Una especialidad que tiene gran reconocimiento en el país y entre los turistas extranjeros es la talla en madera, que tiene en esta bella ciudad del departamento de Cordillera a reconocidos artesanos en la materia. Piden que se incentive el turismo para dar mayor oportunidad de exhibir sus creaciones. Aquí un recorrido por sus vidas y obras.

El colorido invita a que­darse en la esquina de la casa taller de José Escobar, el primer sitio al que se accede trepando la ruta desde San Bernar­dino. Principalmente loros y guacamayos, pero también mainumbys y otros pajarillos destacan colgados. También, ya en una mesa, están dis­puestos algunos pomberos, las chiperas, los músicos y las populares tallas de Luis Alberto del Paraná.

“A la gente le gustan por suerte”, dice José y abre una sonrisa para contar que comenzó en este ofició allá en su Itaguazu natal siguiendo el ejemplo de su padre.

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La compañía de Altos es famosa por las festividades de San Pedro y San Pablo que se desarrollan entre el 28 y 30 de junio y congrega una verda­dera multitud que disfruta de los Kamba Ra’ãnga, los hom­bres que se disfrazan usando máscaras.

“Mi papá tallaba máscaras para la fiesta, aunque en reali­dad ya mi abuelo lo hacía”, dice el artesano que, cumpliendo una tradición familiar, conti­nuó la herencia en su hijo José Gabriel, a quien se ve traba­jando en el taller.

Cuenta que en ese entonces las máscaras se hacían solo para la fiesta y que no se pensaba en comercializarlas. “Cuando alcancé los 13 años ya las hacía bien, imitando a mi hermano mayor y a mi papá y me decía que algún día las iba vender”.

Cuando tuvo 20, cargó unas cuantas en un bolso y se fue a un negocio cerca del Mercado 4 en Asunción y consiguió ven­der unas pocas.

Cumpliendo una tradición familiar, José Gabriel Escobar heredó el oficio de artesano de su padre

ALIENTO

Cuenta que fue el reconocido ambientalista Óscar Rivas quien lo alentó en la tarea. “Fui a trabajar con él como secreta­rio y lo invité a la fiesta de Ita­guazú y le gustó mucho. Tanto que me pidió que le hiciera máscaras y se las vendiera y, bueno, así fue que comencé. Después ya me organizó una exposición y le fuimos mos­trando la artesanía a artistas importantes como Herman Guggiari y Carlos Colombino y así le fue gustando a la gente, a los extranjeros”, comenta.

Luego de las máscaras, la curiosidad lo hizo encontrar en una revista cómo en el extran­jero tallaban pájaros, cuestión que se propuso imitar con gran éxito. “Después muchos imita­ron y está bien, siempre que se haga con esmero, porque está el buen profesional y el que quiere plata nomás. Todo lleva su tiempo y su aprendizaje, el arte lleva mucho trabajo. Por ejemplo, la madera de timbó tiene sus secretos. Se tiene que cortar en la luna llena, porque si se corta en la luna nueva le agarra bichito y carcomen la pieza por dentro”, cuenta.

José tallaba en madera de kurupika’y hasta que encontró el timbó que, al ser más liviano, le brindó otras posibilidades de trabajo. Así fue llegando a otros trabajos como santería, la talla de figuras mitológicas como el Pombero, que hoy es uno de sus clásicos.

AMPLIA OFERTA

Las tallas pequeñas tienen pre­cios económicos que van de los 20.000 guaraníes hasta los 100.000 las de mayor tamaño.

José Escobar no está traba­jando por un problema de salud (ver Solidaridad), por lo que José Gabriel, su hijo, está a cargo del taller. Tiene pren­dido un fuego a leña para poner al rojo vivo sus herramientas de pirograbado. Luego aplica un fino hierro caliente sobre la cabecita de una de las figu­ras hasta que consigue que imite un peinado. Luego hace lo propio con las hendiduras de lo que sería el fuelle de un bandoneón, dándole vida a uno de los músicos que inte­gran las bandas Koygua, otra de las ofertas más requeridas del taller de artesanías.

“Turistas lo que tienen que venir, poco y nada nos visitan últimamente”, se queja seña­lando que la gente anda apu­rada y parece no tener tiempo para detenerse en su taller y llevarse un recuerdito de Altos y su particular artesanía.

Juan Ramón Álvarez, artesano especializado en máscaras y en seres mitológicos del folclor nacional

JUAN RAMÓN Y LOS MITOS

Ya en el centro de la ciudad de Altos, está la casa taller de Juan Ramón Álvarez, artesano tallador especializado en más­caras y, especialmente, en los seres mitológicos de la imagi­nería popular paraguaya.

Los siete hijos de la unión entre el espíritu maligno Taú y la bella Keraná, como cas­tigo de Angatupyry (el bien), son los monstruos Teju Jagua, Mbói Tu’î, Moñái, Jasy Jatere, Kurupí, Aoao y Luisón. En ese orden los va quitando de una caja donde los guarda el arte­sano y los dispone para una fotografía.

Álvarez cuenta que inició su camino en la artesanía de ado­lescente con sus primos her­manos que tallaban máscaras, en ese entonces en madera de kurupika’y. “Después llegó el famoso timbó rapó, que es blando y más maleable y con él hacíamos las máscaras para el Kamba Ra’ãnga”, recuerda.

