- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: Gentileza
¿Habrá alguien capaz de traicionar un pasado personal para construir un futuro colectivo, capaz de traicionar un error para construir un acierto, capaz de traicionar a los suyos para ser fiel a todos?
Corría 2009 cuando el escritor español Javier Cercas (63) escribió sobre “los héroes de la traición”. Aquella idea –que seguramente maduró desde la incertidumbre– la parió y desarrolló en detalle en “Anatomía de un instante”, una exhaustiva investigación periodística que publicó aquel año con la que puso blanco sobre negro los pormenores de la tentativa de golpe de Estado con el que, en febrero de 1981, el entonces coronel Antonio Tejero y un grupo de forajidos atentaron contra la joven democracia española sin éxito.
“Héroes de la traición”, recuerdo haber anotado en una hoja de papel que días después perdí para siempre. Pero aquella idea quedó conmigo. Más aquí en el tiempo, Cercas –unos pocos días atrás, según leo en el diario El País– explica que así categoriza a “un político capaz de traicionar un pasado personal para construir un futuro colectivo, capaz de traicionar un error para construir un acierto, capaz de traicionar a los suyos para ser fiel a todos; y que, además, paga un precio altísimo por hacerlo. (Porque) No hay premio para el héroe de la traición, o al menos no hay premio inmediato, tangible”.
Cercas, con aquel reflexivo texto que releo, ilumina el presente incierto. Edgar Morin (104) –sociólogo, antropólogo, filósofo e impulsor de lo que se conoce como “pensamiento complejo”– recomienda “navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certeza”. Lo escuché con atención y desde entonces atesoro cada una de sus palabras.
CERTEZAS E INCERTIDUMBRES
Corría el pandémico año 2020, cuando estudiaba a distancia con el más que centenario maestro. Recuerdo vivamente aquella clase asincrónica aún disponible en Youtube. “Necesitamos certezas (para) que nos guíen en la vida”, dice frente a una cámara. “Pero (siempre hay un pero) creo que la vida es un viaje a través de un océano de incertidumbre, cruzando islas y archipiélagos de certeza donde recolectamos provisiones para facilitar la navegación”, añade.
“Al nacer –prosigue– no tenemos idea de qué día moriremos. Puede que sepamos que vamos a morir, pero (aun así) sigue siendo un enigma (que se prolonga) a lo largo de nuestras vidas. No sabemos qué enfermedad contraeremos. No sabemos si encontraremos la felicidad en el amor o, por el contrario, la infelicidad. No sabemos qué acontecimientos transformarán nuestra sociedad ni cómo reaccionaremos. Así que (justamente por ello) no podremos escapar de las incertidumbres. (A las que) podemos intentar limitarlas, pero el problema fundamental es saber cómo afrontarlas”.
¡Joder! Nos planta frente a un dilema. Sin anestesia, aunque solidariamente, se ofrece como ejemplo. “Cuando tenía veinte años (recuerda), Francia estaba ocupada por el ejército nazi. (En ese contexto histórico, explica que) hubo resistencia (a esa ocupación y que resistir) era principalmente cuestión de ser joven. Y yo, a los veinte, sentía, por un lado, que quería vivir porque aún no había vivido, pero me decía a mí mismo que quería sobrevivir. (Porque) Vivir (así, oprimidos) no tiene sentido”.
LECCIÓN
Con esa simple reflexión, el otrora veinteañero Edgar Morin comprendió “que, (en aquel momento histórico) se trataba de afrontar la lucha (contra el invasor nazi para), resistir la vida a riesgo de morir (en procura de la libertad)”. Su breve relato autobiográfico concluyó. Abruptamente. No era tiempo de su historia, sino de él y su sentir como parte de aquella historia que también es la suya y la de millones. “Creo que la gran lección –sentencia– es (la de aprender) a afrontar las incertidumbres que siempre encontraremos en nuestro camino”.
JJT –quien se autodefine como “un apasionado por la historia”– señala que “con cada hora que pasa lo incierto gana más y más espacio”. Una decena de ojos hicieron foco sobre él. Los tertulianos y la tertuliana en la nocturnidad de cada “Venĕris dies” o día de Venus, como alguna vez se llamó a los viernes, aguardamos en silencio profundo.
