• Paulo César López
  • paulo.lopez@nacionmedia.com
  • Fotos: Matías Amarilla

A 185 km de Asunción y a 27 km del centro urbano de Mbuyapey, en el departamento de Paraguarí, las límpidas aguas que bajan del cerro Cajón desembocan en una espectacular caída de unos 60 metros formando preciosos manantiales y diáfanas piletas naturales que invitan a refrescarse en una tierra que ya empieza a quemar. La Nación/Nación Media llegó al sitio para capturar el buen momento de este atractivo natural tras las lluvias del fin de semana pasado y conversar con quien se encarga de guiar a los visitantes a través de esta fabulosa experiencia.

Tras 20 km de un camino de tierra colorada que se extiende desde la ruta Rincón-Borja hasta casi el pie del cerro, se llega a la alejada compañía Ñuahi 2, en el este del noveno departamento, en el límite con Guairá. Unas 40 familias, la mayoría emparentadas entre sí, viven en las lomas y praderas de esta formación que según los mapas geológicos pertenece a las areniscas del Grupo Caacupé, según las fuentes consultadas.

Al bajar el camino barrancoso que conduce al cerro ya es posible divisar la caída a lo lejos, lo cual alimenta aún más la ansiedad de llegar. En la última casa, ubicada al pie de la elevación, nos recibe Cantalicio Cardozo, un hombre de poco más de 40 años, quien con una amplia sonrisa abre la cimbra para darnos paso.

Cantalicio Cardozo, poblador de la compañía Ñuahi 2 de Mbuyapey, departamento de Paraguarí

Unos perros se dirigen precipitamente hacia nosotros con agresivos ladridos, pero ante nuestros gestos amistosos se amansan en el acto y hasta exigen sendas caricias. Un niño duerme en la hamaca mientras su hermano mayor juega a la pelota solo contra la pared. En un momento acierta de propósito a su madre y esta ríe amenazándolo con fingida dureza.

“Pemoî pende vehículo amo sombra porãme. Ani pejepyapy. Ápe nunca ndokañýva ni cuchara” (lleven su vehículo en aquella buena sombra. No se preocupen. Aquí nunca se perdió ni una cuchara), asegura nuestro anfitrión.

Ya pasado el mediodía, antes de partir desenrrollamos nuestro avío mientras Cantalicio nos cuenta que se dedican al cultivo de rubros de autoconsumo y la cría de vacas lecheras y ganado menor, además de recibir a los eventuales visitantes, que no son muy numerosos, pues el sitio ni siquiera es conocido por la mayoría de los habitantes de zonas aledañas, por lo que preguntar por el camino cómo llegar será la mayor de las veces un esfuerzo estéril.

EL ASCENSO

Cuando hubimos terminado, Cantalicio llenó su termo con aguas del arroyo para emprender el ascenso. Tras unos 400 metros de subida que nos parecieron muchos más, fundamentalmente por nuestra vestimenta y calzados inadecuados, llegamos en el ojo de la caída. Un cartel da la bienvenida: “Nde revy’ánte arã, reime ko’ápe, cerro Cajón, Paraguay (solo debes ser feliz, estás acá). Viaja, vive, disfruta”.

El traslúcido torrente cae por escalones de piedra suavizando la erosión del suelo, por lo que la pileta que se forma en su base es bastante playa y segura para el baño.

Tras las fotos de rigor y una larga charla entre las piedras y rondas de tereré, Cantalicio nos cuenta algunas leyendas del sitio como un rugido que emite el salto ante la presencia de personas indeseadas. Nos desperezamos, echamos un último vistazo en derredor y vamos rumbo a la cima del salto.

El tramo no es largo, pero la senda es tupida y accidentada. La cumbre, donde domina una vista preciosa de las praderas y las elevaciones circundantes, es más que un éxtasis.

“Tuicha oky kuri. Upéare ko la ko’ãnga iporãiterei hína, pero tuichave jey kuri” (llovió mucho, por eso ahora está muy lindo, pero incluso era más grande), dice mientras nos muestra un video de días pasados donde efectivamente se corrobora que el volumen del chorro era mayor.

