que no fue un campo de exterminio masivo como Auschwitz-Birkenau, pero miles murieron en Sachsenhausen debido a las condiciones inhumanas: enfermedad, hambre, frío, trabajos forzados, abusos, experimentos médicos y asesinatos sistemáticos, estimándose que al menos 50.000 prisioneros perecieron en su interior.

EXPERIMENTOS MÉDICOS

Los médicos nazis que experimentaron con los cautivos en los campos de concentración son tristemente célebres.

En el caso de Sachsenhausen, uno de los más conocidos fue el Dr. Karl Gebhardt, destacado cirujano y médico personal del jerarca nazi Heinrich Himmler.

A pesar de su reputación profesional, Gebhardt realizó prácticas médicas atroces en prisioneros de varios campos de concentración, incluido Sachsenhausen.

Sus experimentos se centraron, principalmente, en heridas y la efectividad de ciertos tratamientos. Inyectaba bacterias a los prisioneros para simular heridas de guerra y luego probaba la efectividad de los medicamentos de sulfamida. Estos procedimientos causaron dolor y la muerte de muchas víctimas. En la actualidad aún se observa la mesada revestida con azulejos blancos, un mudo testigo de tantas atrocidades.

Además, en el campo se llevaban a cabo otros actos crueles, como las “marchas de prueba”, que incluía a mujeres y niños, donde los prisioneros eran forzados a caminar largas distancias con calzado militar y equipo pesado, lo que les causaba heridas y agotamiento extremo.

Aún están en pie las ruinas de los hornos crematorios y los cimientos del antiguo edificio donde se encontraba la cámara de gas

LIBERACIÓN

Tras la caída de los nazis, el campo fue liberado por tropas soviéticas y polacas en abril de 1945. Sin embargo, su historia no terminó allí.

Entre 1945 y 1950, los soviéticos lo usaron como Campo Especial N.º 7 para encarcelar a oficiales nazis, prisioneros políticos y personas detenidas arbitrariamente.

Alrededor de 12.500 personas murieron en este periodo a causa de las terribles condiciones. Hoy día sigue en pie un enorme obelisco de unos 40 metros que recuerda la “liberación” del sitio tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial.

En una de sus entradas, aún se observa la famosa frase de los campos nazis: “Arbeit Macht Frei” (el trabajo libera).

El nombre que cínicamente eligieron las SS para denominar el sector de exterminio de este campo fue el de Estación Z, ya que los prisioneros habían entrado al campo por la Torre A y por aquí era por donde “saldrían”.

Obviamente, a las víctimas no se les comunicaba cuál iba a ser su destino, sino que eran engañadas para evitar que opongan resistencia.

VESTIGIOS

Hasta el presente se puede contemplar la antigua fosa de fusilamiento, utilizada sistemáticamente durante el año 1941.

Aquí se contemplan y descubren las ruinas de los hornos crematorios, así como los cimientos del antiguo edificio en donde se encontraba la cámara de gas.

Fue en este emblemático sitio donde, a través del engaño, fueron asesinadas sistemáticamente miles de personas. En la parte posterior se observan cientos de lápidas que recuerdan a los muertos en el campo de concentración nazi, lo cual es realmente duro y conmovedor. Sin embargo, forma parte de la historia de la humanidad, y de Alemania y de Berlín en particular. Desde 1961 funciona como un lugar conmemorativo y museo. El visitante puede hacer el recorrido, con guías en diversos idiomas, o acceder a una sala digital donde se muestran detalles reales y virtuales sobre el campo de concentración y exterminio.

El sitio es un recordatorio constante y perenne de las atrocidades cometidas por el nazismo y debe mover a una profunda reflexión sobre algo que sigue conmoviendo la conciencia de la humanidad en su conjunto.

En el presente, debe servir de lección para condenar enérgicamente las atrocidades contra el semejante y que estos actos de crueldad ya no sean admitidos ni tolerados en ninguna parte del mundo bajo ninguna circunstancia.

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