El escritor en idioma guaraní Arnaldo Casco Villalba, ganador del concurso de cuentos del Club Centenario en esta modalidad, compartió sus vivencias respecto a lo que significa este reconocimiento y habló del momento que atraviesa la producción escrita en la lengua vernácula en nuestro medio.

  • Foto: Gentileza

La ceremonia de entrega de premios de la 30.ª edición del prestigioso Concurso de Cuentos del Club Centenario tuvo lugar el jueves pasado.

Esta edición tuvo una nove­dad, pues fue la primera vez que se incluyó la categoría de lengua guaraní. En esta cate­goría resultó ganador Arnaldo Casco Villalba, director general de Investigación Lingüística de la Secretaría de Políticas Lin­güísticas (SPL) y jefe de Correc­ción del diario La Nación.

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La obra galardonada se titula “Sapukái kiriri” que, según explicó el autor, podría ser tra­ducido como “grito silencioso, grito silenciado o censurado”, porque “existen personas que vivieron y viven en el anoni­mato, sin voz, sin haber tenido la posibilidad de trascender más allá de sus fronteras lin­güístico-culturales y geográ­ficas”, según remarcó.

–¿Qué significa para vos haber ganado este con­curso?

–Es para mí motivo de gran alegría y orgullo, no tanto porque yo haya sido el gana­dor, sino por el espacio que va ganando la lengua guaraní como lengua escrita, como lengua de prestigio. Este pre­mio es para aquellas personas que nacen, viven y mueren en guaraní. Aquellas que, casi sin saber, son depositarias de una cultura oral ances­tral profunda, amplia y rica.

DIÁLOGO SIMBÓLICO

–¿Podés comentarnos un poco de qué trata la obra?

–En el cuento se plantea un diálogo simbólico entre una generación de adulto mayor y la nueva generación, una relación de mucha ingrati­tud teniendo en cuenta que no se reconoce a esta per­sona grande todo lo que aportó para que las futuras generaciones puedan vivir mejor, en un país digno, soberano. Se trata de una persona que en su juventud luchó por la libertad, ayudó a la gente a buscar su camino de trascendencia como ser humano; sin embargo, en su vejez solo encontró ingra­titud, incluso de su propia familia.

–¿Cómo estás viendo la producción literaria en guaraní en la actualidad en nuestro país?

–Hay avances, pero aún falta mucho por construir. Produ­cir más y mejor es crucial. Son necesarios espacios de for­mación en la producción de literatura en guaraní, sobre todo la narrativa guaraní, que falta fortalecer en producción y calidad. Pero creo que esta­mos en un camino de creci­miento; en los últimos años se han publicado varias novelas en guaraní, cada vez se abren más espacios de concursos para premiar la producción literaria en guaraní y eso es muy positivo.

–¿Cómo ves la recepción entre el público? ¿Se está popularizando la lectura de textos en guaraní o sigue siendo algo de “guaranió­logos” y especialistas en la lengua?

–Veo con optimismo este aspecto. Estoy seguro de que los jóvenes hoy en día leen más en guaraní y para esto el programa Ñe’êry del MEC (Ministerio de Educación y Ciencias) contribuyó enor­memente. Este año me han invitado de varios colegios porque los jóvenes han leído mi novela “Tatukua” y pude comprobar que realmente la leyeron. Y esta misma prác­tica sé que se aplicó con varios otros escritores en guaraní.

POLÍTICAS PÚBLICAS

–¿Qué te parece que se debe hacer para que la gente quiera y sobre todo pueda leer más obras en guaraní?

–En los últimos años se die­ron hechos cruciales para for­talecer este aspecto. Remarco de nuevo el programa Ñe’êry del MEC y otro hecho fun­damental es la promulga­ción de la Ley del Libro, que desde este año, a través del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, se ejecutó un importante presupuesto financiando proyectos que tienen que ver con la promo­ción de la lectura, publicación de libros, traducción, y gran parte de este fondo se destinó para fortalecer la lengua gua­raní tanto en la producción de textos como en su difusión a nivel país.

–¿Te gustaría agregar algo para cerrar esta charla?

–Es importantísimo el espa­cio que va ganando la len­gua guaraní. Este idioma debe trascender sus fronte­ras lingüístico-culturales y geográficas y proyectarnos como país a nivel local y en el mundo. Es un idioma digno como cualquier otro y tiene todas las herramientas para trascender y aggiornarse en el mundo moderno en que vivimos.

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