“Si nos atenemos al origen de cada palabra y recodamos que del término latino adventūra deriva la actual palabra aventura y que aquella significa ‘lo que vendrá’... todo parece indicar que… siamo nel forno”, cerró JJT en italiano. Alguna sonrisa produjo su ironía. El silencio vuelve a ganar espacio en esta noche profunda.
METÁFORA
“Si hay una metáfora de Europa hoy es el robo del Louvre (que sucedió el jueves pasado): tenemos la mejor cosa del mundo, pero en siete minutos un ladrón entra y perpetra el robo. Esto es lo que les ha pasado a los grandes valores europeos”, lee DGT con la mirada clavada en la pantalla de su teléfono inteligente. Levanta la vista.
¿Quién lo dice?, pregunto. “Matteo Renzi, ex primer ministro de Italia”. Regresa el silencio que opera como un biombo detrás del que se esconde nuestra incertidumbre. El robo perpetrado a plena luz del día en el que tal vez sea el más famoso museo parisino parece haber lacerado el espíritu europeo. DGT vuelve sus ojos a la pantalla.
“Hay más”, anuncia. La atención corre hacia su lado. Estados Unidos y Rusia “tienen un acuerdo que forjaron en Alaska, y (por ese supuesto, Norteamérica) es la encargada de que (Ucrania) acepte (...) que esta guerra tiene que acabar con la cesión de territorios (porque) si no lo hace, Rusia la destruirá, dice diario El País que dijo Josep Borrell, ex alto representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores”, añadió.
“Todos tenemos incertidumbres”, dijo AO. “Tal cual”, coincidió DGT. “Y, en algunos temas, son diferentes, porque tienen que ver con las épocas, las edades, los deseos e, incluso, los contextos”, añadió JJT.
OPORTUNIDADES
SF, especializado en economía y finanzas, parecía sentirse cómodo con el tema. “Coincido parcialmente con cada uno de ustedes, pero debo fraternalmente advertirles que la incertidumbre, en mi especialidad, a veces se transforma en posibilidades, en oportunidad, para optimizar, por ejemplo, la rentabilidad y… debo decirlo, estos que corren son tiempos oportunos”.
La palabra avanzó más rápidamente que la propuesta vinaria de esta semana. La cata se hacía rogar. Sobre los copones vacíos reclamó nuestra atención AO, cura y jurista. Horas después de regresar de Catalunya, TF descolló con un aporte sorpresivo, tan inesperado como bien recibido.
Claramente comprometido desde décadas con la academia, explicó su aporte con tono doctoral y una botella de Espectacle, un tinto Crianza DO Montsant de 2022. Un intento de aplauso liviano que no recibió con satisfacción “porque me desconcentran en la presentación”, fue previo a un momento de escucha profunda. Así supimos que los copones fueron cargados con “garnacha negra que se gestó y nació en un viñedo poco más que centenario en el noroeste de las serranías del Priorat, que es una comarca distante de Tarragona menos de 50 kilómetros y de Barcelona casi 150”, expresó el amigo.
ALIANZA
Brindamos por las viñas catalanas. Sin embargo, el homenaje fue rápidamente dejado atrás. “Recuerdo que allá por los años 70, en el siglo pasado, me atrapó una historia formidable –de alta ficción, claro– en la que Estados Unidos y Rusia, por entonces soviética, se constituían en alianza para enfrentarse en guerra con unos invasores extraterrestres”, apuntó EZ (92), escritor y en algunos momentos de su larguísima vida, periodista.
“Pese a tener la convicción total de que se trataba de un relato ficcional, poco más de medio siglo después admito que aquel relato me angustió. Tan bien contado, no solo era posible, sino que era creíble”. Lo miramos atentamente mientras catábamos la ofrenda a la amistad con la que nos ofrendó TF. “Uno de los personajes, casi con seguridad, era pariente tuyo”, dijo EZ señalándome y, entre risas, dejó caer un nombre: “Se llamaba Mateo Rivas”.