Con el tiempo llegó el reconoci­miento y el andar por los cami­nos del país. “Conozco todo el Paraguay, nos fuimos a todas las ferias que hay en el inte­rior”, recuerda Álvarez, que destaca el especial éxito que tienen las figuras mitológicas con los extranjeros.

“Mucho le vendimos a los ale­manes”, dice mientras mues­tra las particularidades de un simpático Jasy Jatere. “Mis hijos me dicen que deje nomás ya de hacer, pero no puedo dejar el trabajo. Tengo fuerza y tengo salud, enton­ces me animo a hacer”, cuenta. “Mi hijo es el líder de Qmbia Juan, así que ellos se dedican a la música y yo los ayudo un poco”, relata entre risas.

Suele exponer en los grandes centros comerciales de Asun­ción y también en las ferias importantes.

Cuenta que la madera de timbó todavía se consigue en la zona de Loma Grande y en tamaños importantes, lo que le permite moldear piezas de hasta un metro de altura o de largo como un yakaré muy bien logrado que tiene en exhibi­ción. Las vende a precios que van desde los 40.000 guara­níes en pequeño formato hasta las piezas de gran tamaño, que superan el millón de guara­níes.

ALEXIS, EL TALENTO DE ITAGUAZÚ

Con pequeños golpes de gubia, Alexis Escobar le va dando forma a una de las siete cabe­zas de un gigante Teju Jagua que surgió merced a su maes­tría de una raíz de cedro que consiguió en un desmonte cer­cano. Trabaja a cielo abierto, en el imponente entorno de la compañía Itaguazú, que aún conserva el follaje selvá­tico que embellece el paisaje de Altos.

“El Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA) nos suele ayudar con la logística cuando tenemos que exponer afuera, pero nos faltaría un salón para hacerlo de manera per­manente aquí en la ciudad de Altos y que se promueva más el turismo”, desea. “Cuando más gente ve nuestro trabajo, mejor es, se hace el tokorré y nos van conociendo y nos hacen pedi­dos”, esgrime.

Alexis cuenta que lo ayudan bastante las redes sociales para promover su trabajo y que vende mayormente piezas de pequeño formato y recibe encargos de santos, imágenes religiosas, pero también de aves y animales en gran for­mato. A las piezas pequeñas se puede acceder en montos económicos, en tanto que las de gran formato superan el millón de guaraníes.

Para muestra de ello exhibe un surubí gigante que impresiona por su realismo. El artesano cuenta que irá a engalanar uno de los famosos comedores de la zona de Puente Remanso, junto al río Paraguay, en Mariano Roque Alonso.

Escobar es seguidor tam­bién de una tradición fami­liar, ya que sus padres talla­ban máscaras para el Kamba Ra’ãnga. De hecho, él es parte del comité organizador de las festividades de fines de junio.

Alexis Escobar recibe encargos de santos, imágenes religiosas, así como de aves y animales en gran formato

TOQUE ESPECIAL

Desde los 10 años en el ofi­cio, cuenta que las máscaras siguen siendo un buen “caba­llito de batalla” para los arte­sanos y que en el último tiempo decidió darle un toque especial haciendo máscaras de perso­nalidades. “Le hacemos la cara de la gente a pedido y también tenemos de personajes famo­sos, políticos como Horacio Cartes, Fernando Lugo, Calé Galaverna, etc.”, cuenta.

Un Pombero de tamaño natu­ral descansa en un banco en una figura pensada para adornar un patio de grandes dimensiones. “De noche te puede impresionar”, dice entre risas contento con la obra y el impacto en sus observadores.

Hay una virgen de Caacupé de gran acabado y también un yaguareté y dos ñakuru­tús que dan prueba de su ver­satilidad a la hora del tallado.

Cuenta que la formación de los artesanos es otra preocupa­ción y que “se está trabajando en eso con la Ruta de la Arte­sanía. De hecho, hay talleres en varias casas en las compa­ñías y hay varios artesanos trabajando en talla de madera, pero también se hace ñandutí, bijouterie, cerámica y otras cosas. Ojalá se pudiera hacer una escuela, sería bueno”, se entusiasma.

SOLIDARIDAD

El reconocido artesano José Escobar sufrió un infarto hace un tiempo y tiene previsto operarse del corazón próximamente. En la intervención se le colocarían dos stents coronarios que cues­tan 7,5 millones de guaraníes cada uno.

José tiene 7 hijos y casi todos lo ayudan en las tareas del taller. Si bien defienden su día a día con la venta de artesanías, el exce­dente no les alcanza para afrontar los costos de la operación.

“La gente del IPA me ayudó con gestiones ante la Dirección de Beneficencia (Diben) y también se le pidió a Itaipú, estamos esperando, todavía no me comunicaron nada”, relata. “Estoy tomando seis remedios, estoy cada 24 horas y estoy a dieta total, ni aceite, sal, nada”, comenta.

Contactos

José Escobar (0971) 528-758

Juan Ramón Álvarez (0983) 544-645

Alexis Escobar (0986) 740-451

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