VY’A RENDA

Luego de al menos una hora de departir en la cúspide y disfrutar de la imponente vista, nos dirigimos al salto más pequeño y recóndito, llamado Vy’a Renda, que sí ya es un trayecto de dificultad alta, ya que además del barro implica trepar sobre altas murallas de piedra. Sin embargo, el esfuerzo vale largamente la pena. Un chorro de unos 10 metros desemboca en una transparente pileta ubicada en el corazón del bosque. Nos refrescamos en sus aguas antes de continuar, pero ya no queda tiempo para demorarnos mucho, por lo que nos apuramos para iniciar el descenso.

Alrededor de las cinco de la tarde llegamos nuevamente hasta su casa familiar, donde tomamos asiento para una rápida ronda de tereré y aprovisionarnos de agua para el largo camino de regreso.

Mientras nos despedíamos, extendí nuestro aporte voluntario para la limpieza, pero Cantalicio lo rechazó amablemente e incluso quedó hecha la invitación para un próximo convite de un lechón.

Sobre si deseaba dar un mensaje a las personas que quieran conocer el sitio, respondió que “ainvitase a todos los aventureros y amantes de la naturaleza tou to disfrutá ko lugar porãite jarekóva ko cerro Cajón-pe, ko Mbuyapey-pe. Ápe oî paz y tranquilidad. Jaikuaa voi que la persona jaikotevê de la naturaleza jaiko haguã, pero la naturaleza ko odepende avei de la persona para vivir” (quiero invitar a todos los aventureros y amantes de la naturaleza que vengan a disfrutar de este lugar tan lindo que tenemos en el cerro Cajón, en Mbuyapey. Acá hay paz y tranquilidad. Sabemos muy bien que las personas necesitan de la naturaleza para sobrevivir, pero la naturaleza también depende de la persona para vivir), remató.

GRAN POTENCIAL TURÍSTICO

El ingeniero forestal y guía turístico Peter García, quien años atrás realizó un plan de desarrollo turístico por encargo de la organización Guyra Paraguay, indicó que el salto Escondido está ubicado en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Ybycuí.

Como parte de la ecorregión del Bosque Atlántico del Alto Paraná, presenta un tipo de bosque semicaducifolio, que son ecosistemas templados donde abundan los árboles altos que pierden sus hojas en otoño e invierno como los lapachos, pero también con abundancia de otros como el petereby. La formación corresponde a las sierras de Ybycuí, que son muy ricas en nacientes y saltos de agua.

Por ello, hay abundancia de especies vegetales acuáticas y medicinales. En cambio, todo el ecosistema está sometido a mucha presión por la abundancia de árboles muy requeridos por la industria maderera como el lapacho, yvyrapytã, cedro, petereby y por la extracción para uso energético.

García destacó que el distrito tiene un gran potencial turístico, pues además de los saltos de agua su territorio es atravesado por el río Tebicuary, donde se extiende una bella playa ideal para la pesca y el acampe.

A más de sus atractivos naturales, el casco urbano del municipio tiene numerosos edificios que datan de principios del siglo pasado y aún se conservan las casas de grandes personalidades de la vida nacional que son originarios de la ciudad, como monseñor Sinforiano Bogarín, Eligio Ayala y Jesús de la Cruz Ayala, Alón. Uno de sus principales atractivos urbanos es la iglesia Virgen de los Dolores.

El nombre de la ciudad proviene de “mbujape”, una especie de naranja muy dulce que, si bien no es nativa de nuestro país, se aclimató muy bien a nuestro medio y que abundaba en las partes donde había mucha agua. De allí la denominación compuesta que termina con la desinencia “y”.

INFORMACIÓN ÚTIL

Para el ingreso al lugar se solicita el pago de G. 10.000 para la limpieza periódica del circuito, un trabajo altamente demandante, y un adicional del mismo monto para el acampe.

Asimismo, antes de viajar se recomienda ponerse en contacto con Cantilicio para el envío de la ubicación desde el sitio mismo, pues al buscar por el GPS por el nombre se produce un error porque el camino que conduce al salto Escondido no figura en el sistema.

Llevar ropa cómoda y calzado adecuado para hacer senderismo.

El número de Cantalicio es el (0984) 740-718. Escribir con anticipación, pues los mensajes pueden tardar horas en llegarle por la escasa cobertura del servicio.

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