Aquel recuerdo inesperado fue un estímulo directo a la memoria. A mi memoria. Aquel personaje –cuya edad nunca supe, pero imaginé que se encontraba en las proximidades de la cincuentena– jamás existió. Pero, sin dudas, como héroe ficcional, imaginado por dos grandes creadores de cultura popular como Héctor Germán Oesterheld y Gustavo Trigo, le permitió ocupar un lugar descollante entre los consumos culturales de entonces. Escritor el primero, artista plástico (dibujante) el segundo, cuando apenas superé los 19 me hicieron mirar hacia la Antártida y querer saber más y más sobre aquel continente que aún hoy se presenta como misterioso.
Oesterheld, desaparecido forzado durante la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983) –al igual que casi toda su familia– enorme creador, con aquella propuesta de ciencia ficción, llevó mi curiosidad a niveles que nunca conocí. “La guerra de los Antartes” se llamó aquella historieta de venta masiva devenida en obra de culto medio siglo después.
AMANECER
Reímos con el recuerdo de EZ pero, lo admito, la trama de aquel relato tan incierto (y, para algunos y algunas, tan semejante a la vida diaria en este país) me angustió. La sociedad estaba transversalmente cruzada por múltiples violencias. La esperanza estallaba en pedazos. Era complejo –a veces inconveniente– o, definitivamente, imposible pensar en el amanecer de mañana. Necesitábamos certezas.
“La incertidumbre, no afloja…”, dijo JJT. “Mañana ¡podría ser muy tarde!”, agregó DGT. TF, residente europeo con ciudadanía y papeles en regla desde más de tres décadas, se sabe cerca y lejos de una de las guerras que algún estadista de lo efímero asegura haberle puesto fin en un escenario en el que los líderes y lideresas más visibles se muestran muy poco convencidos de las bondades de la paz y demasiado proclives a sumir a la tan maltratada aldea global en más y mayores sufrimientos.
¿Habrá refugios suficientes para todos y todas? Enormes poblaciones, en pocos días, se convierten en montañas de escombros. Jardines de infantes son blancos preferentes de drones inteligentes que deciden con IA (inteligencia artificial) a quiénes habrán de asesinar y a quienes les permitirán vivir, tal vez, un poco más. Los carteles del narcotráfico no se detienen. Los mares caribeños se tiñen de sangre. Nadie ni nada parecen aptos ni voluntariosos para detener esas prácticas que algunos juristas tipifican como “ejecuciones extrajudiciales”.
La tertulia se desordena. Superamos la medianoche. El sábado irrumpe sin tocar a la puerta. “Padecemos de violencia descentrada”, opina JJT y agrega que “la sensatez parece haber perdido sentido. Cualquiera puede ser un asesino y llegar lejos porque primeras minorías los apoyan y empoderan para luego ser blancos ellas mismas de persecuciones impiadosas”.
REFLEXIÓN
Juan Manuel Santos, premio Nobel de la Paz 2016 y expresidente de Colombia (2010- 2018), llama a la moderación y exhorta a la reflexión desde el epicentro de la violencia narco y antinarco. “Con la pelea entre el mayor productor mundial de droga y el mayor consumidor (global de drogas ilegales) solo gana el crimen organizado”. ¿Habrá quienes estén dispuestos para escucharlo y actuar? ¿Quiénes aceptarán dar un paso al frente para entrar en la historia como “héroes de la traición”? ¿Habrá espacio para la rebeldía?.
Recuerdo en alta voz que alguna vez también el mismísimo Albert Camus (1913-1960), premio Nobel de Literatura 1957, palabra más palabra menos, se preguntó “¿qué es un hombre rebelde?”. Su respuesta fue tan breve como contundente. “Es un hombre que dice no”.
Los relojes marcan las 4 del nuevo día. Comienza a clarear. Una calandria canta desde lo más alto de una magnolia que planté cuando comenzaba la última década del siglo pasado. OA, desde la pantalla de su móvil, lee para todos. “La victoria más difícil es la victoria sobre uno mismo”, dijo Aristóteles.
Releo a Cercas en el diario El País: “Desengañémonos, nunca ha habido muchos políticos capaces de poner el interés general por encima del particular, porque los políticos no son diferentes de los demás seres humanos, y hay pocos seres humanos capaces de hacer una cosa así”.